Carmen Avilés (Puerto Lumbreras, Murcia, 1993) está viviendo un sueño doble: el suyo y el de su madre, Mari Carmen, que desde pequeña la empujó a vivir del arte. Con tres años la llevaba con ella a su academia de flamenco, Riá Pitá, para que diera sus primeros pasos de baile y con 10 la lanzó a enseñar a las más pequeñas. Por aquel entonces, ya tenía disciplina, pero sobre todo, talento. De su pueblo natal dio el salto, con 18 años, al Conservatorio de Danza Reina Sofía en Granada, después un año a Sevilla y de ahí a Madrid, a seguir aprendiendo y a bailar con los más grandes. Su compañía pone cara, cuerpo y alma a sus espectáculos, como Carmela, el que está ahora rodando por España y que no para de darle alegrías. Joaquín Cortés le dio una oportunidad en Esencia y Nacho Cano, en Malinche, pero por si a alguien no le sonaba su cara, a principios de 2024 protagonizó, enfundada en un vestido diseñado por Leandro Cano, el anuncio de Cruzcampo que recreaba a Lola Flores y en el que ella daba vida al arquetipo de flamenca. Esta entrevista se lleva a cabo muy cerca de Amor de Dios, una de las escuelas de flamenco más importantes del mundo, donde Carmen aprendió con algunos de los mejores, como Pedro Córdoba, David Paniagua o José Maya, el significado del sacrificio en el baile mientras trabajaba de camarera o de lo que tocara. En Amor de Dios grabó, ataviada con chándal y tacones —“como ensayamos todos”—, los vídeos de sus ensayos que se convirtieron en virales. Ahora, ese look se ha convertido en su uniforme, aunque cuando le toca comprar trajes y batas de cola se pierde en Wallapop: “Me lo paso pipa rebuscando… Encuentras verdaderas joyas”. Pertenece a una nueva ola de artistas que está revolucionando el cante y el baile, que difumina los límites del flamenco mezclándolo con electrónica o reguetón, que usa Instagram como altavoz o que capea en redes sociales, y con soltura, el halago y el hate —del que incluso ella a veces no se libra—. Nada que, a su manera, no hicieran antes Camarón, Morente, la Niña de los Peines o Carmen Amaya, su gran inspiración. Pregunta. Comenzó a caminar con los zapatos de flamenca puestos gracias a su madre. ¿Por qué quiso que se dedicara a esto? Respuesta. Creo que en mi caso cumplimos el tópico de la madre que quería ser artista y al final consigue su sueño a través de su hija. La mía se casó muy jovencita con mi padre y se quedaron en el pueblo, así que desde pequeña llevo escuchándola decirme: ‘cuando seas mayor tienes que ir a Madrid a bailar a las compañías y viajar por el mundo’. En el ámbito del arte es un poco complicado que tus padres te empujen a seguir esta carrera, pero yo he tenido el apoyo total de los míos. P. En la academia de su madre era alumna y profesora de flamenco. ¿Cuándo decidió que tenía que dar el salto a estudios más profesionales? R. Empecé a bailar con tres años y medio y a los 10 ya enseñaba a niñas pequeñas. Era muy estudiosa del baile pero cuando cumplí los 16 ya me di cuenta de que quería estudiar fuera, y mi madre empezó a traer maestras tituladas de Murcia para prepararme para el conservatorio y que aprendiera a bailar danza clásica y contemporánea, porque yo solamente sabía bailar el flamenco que me había enseñado ella. P. Ella fue autodidacta, la primera artista de la familia… R. Tiene mucho arte. Hizo algún curso en Almería, pero todo es innato. Yo llevo viendo desde pequeña cómo organizaba los espectáculos, cómo recitaba, cómo diseñaba el vestuario… Yo tengo eso interiorizado, por lo que para mí es fácil idear mezclas de todo tipo porque siempre lo he hecho con mi madre. P. ¿Y qué aprendió del paso por los Conservatorios