En la Nave 0 de Matadero, en Madrid, una imponente lámpara de cuchillos de carnicero gira suspendida en el aire, proyectando destellos rojos y plateados sobre sus muros. Ese resplandor que recorre toda la sala, y que forma parte de la exposición Ofertorio —hasta el 30 de julio—, es la metáfora de nuestro modelo político y económico: la superestructura del espectáculo nos deslumbra para invisibilizar la explotación, el sacrificio de los cuerpos y, en definitiva, la violencia estructural sobre la que se sostiene la maqueta neoliberal.
Esa mirada que escarba bajo capas de barniz social es el sello de Greta Alfaro (Alcoz, Navarra). Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y máster en Fotografía por el Royal College of Art de Londres, la artista navarra combina con habilidad su inspiración en el folklore y el paisaje ancestral con una formación cosmopolita y antropológica.
Ofertorio aborda, desde la industria cárnica, la deshumanización que acompaña al hiperconsumismo, una representación que nos recuerda que el llamado progreso esconde la crueldad tras la publicidad de productos empaquetados con narrativas amables.
La propia artista nos invita a reflexionar sobre esta desconexión: “Si vas al supermercado, te van a vender siempre cerditos felices y cosas dentro de un plástico, de manera que un niño que haya nacido en la ciudad nunca jamás sabrá que ese cerdo no vive en el campo, no se parece al de la foto y vive en una granja hecho mierda”. Con este gesto, Alfaro evidencia cómo la sociedad oculta la violencia en los procesos para vender una ficción libre de culpa.









