A pesar de la leve tregua que ofreció la madrugada —donde la bajada de las temperaturas, la reducción del viento y el aumento de la humedad lograron el objetivo crucial de evitar la temida fusión de los frentes de Madrid y Ávila—, la situación sobre el terreno sigue siendo de extrema gravedad. Ante este escenario, la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha establecido un mando unificado para abordar los fuegos de ambas comunidades como un único operativo, una decisión que el general jefe Francisco Javier Marcos define como la mejor estrategia "para gestionar las labores y ganar tiempo" frente a un monstruo que ya ha devorado 25.000 hectáreas. La voracidad de este frente unificado ha desencadenado un éxodo preventivo masivo. En la Comunidad de Madrid, los desalojos alcanzan ya a 35.000 vecinos tras los recientes avisos de ES-Alert en Rozas de Puerto Real y Cadalso de los Vidrios, manteniendo a otras 20.000 personas confinadas. La agresividad del avance es tal que las autoridades han tenido que ordenar la evacuación urgente del propio Puesto de Mando Avanzado de Cenicientos, que previsiblemente se trasladará a Navalcarnero. Por su parte, la provincia de Ávila vive horas agónicas con 38.000 evacuados totales, de los cuales 30.000 corresponden a la reciente orden de desalojo completo del Valle del Tiétar. En el ámbito penal, la Guardia Civil ya ha procedido a la detención de una persona y mantiene a otra investigada como presuntos autores del origen del fuego en Burgohondo por el uso de maquinaria prohibida. La magnitud de la catástrofe ha desbordado cualquier previsión autonómica, activando una respuesta logística de solidaridad nacional e internacional a gran escala. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha confirmado que el dispositivo estatal ya cuenta con la colaboración directa de diez comunidades autónomas, volcadas tanto en las labores de extinción como en el complejo alojamiento de los desplazados. Al mismo tiempo, España ha tenido que recurrir al auxilio exterior a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil. Fruto de esta cooperación, a lo largo de la jornada se espera la incorporación de aviones anfibios solicitados a Grecia e Italia, que reforzarán el ataque aéreo mientras que, por tierra, un contingente de más de 100 efectivos del ejército de Portugal se integrará de forma inminente en la primera línea del frente abulense. Todo este colosal despliegue técnico y humano, enmarcado en lo que la secretaria general de Protección Civil, Virginia Barcones, califica de situación "sin precedentes", opera con una prioridad absoluta e innegociable: ganar la batalla al fuego para salvaguardar las vidas y proteger los núcleos urbanos de uno de los desastres ecológicos y sociales más devastadores de los últimos años. A pesar de la leve tregua que ofreció la madrugada —donde la bajada de las temperaturas, la reducción del viento y el aumento de la humedad lograron el objetivo crucial de evitar la temida fusión de los frentes de Madrid y Ávila—, la situación sobre el terreno sigue siendo de extrema gravedad. Ante este escenario, la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha establecido un mando unificado para abordar los fuegos de ambas comunidades como un único operativo, una decisión que el general jefe Francisco Javier Marcos define como la mejor estrategia "para gestionar las labores y ganar tiempo" frente a un monstruo que ya ha devorado 25.000 hectáreas. La voracidad de este frente unificado ha desencadenado un éxodo preventivo masivo.