En Barra, Gambia, el trasiego de personas que van o regresan a Banjul, la capital del país, en uno de los ferris que salen cada pocos minutos y que atraviesan los casi cinco kilómetros que las separa, es imparable. Sin embargo, detrás de ese bullicio hay otro más sutil y silencioso. En el barrio trasero al puerto, detrás de esas paredes que aún no están alicatadas, se esconde el rumor de la migración. En esta ciudad de casi 6.000 habitantes, separada de la capital por el río Gambia, viven las familias de aquellos que llegaron a Europa, los que perdieron a un ser querido, los que lo intentaron y los que aún mantienen la esperanza de embarcarse hacia Canarias.
De Barra han salido una gran parte de los cayucos que han llegado a Canarias en el último año y en 2025. La intensificación de los controles en Senegal y Mauritania ha desplazado las salidas de la ruta atlántica hacia el sur y ha hecho que Gambia se convierta en un foco importante de partida. Aunque también se producen salidas desde otras localidades como Djinak, unos kilómetros al norte de Barra, de Tanjeh, Kartong o Batokunkula, hasta el momento, Barra sigue siendo un punto de partida muy activo, como detalla Ebrima Drammeh, un activista y defensor de derechos humanos gambiano que hace un registro en sus redes sociales de las embarcaciones que han naufragado o llegado a Canarias.












