“A Dora María, una compañera resuelta le trasquiló de dos tijeretazos su hermosa cabellera de combate, para que no se viera que era una mujer con boina negra”. Así describió Gabriel García Márquez en su crónica sobre la Operación Chanchera ―el asalto al Palacio Nacional de Managua, el 22 de agosto de 1978, el golpe con el que el Frente Sandinista de Liberación Nacional aceleró la caída de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua― a la mítica “Comandante Dos” de la revolución, Dora María Téllez, la única mujer que, con 22 años, lideró aquella operación y negoció con el dictador. Al año siguiente, el 19 de julio, la guerrilla entró en la capital.Ahora, 47 años después, aquella “muchacha muy bella, tímida y absorta”, según el Nobel colombiano, vive refugiada en un barrio popular de una ciudad del sur de España que exige no revelar por miedo a represalias del régimen nicaragüense. “Si lo consideran necesario, te mandan sicarios”. No es paranoia. Al menos tres críticos de la pareja presidencial formada por Daniel Ortega y Rosario Murillo fueron asesinados en Costa Rica entre 2022 y 2025 y también hubo un doble intento fallido de homicidio contra un matrimonio opositor.Dora María Téllez recibe a EL PAÍS en una calurosa tarde de verano en el piso modesto en el que vive desde hace año y medio en compañía de su esposa, Ana Margarita Vijil, también encarcelada como ella por la dictadura en 2021, y con quien se casó en Washington cuando ambas fueron liberadas en 2023 tras 606 días encerradas en celdas de aislamiento en la siniestra prisión de El Chipote. La artesanía nicaragüense adorna todo el piso y hay una manta encima del sofá que reza: “Florecerás Nicaragua”.Ambas parecen bien adaptadas a la vida española. Dora ha terminado un curso de fotografía y producción audiovisual este año y Ana Margarita, un máster. “La personalidad andaluza es más cercana a nosotros, hay una cierta identidad común entre Andalucía y Nicaragua, además del idioma, que es esencial, aunque al principio tenía que ponerme subtítulos. Pero ahora ya lo entiendo todo”. A sus 70 años, la exguerrillera, historiadora y doctora honoris causa por las universidades de La Sorbona (París) y Helsinki, nacida en Matagalpa, que fue ministra de Sanidad en el primer Gobierno sandinista, vicepresidenta del Consejo de Estado y diputada, se ha quedado sin nada: sin nacionalidad (ahora tiene la española porque formó parte del grupo de 222 opositores expulsados a Estados Unidos por el régimen a los que el Gobierno de Madrid ofreció la ciudadanía), sin sus propiedades en Nicaragua (ha vivido en 30 casas en los últimos años) y sin pensión.Vive de sus ahorros y de la única ayuda de un subsidio que recibe de Estados Unidos como inmigrante retornada por impartir clases en universidades de allí, pero mantiene intacto el porte militar, la entereza, la lucidez y el sentido del humor. Téllez rompió hace más de dos décadas con Ortega, al que conoció en 1977, y junto a otros sandinistas como el escritor Sergio Ramírez fundó el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ahora conocido como Unamos, del que fue presidenta y ahora militante, y cuyos miembros son perseguidos con obstinación.Pese a todo el sufrimiento, Téllez no guarda rencor, solo pide justicia, y cree que volverá a su país porque el final de la dictadura está cerca. “Están, como dirían los cubanos, tramitando el certificado de defunción. La dictadura está completamente aislada. No tiene alianzas y mantiene una política de detención y persecución sistemática. La semana pasada detuvieron a un obispo y días después cancelaron los títulos profesionales a cientos de abogados y notarios…”.“Además”, continúa, “ahora están ejecutando purgas en las instituciones, la policía y el propio Frente Sandinista. Han metido en la cárcel a un grupo de gente próxima a Ortega. Todo esto ocurre por un proceso de instalación del poder de Rosario Murillo por encima de la lealtad a Ortega”. EL PAÍS contactó de nuevo por teléfono con Dora María Téllez tras el anuncio de Ortega, el 19 de julio, fecha del aniversario de la revolución, de que no habrá más elecciones en Nicaragua.Pregunta. ¿Qué le ha parecido esta decisión? El régimen ya ha había retrasado las elecciones un año, a 2027, tras la reforma constitucional.Respuesta. Se ha convertido en dictador vitalicio. Desde 2006 ha hecho fraude, primero disimulado y cada vez más descarado. Ortega y su mujer, Rosario Murillo, están