de Granada y de Sevilla y después por Amor de Dios? R. Mucha disciplina. Que es súper importante. Porque ahora que tengo mi propia compañía, hay cosas que pasan que a mí nunca se me ocurrirían. Por ejemplo, no sé, llegar tarde. O acudir a un ensayo y no llevar castañuelas si te han dicho que las lleves. En las compañías muchas veces valoran mucho más esa disciplina que ser una gran bailarina. Porque si eres buena pero un desastre… P. ¿Cómo se sintió al llegar a Granada, uno de los epicentros del flamenco, con 18 años? R. Tenía muchísimo miedo porque pensaba en la gente con la que iba a estudiar, cómo ellos habían mamado desde pequeños el flamenco en buenas escuelas. Pero entré en primero, y cuando llevaba una semana, me dijo mi maestra que me iban a pasar de curso. Eso me dio un chute de energía y me dije: ‘Carmen, tú puedes’. P. Pero sí que se encontraría con las grandes estirpes...R. En el conservatorio no. Donde creo que sí puede haber es en los tablaos, pero en Granada nunca bailé en tablaos porque me daban mucho respeto. Solo me limité a recibir clases en el Conservatorio, en La Chumbera con Manolete, o con La Repompilla. Hice mi primer tablao en Madrid, en el Candela. Uno de mis grandes miedos es la improvisación en el tablao, y bailar por bulerías es muy difícil. La improvisación se me da fatal porque me pongo muy nerviosa. P. Forma parte de una nueva ola de artistas que está revolucionando el flamenco y que están alcanzando la tarea nada fácil de acercarlo a gente joven, ¿cuál cree que ha sido la clave para conseguirlo? R. Hay artistas, como Rosalía o Yerai Cortés, que están haciendo muchas fusiones con sonidos nuevos, y eso ayuda a que el oído de la juventud, que está acostumbrada a esos sonidos, se pueda interesar un poco. Pero eso no es nada nuevo, cada generación ha introducido cosas. Por ejemplo, Paco de Lucía trajo el cajón al flamenco, que antes no se usaba. A nivel estético también ha existido mucha innovación, por ejemplo cuando Morante se ponía su chupa de cuero y salía al escenario a cantar por soleás. P. Su cuerpo es su gran patrimonio, pero hace unos años sufrió un pequeño accidente doméstico. ¿Cómo se lleva con las lesiones? R. Ahora mismo es mi mayor temor, porque no sabría qué hacer. Afortunadamente en aquella ocasión la recuperación fue rápida, pero lo he vivido hace poco con mi pareja [el cantante y compositor Alejandro Astola], que dos semanas antes de lanzar su gira Mi guitarra y yo se lesionó una muñeca sin saber muy bien qué le pasaba. El otro día ensayando de repente me dio un dolor en la rodilla y sentí pánico. P. Aunque en el flamenco no se somete al cuerpo a disciplinas tan extremas como, por ejemplo, el ballet, ¿cuántas horas ensaya? R. No es tanto la disciplina de ensayo como de dirección. Antes normalmente ensayaba seis horas al día. Y no soy de las que más tiempo emplea. Ahora, si tengo que dirigir, pues a lo mejor estoy tres y el resto hago otras cosas del espectáculo. P. ¿Cómo lleva la gestión como emprendedora? R. Yo soy una curranta y lo he sido siempre. He hecho la gestión de todo sola, y aunque sea duro, también ha sido bonito. He sacado un préstamo para poder pagarlo todo, he hecho los vestuarios, he organizado los ensayos, he hecho la composición musical junto a mi teclista, Webo Rodríguez,... Ahora que me va mejor ya voy a intentar delegar en algunas personas. P. En mayo llenó el Teatro Eslava en Madrid y en octubre vuelve a la Sala La Riviera. ¿Cómo es actuar ante 2.500 personas? R. Estoy abrumada porque soy tan nueva en esto que pensaba que me iba a costar más trabajo reunir a tanta gente. Me da miedo porque nunca he visto un espectáculo