Mario S�ez (Texto)Carlos Garc�a Pozo (Fotograf�as)Enviados especiales Sotillo de la Adrada (�vila)Actualizado Domingo,

julio

01:1413 kil�metros separan los municipios de Cenicientos y Sotillo de la Adrada. En el primero, empieza a correr el rumor de que falta poco para que desalojen, mientras que en el segundo los vecinos ya salen de sus casas tras haber recibido el ES- Alert en sus tel�fonos m�viles. All�, el humo ya casi ha consumido todo el cielo. La ceniza cae sobre los hombros de miles de familias que en ese mismo instante pueden ver como su pueblo se suma a la n�mina de los desalojados tras la devastaci�n de los incendios de �vila y la Comunidad de Madrid. Ya suman 30.En el balc�n de una de las viviendas, un hombre se posa sobre la barandilla mientras, con una mirada tranquila, observa la huida de los suyos. "Que nos desalojan por el humo, dicen", murmullan los vecinos arrastrando sus mochilas llenas de lo poco que han decidido llevarse consigo. Los que cuentan con veh�culo propio se lanzan directamente hacia las carreteras que no est�n cortadas y miran como el resto se dirige, maleta en mano, hacia el Ayuntamiento, donde ponen a disposici�n autobuses para evacuar.Entre esa multitud, el alcalde, Juan Pablo Mart�n, trata de calmar a los afectados, colabora en el reparto de mascarillas y recursos, y conversa con EL MUNDO mientras asiste al �xodo de vecinos que va dejando su pueblo vac�o. "Lo que m�s dificulta el desalojo es que las carreteras que van hacia Madrid est�n cortadas. Estamos poniendo autobuses para llevar a la gente hacia Arenas de San Pedro", afirm� desolado tras vivir una situaci�n nunca antes vista en Sotillo. Aun as�, destaca la serenidad con la que se ejecuta la evacuaci�n a pesar de "la inquietud constante" que envolvi� a todos.Ahora, tras nunca haber sufrido una emergencia de este calibre, sobre la sierra vuelan helic�pteros ordenando la evacuaci�n inmediata. Las mascarillas vuelven a convertirse en necesarias mientras la Guardia Civil recorre las calles con los veh�culos oficiales avisando casa por casa de la necesidad de marcharse. Algunos vecinos todav�a levantaban la vista hacia el horizonte esperando que el cielo clarease entre la espesa nube de humo, pero el fuego castiga. La ceniza sigue cayendo sin descanso y termina por te�ir de negro las manos de quienes esperan instrucciones sin saber que es lo que ser� de su pueblo. "Vamos a hacer lo que sea", repet�an.A la salida del municipio, la huida provoca largas retenciones. Cientos de coches quedan atrapados en las carreteras, convertidas en una lenta hilera de veh�culos que trata de alejarse de las llamas mientras otros cientos de personas esperan en la plaza del Ayuntamiento la orden para subir a los autobuses. Desde familias enteras hasta camionetas que transportaban animales. Todos tratan de llegar a cualquier sitio para ponerse a salvo.Pero, a pesar del retrato dibujado sobre las calles de Sotillo, dentro del Consistorio se encuentra la otra cara de la moneda. All�, sentada en el sal�n de plenos, una mujer que decide permanecer an�nima, descansa con las piernas cruzadas viendo las horas pasar. "No, yo no lo abandono. Tengo tambi�n familia y les he puesto un WhatsApp para decirles que yo estoy en el Ayuntamiento. Que no se preocupen por m�", niega rotundamente con la cabeza, acogi�ndose a la patrona de su pueblo. "Yo s� que no va a pasar nada, que est� la Virgen de los Remedios con nosotros y no va a pasar nada". Se niega a ver a su hogar de la infancia convertido en un pueblo fantasma. No contempla que, habiendo pasado 83 a�os de su vida all�, el fuego y el olor a ceniza le obligue a dejar todo atr�s. Debe albergar un sentimiento parecido al de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel D�az Ayuso, que a media ma�ana se desplaza al que es el municipio de nacimiento de su padre para recoger sus pertenencias ante el aviso de desalojo.Mientras los �ltimos autobuses abandonan la plaza, el silencio devora de forma paulatina al ruido de las maletas y de bisbiseo vecinal. Solo quedan los agentes de la Guardia Civil, los voluntarios y algunos efectivos de emergencias, que recorren las calles comprobando que nadie queda atr�s. Detr�s de ellos, las persianas bajadas y las puertas cerradas convierten a Sotillo de la Adrada en un municipio vac�o, suspendido en una espera incierta.Los unos, en direcci�n a Arenas de San Pedro. Los otros, expuestos al fuego que avanza sobre la linde entre Castilla y Le�n y la Comunidad de Madrid. As�, las autoridades terminaron ordenando el municipio de Cenicientos, donde estaba ubicado el Puesto de Mando Avanzado, que hoy amanece en Navalcarnero para seguir coordinando la emergencia.Las miradas al cielo con la esperanza de que el viento cambie y el humo abra un claro sobre la sierra no cesan. Ni siquiera horas despu�s, cuando ya hay quien asume que no dormir� en casa. "Vamos a hacer lo que sea", repite una mujer con la documentaci�n de sus animales bajo el brazo. No puede irse sin ellos.La incertidumbre que devoraba a Sotillo de la Adrada a media tarde ahora la envuelve en silencio. Bastan unas horas para transformar esos 13 kil�metros en humo y ceniza.