contra las cuerdas. Por una parte, desafían el orden internacional y al tiempo muestran su debilidad. La dictadura tiene miedo porque está en una crisis terminal.P. ¿Apoyaría una solución como la de Nicolás Maduro?R. Lo que queremos es salir de la dictadura. Si finalmente no hay elecciones libres, solo se estarán apretando la soga que ya tienen al cuello. Hay otra variable a tener en cuenta: la enfermedad crónica y misteriosa de Ortega, que está viejo y es un hombre debilitado. Rosario Murillo no disfruta de cohesión política sobre su figura.P. La suspensión de las elecciones parece un claro desafío a la Administración de Donald Trump.R. Sí, el secuestro de Maduro por fuerzas de EE UU colocó a los Ortega-Murillo en una situación inesperada. Tanto el régimen de Maduro como el de los Ortega estaban completamente convencidos de que eso no iba a suceder. El golpe contra Maduro liquidó esa seguridad. Saben que, si a Trump le parece políticamente beneficioso, podrían sacarlos y de forma mucho más fácil que en Venezuela, con un simple codazo. Sin embargo, cuando el régimen se da cuenta de que está en peligro, frena el flujo migratorio hacia Estados Unidos; lanza el mensaje de que están golpeando al narcotráfico y acepta sin rechistar a los deportados que EE UU les envía. Pero no les va a salir, el deterioro sigue.P. ¿Cómo está viendo la evolución de Venezuela?R. Después de que los intereses petroleros quedaron más o menos bajo resguardo, el país transita con la misma dictadura. Sacaron a algunos presos, abrieron espacio a los partidos políticos, por presión del pueblo venezolano. Ahora que el terremoto ha mostrado el colapso institucional de Venezuela, el pronunciamiento de la Casa Blanca ha sido de respaldo total a Delcy Rodríguez, lo cual es un error porque los venezolanos están enfurecidos. El terremoto de Managua de 1972 fue letal para la dictadura de Somoza, cinco años después entró en una crisis sin remedio. Esas grandes catástrofes cambian la psicología social, como la pandemia.P. ¿Y Cuba?R. Cuba es un desastre. La solución a los problemas la tiene el propio régimen, pero es de una incapacidad y de una insensibilidad espectaculares. Ahora han decidido negociar con Estados Unidos bajo presión, pero el problema es que el Gobierno entienda que con quien tiene que entenderse es con su propio pueblo, pero no lo hace. Prefieren agachar la cabeza ante Trump antes que dialogar con el pueblo al que malgobiernan. Esa es la realidad cubana, venezolana y nicaragüense. Dóciles con el fuerte y crueles con el débil.P. ¿Dónde está hoy la oposición nicaragüense?R. Está básicamente fuera. No hay medios de comunicación ni partidos políticos.P. ¿Cómo es Rosario Murillo?R. Es una mujer temida, tiene la misma configuración tiránica y de falta de escrúpulos que él, con una gracia adicional: es profundamente impulsiva. Es reiterativa: te hace presa, pero no le basta; te aísla, pero no es suficiente; te quita la pensión, pero tampoco es suficiente, pero si no tuvo más remedio que excarcelarte, entonces te confisca, te quita la nacionalidad y así una detrás de otra. Es profundamente peligrosa. La persecución se extiende además a todo tu entorno. Es como la metodología del crimen organizado.P. Vaya final para una revolución.R. Bueno, la revolución terminó en 1990.P. ¿Cómo ve la posición de España en este contexto?R. En los escenarios internacionales, el Gobierno español es bastante claro, pero yo siento que su posición podría ser mucho más fuerte. Creo que tiene una responsabilidad mucho mayor y que pudiera tener iniciativas para unas transiciones democráticas en Cuba y Nicaragua.Dora Téllez reconoce que la cárcel deja secuelas: agotamiento, ansiedad, “episodios de angustia sin saber por qué”. “Me pongo a leer, salgo a caminar, pero el cansancio es lo peor”. Pero no reniega de su vida de revolucionaria. “Nunca me arrepiento de nada. Volvería a recorrer el mismo camino, ajustando algún error que no cometería, pero el mismo camino. Hasta aquí”.Ya es tarde, pero el sol sigue inclemente. Una última pregunta. ¿Qué le diría hoy a aquella chica de 22 años? Dora María Téllez, ahora con el pelo blanco y corto, levanta sus ojos oscuros, piensa un instante y responde con aplomo: “Lo que le decía en la cárcel. No te he fallado. Era una chica rebelde, irreverente, desafiante. Cometí algunos errores en el camino, pero así es el mundo y la vida. La vida es caerte y levantarte, pero no me fallé a mí misma”.