de flamenco visual en un escenario tan grande. Me provoca mucho nerviosismo, y quiero estar a la altura. En el estreno lo que más temía era que la gente tenía que estar de pie, pero vi cómo todo el mundo bailaba y cantaba y se lo pasaba muy bien, y de eso se trata. Este espectáculo no está hecho para lucirme yo como bailaora o mostrar el virtuosismo de la danza, es para disfrutar, escuchar y ver un poquito de flamenco y otros tipos de música. P. Ha colaborado con la cantante Ángeles Toledano pero también con artistas tan heterodoxos como Javi Medina y Javi Gabou o Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. ¿Qué le trae de bueno la fusión al flamenco? R. Que viene a verme público de todos los gustos, más variado. No describiría Carmela como un espectáculo de flamenco al uso, porque para empezar no se cantan temas flamencos, son canciones del disco que estoy sacando, y algunas son de pop, de rock, otras llevan un poquito de electrónica. También hay flamenco, claro. P. En el anuncio de Cruzcampo del que formó parte, la imagen recreada por inteligencia artificial de Lola Flores engatusaba con la frase “el acento es tu tesoro, no lo pierdas nunca”. ¿Cuál es su tesoro? R. Yo creo que es la humildad y la sencillez. No fliparme, que no se me suba el ego a la cabeza y seguir siendo la niña de pueblo que soy. Y tener siempre mis amistades de toda la vida. P. Lola Flores, la auténtica, dijo que quería que la enterraran con la bata de cola, pero ahora los códigos estéticos del siglo XXI son otros, y de repente usted baila en chándal. ¿Por qué decidió integrarlo en sus espectáculos? R. En mi vida hubiera pensado que una grabación de un ensayo fuese a tener tanta repercusión. Y eso que en el primer vídeo llevaba uno horrible, muy antiguo. Pero empecé a recibir muchos comentarios buenos, y pensé ‘voy a hacerlo’. Aunque el chándal no es para todos los escenarios ni para todos los espectáculos. Yo sí que hago la mayor parte vestida con uno, pero el otro día actuamos en una casa de un pintor que era muy barroca y llevamos trajes de los años 60. Depende del contexto. P. El flamenco es un mundo muy tradicional también. Usted se ha puesto un chándal y ha funcionado, pero por ejemplo Manuel Liñán se puso una bata de cola y mantón y vivió un linchamiento por parte de algunos sectores. R. Hay muchísima gente que está muy a favor de ver a Manuel Liñán bailar con bata de cola, de hecho no para de llenar, o van a ver a Rocío Molina cómo se desnuda en escena. Luego vemos cómo en redes aparecen ciertos comentarios malos, que aunque a veces son pocos, hacen mucho daño. Ojalá no existieran, porque hacen mucho ruido y aunque sean pocos te fastidian. Por lo general creo que son pocas las personas que piensan así y que tenemos la mente más abierta. A mí también con el chándal me dicen de todo, como ‘baila muy bien, pero qué hortera’. Internet nos ha abierto una ventana grandísima. A mí me han pasado cosas buenísimas, es un gran escaparate para lo bueno pero también para lo malo. CRÉDITOSFotografía Pablo CurtoEstilismo Ángela Esteban-LibreroMaquillaje y peluquería David López (Another. Artists Agency). Manicura Nubia SoachaProducción Cristina SerranoAsistentes de fotografía Sandra Angstadt y David MartínezAsistentes de estilismo Lidia Lara y Adriana GuerraAsistente de producción Marina Marco
Carmen Avilés, bailaora ‘en chándal’: “Rosalía o Yerai Cortés están haciendo fusiones con sonidos diferentes pero eso no es nuevo”
Mucho carisma, mucho talento y muchísimo esfuerzo. A la fórmula para despuntar en un mundo tan exigente como el del flamenco, Carmen Avilés ha añadido el chándal. Y le ha funcionado.








