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A contraluzLa dinastía Ortega Murillo controla el poder en Nicaragua a base de terror y muerte.

Durante años, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, recurrieron al expediente de la ficción democrática: fingían elecciones, mientras encarcelaban a sus opositores o los orillaban al exilio y amordazaban a la prensa. Se proclamaban triunfadores de comicios fraudulentos en los que participaban candidatos comparsas. Ahora la dupla de tiranos decidió eliminar las elecciones controladas y se proclama una dictadura en forma abierta y descarada.

Aunque la declaración oficial pareció ser una sorpresa dada el 19 de julio pasado, aniversario de la revolución sandinista, los hechos encadenados permiten ver que este anuncio solo corona un proceso definido desde hace tiempo. En la reforma constitucional que impuso Ortega en 2025 se extendió el mandato presidencial de cinco a seis años, se nombró a su esposa, Rosario, como copresidenta, se eliminó la separación de poderes y ambos se hicieron del control de las fuerzas armadas, Policía y Organismo Judicial. De esa forma se consolidaba una dictadura familiar sin ningún límite.