En las últimas dos semanas la curva de hectáreas quemadas en España ha dado un salto brusco. No lo han provocado incendios repartidos por toda la península, sino fuegos que se han expandido muy rápido y se han concentrado en zonas muy concretas.No es una tendencia nueva, pero el final de esta semana la ha confirmado. Entre el pasado jueves y el viernes se han declarado cuatro incendios en tres provincias, todos a menos de 40 kilómetros unos de otros: Almorox (Toledo), Burgohondo (Ávila) y San Martín de Valdeiglesias y Villa del Prado (Madrid). El de Burgohondo ha quemado 8.000 hectáreas en menos de 48 horas, hasta casi unirse en un único frente con los demás.Que varios fuegos coincidan tan cerca los somete a las mismas condiciones —calor extremo, humedad baja y viento—, de modo que todos evolucionan de forma agresiva a la vez. “Los incendios no compiten entre sí: interactúan”, resume Ferran Dalmau, ingeniero forestal y consultor. “Por eso es recomendable que se aborden como un complejo de incendios, porque donde sí compiten es por los recursos de extinción disponibles”.A ellos se sumaba otro fuego de estas mismas dos semanas: el de La Mierla, en Guadalajara, estabilizado hace cinco días. Fue uno solo, pero se expandió tan rápido y sobre un territorio tan amplio que, a falta de datos definitivos, todo apunta a que figurará entre los mayores registrados en España.Estos fuegos han elevado el balance de la quincena por encima de las 72.000 hectáreas quemadas en grandes incendios forestales, los de más de 500 hectáreas. Esos catorce días, del 9 al 22 de julio, son la cuarta peor quincena desde 1983, primer año de la estadística oficial con datos comparables. Y esas 72.000 hectáreas superan por sí solas el total anual de 31 de los 43 años de los que hay datos.Encabezan esa lista años que acabaron con cifras récord: 2025, con los incendios de agosto en el noroeste (Zamora, Ourense y León); 1994, con los de julio en el este (Valencia, Aragón y Castilla-La Mancha), y 2022, con el de la Sierra de la Culebra, en Zamora.El siguiente gráfico muestra la rapidez con la que los fuegos de los últimos días han disparado la estadística: el salto que dibuja la línea de 2026 representa esas 72.000 hectáreas, y solo un puñado de años registra un salto tan brusco.No es algo nuevo. El verano pasado fue extremo en la misma línea, con una gran concentración de fuego en pocos días: el 89% de todo lo que ardió en 2025 (359.771 hectáreas) se quemó en una sola quincena, del 8 al 21 de agosto (320.060 hectáreas). Esas dos semanas quemaron más que el total anual de cualquier otro año de la serie histórica, con la única excepción de 1994.Los años con más superficie quemada se reparten por toda la serie: 2025, 1994, 2022, 1985, 1991 y 2012. Pero llegan a ser los peores por dos vías distintas: unos, como 1985, acumulando muchísimos incendios medianos; otros, como 2025, con pocos incendios pero gigantes, de más de 5.000 hectáreas de media.Lo que distingue a los dos grupos es el tamaño de cada fuego. Así lo muestra el siguiente gráfico: el tamaño medio de los incendios ha ido aumentando a lo largo de la serie histórica, construida uniendo la estadística del Ministerio para la Transición Ecológica (1983-2022) con los datos satelitales del programa europeo Copernicus (2023-2026). La tendencia hacia incendios medios más grandes ya se aprecia con los datos del Ministerio, procedentes de las comunidades autónomas, y se confirma con los datos satelitales, más recientes y precisos. Este patrón confirma algo que los expertos alertan desde hace una década: no tanto más incendios en total, sino fuegos más concentrados, de expansión más rápida y más explosivos. En los años ochenta y noventa ardían unos 50 grandes incendios al año; entre 2010 y 2025, unos 26. España tiene hoy la mitad de grandes incendios que hace 40 años, pero cada uno es, de media, más del doble de grande.El fuego de La Mierla, con alrededor de 35.000 hectáreas quemadas, ha sido el que más ha disparado los registros este año. La zona afectada se extiende a lo largo de más de 40 kilómetros y abarca 20.000 hectáreas del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.Si su rapidez ha situado estas