Si las paredes de la antigua cárcel de mujeres de Alcalá hablasen, podrían contar más de un siglo de historia. Por ella, pasaron las presas más famosas, las delincuentes más reconocibles del siglo XX y, además, la mayoría de luchadoras antifranquistas a partir de los años 50, coincidiendo con el cierre de la cárcel de Segovia. Sin embargo, estos muros, que encapsulan como pueden tales episodios de la memoria femenina, están a punto de colapsar. En los años 80, tras vaciarse por completo de presas, el Estado cedió el edificio a la universidad de la ciudad cervantina, la cual solo tiró abajo una parte del edificio para levantar la facultad de documentación. El resto, como si de una broma pesada se tratara, sigue cayéndose poco a poco ante la atenta mirada de historiadores y archiveros impotentes.
Entre ellos están Pilar Lledó Collada y Fernando García Manzanero, que abren las puertas de la entonces cárcel a elDiario.es. Dicen recibir con los brazos abiertos el nuevo proyecto que se ha anunciado para darle una nueva vida al edificio histórico, añadido en 2023 en la lista roja de patrimonio de Europa Nostra como peligro extremo de pérdida. La idea del Ministerio de Cultura, según anunció hace unas semanas, es levantar en su interior el nuevo Archivo Nacional de Movimientos Sociales. Algo que los historiadores, en cambio, miran con recelo porque es “muy improbable” que culmine: “Esto no se arregla en unos meses”.






