Desde que en 2021 Nueva Pescanova anunció la instalación de la primera granja de cría industrial de pulpos del mundo, chocó de frente con la oposición de la comunidad científica y de las entidades de protección animal. La historia del proyecto ha sido, en realidad, una lenta agonía que refleja lo costoso –también para el contribuyente- de tratar de sacar adelante una iniciativa que pone en riesgo a los animales, los ecosistemas y, finalmente, la salud de las personas.
Nueva Pescanova se encontró con un primer revés cuando el Gobierno de Canarias concluyó que la evaluación ambiental simplificada era insuficiente y obligó a someter el proyecto a una evaluación ambiental ordinaria, al apreciarse posibles efectos significativos sobre el medio ambiente. La documentación exigida nunca se presentó y la Dirección General de Pesca de Canarias archivó el expediente al no haber cumplido la empresa con los trámites requeridos. Paralelamente, la Autoridad Portuaria de las Palmas inició el procedimiento de caducidad de la concesión, dando un ultimátum a la empresa para reactivar el expediente o asumir su archivo definitivo. Organizaciones como Compassion in World Farming y AnimaNaturalis, entre otras, impulsaron una campaña internacional, reclamando el cierre definitivo del expediente.