semanas entre las peores desde que hay registros, su extensión lo sitúa entre los incendios más grandes jamás medidos en España. Entre los de los últimos diez años, todos medidos por satélite, ocuparía el tercer puesto, a falta de datos definitivos. Comparado con toda la serie histórica, es probable que se sitúe entre los cinco primeros, por delante de las 29.000 hectáreas del incendio de Minas de Riotinto y Berrocal (Huelva y Sevilla, 2004), aunque habrá que esperar a los datos definitivos para confirmarlo.La concentración de incendios que se vive este año fue aún más devastador el año pasado. En 2025 el fuego se concentró en una sola semana de agosto: entre el 8 y el 17, solo en la provincia de Ourense se declararon una decena de grandes incendios —Manzaneda, A Mezquita, Oímbra, A Rúa, A Veiga— que arrasaron más de 130.000 hectáreas. En toda España, pero centrado en Ourense, Zamora y León, ardieron a la vez 40 grandes incendios que sumaron 312.990 hectáreas.Esa concentración de incendios, que este año se repite al sur de Madrid y Ávila, complica el trabajo de los efectivos que los combaten. “Si cuatro grandes incendios requieren simultáneamente decenas de aeronaves, centenares de bomberos forestales, maquinaria pesada y mandos especializados, llega un momento en que los recursos disponibles deben priorizarse”, explica el ingeniero forestal Ferran Dalmau. Funciona como el triaje sanitario: se da atención prioritaria a los núcleos de población, que a menudo carecen de defensas propias. “El Sistema Nacional de Protección Civil está diseñado para responder a este tipo de situaciones: cuando la magnitud supera la capacidad de una comunidad autónoma, pueden incorporarse medios estatales y declararse una emergencia de interés nacional para unificar la dirección”, añade.¿Y en agosto?Julio y agosto concentran el 70% de la superficie que arde cada año en España: son, con claridad, los dos meses clave de la temporada. Los datos de lo quemado hasta ahora apuntan a dos cosas, una negativa y otra más esperanzadora.La primera es que este año ya se han quemado, hasta el 22 de julio, más de 93.000 hectáreas en grandes incendios, según EFFIS (más de 120.000 en total). La cifra, acumulada desde comienzos de año, es casi cuatro veces la media histórica para estas fechas y más del triple de la media de los últimos diez años.La segunda, más esperanzadora, es que la temporada aún puede torcer hacia otro lado: hay agostos moderados. En casi la mitad de los años analizados, el área quemada en ese mes se quedó por debajo de las 10.000 hectáreas, y en 7 de los 43 años, por debajo de las 5.000. Si no hay muchos grandes fuegos en lo que queda de verano, la temporada se cerraría como un año malo, pero lejos del récord.MetodologíaLos datos. El análisis se limita a los grandes incendios forestales, los de más de 500 hectáreas (la definición oficial de "gran incendio forestal"). La serie combina dos fuentes: la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio para la Transición Ecológica para 1983-2022, y el European Forest Fire Information System (EFFIS), del programa Copernicus de la Unión Europea, para 2023-2026. La EGIF se elabora con los partes de las comunidades autónomas y mide superficie forestal; EFFIS cartografía el área quemada por satélite. Ambas fuentes coinciden en el número de grandes incendios, aunque EFFIS tiende a medir algo más de superficie al incluir terreno no forestal. Los datos de 2026 son provisionales y llegan hasta el 23 de julio.Aunque la EGIF arranca en 1968, en los años previos a 1983 el registro son mucho menos completo: casi todos los grandes incendios figuran sin localización (el municipio consta como "Indeterminado"), señal de que el sistema aún no anotaba con fiabilidad cada fuego. Por eso las comparaciones históricas se limitan a 1983-2026. La ventana de 14 días. Para medir no cuánto arde un año, sino cómo de concentrado, se calcula la peor quincena de cada año: el periodo de 14 días consecutivos con más superficie quemada por grandes incendios. Cada incendio se asigna a su fecha de inicio. Así se puede comparar la intensidad de una temporada —cuánto fuego se acumula en pocos días— a lo largo de toda la serie.