EntrevistaAlfred Ballesteros habló de las consecuencias que podría enfrentar la región si sigue creciendo sin un modelo que proteja el medioambiente.Foro ‘Diálogos para un ordenamiento responsable y sostenible en la jurisdicción CAR’ Foto: CAR CundinamarcaEDITOR GENERAL24.07.2026 22:01 Actualizado: 24.07.2026 22:01
Bogotá y la región vienen creciendo de forma acelerada en los últimos años, lo cual llevó a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) a aprobar un acuerdo que restringe el desarrollo urbano en suelo rural y la expansión desenfrenada, para reducir la presión sobre el medioambiente en los 104 municipios de la jurisdicción. LEA TAMBIÉN En diálogo con EL TIEMPO, Alfred Ballesteros, director de la entidad ambiental, dio detalles sobre la normativa adoptada y la preparación de los municipios de la región frente a emergencias climáticas como el fenómeno de El Niño, en el marco del foro ‘Diálogos para un ordenamiento responsable y sostenible en la jurisdicción CAR’, organizado por la corporación y esta Casa Editorial.Foro de EL TIEMPO y CAR Cundinamarca Foto:el tiempo¿Por qué es importante empezar a hablar de los suelos rurales en los municipios vecinos a Bogotá?Si hiciéramos un diagnóstico de la problemática ambiental del país, encontramos que una de las causas principales es que no fuimos capaces de ordenar ambientalmente nuestro territorio, cuando debimos haberlo hecho, es decir, hace décadas. Por eso, la mayor parte de las afectaciones hoy las tenemos en suelo rural: deforestación ambiental, daños en zonas de páramo, presión inadecuada sobre el recurso hídrico, contaminación, procesos de crecimiento urbano, suburbano y rural sin ningún norte y sin visión de mediano y largo plazo.Eso ha generado una presión sobre los ecosistemas, porque, desafortunadamente, hemos desbordado en muchos lugares de Colombia la capacidad.¿Cuál es el origen de esa situación? ¿Faltaron políticas públicas, conciencia ciudadana, liderazgo político?Todas las anteriores. Debimos entender que ordenar el territorio era fundamental, primero, para evitar que lo ordenaran los tierreros. Eso nos pasó en Bogotá, en Ciudad Bolívar, en Soacha y en algunos municipios de la Sabana, como Chía, donde el 70 por ciento de su crecimiento que hoy es urbano, fue objeto de legalizaciones informales. Es decir, fueron los tierreros los que, a punta de loteos ilegales, definieron hacia donde debía crecer el municipio, sin infraestructura vial, sin dotación de servicios, sin tener en consideración la capacidad de los ecosistemas, sin proteger las zonas de importancia ambiental.Ese espejo de Bogotá se vio en todo el país. Haber ordenado el territorio hace 40 o 50 años hubiera sido clave para alcanzar un desarrollo sostenible y para no estar hoy enfrentando las crisis ambientales que tenemos en varias regiones de Colombia.Sabana de Bogotá Foto:CAR Cundinamarca¿Estamos a tiempo de actuar? ¿Cuál debe ser el horizonte de los municipios, autoridades, comunidades y el sector privado?Como con muchos otros problemas que tenemos en nuestro país, siempre estaremos a tiempo de enderezar el rumbo y de consolidar políticas. Quizás en eso hemos avanzado en los últimos años, pero sobre todo en las decisiones y las acciones que los territorios requieren. Por eso, este acuerdo que aprueba el Consejo Directivo de la CAR y que le permite a los municipios definir unos umbrales más restrictivos para la suburbanización, controlar y poner en cintura el desarrollo de vivienda campestre, es una decisión clara y concreta que el territorio requería hace 40 años. Hoy, es imprescindible ejecutarla en cada uno de los 104 municipios y para que todo el país entienda que el ordenamiento ambiental del territorio es más prioritario, incluso que la ejecución de proyectos y de inversiones focalizadas a atender problemas puntuales. De nada sirve tener recursos para hacer sistemas de tratamiento de aguas residuales a los municipios de la Sabana. Un caso concreto es el de Madrid. Hace 12 años, en mi primera administración, le hicimos la PTAR al municipio que tenía 80.000 habitantes. Por falta de un ordenamiento adecuado de su territorio, llega el alcalde el año pasado a decirme: 'Director, estamos sin tratamiento de aguas residuales'. Y yo le dije: '¿Cómo así? Si hace 10 años hicimos la PTAR con un horizonte de 15 años'. Me respondió que ya no hay 80.000 habitantes; ahora hay 150.000.Esas situaciones nos llevan a concluir que de nada sirve que el Estado haga inversiones en soluciones ambientales puntuales si primero no ordenamos ambientalmente el territorio.Foro ‘Diálogos para un ordenamiento responsable y sostenible en la jurisdicción CAR’ Foto:CAR Cundinamarca¿Cuál es la esencia del acuerdo aprobado por el consejo de la CAR?Esta metodología, que se construyó con el apoyo del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional, es el primer ejercicio con rigurosidad técnica, científica y que de forma objetiva nos va a permitir ordenar las zonas suburbanas y rurales en el departamento de Cundinamarca y en los seis municipios de Boyacá.¿Frenará el crecimiento?En algunos municipios sí, porque el diagnóstico nos dijo que 28 de ellos ya crecieron lo que podían en función de su capacidad ecosistémica. Hay varios, como Chía, Cajicá, La Mesa, Tibacuy, a los cuales el indicador hoy les está dando negativo.No se trata de meternos en la competencia de los entes territoriales y despojarlos de esa autonomía que les dio la Constitución para definir el ordenamiento de su territorio. Se trata de incentivarlos a que, de alguna manera, cambien variables como el índice de disponibilidad de recurso hídrico, el índice de calidad de agua o el número de predios que hoy están dedicados a conservación ambiental.En la medida en que modifiquen estas variables y tengan seguridad hídrica e inversiones en conservación ambiental, la metodología varía y se les liberan áreas para nuevos crecimientos. Queremos llevarlos a que entiendan que el ordenamiento del territorio debe privilegiar la sostenibilidad ambiental, la seguridad hídrica y que, en función de eso, sí puedan crecer cuando hayan mejorado esas condiciones. LEA TAMBIÉN ¿Ese ordenamiento no debe de ser consensuado con los municipios y sus autoridades locales?El ejercicio de concertación ambiental y ajuste de los COT y POT es, precisamente, buscar consensos. Esta metodología la aplica cada municipio con base en estos indicadores y tiene, obviamente, un proceso de concertación. Como es objetiva y con unos parámetros técnicos muy definidos, a algunos sí se les va a convertir en una camisa de fuerza que les va a impedir crecimientos desproporcionados por encima de la capacidad de los ecosistemas.¿Qué estaba sucediendo en el territorio para llegar a estas decisiones?Los estudios que tenemos y que venimos construyendo desde 2024 con universidades y equipos de expertos nos llevan a concluir que el territorio hoy no está preparado para enfrentarse a los retos del cambio climático ni tenemos garantizada la seguridad hídrica. Con tres o cuatro semanas de disminución de lluvias, el 80 por ciento de nuestros municipios entran en racionamiento de agua.Por ejemplo, Anapoima y La Mesa tienen agua solo ciertos días a la semana. Una persona que tiene casa de descanso o que vive allá tiene que contar con tanques de reserva inmensos o comprar semanalmente un carrotanque para poder preparar sus alimentos y atender sus necesidadesNo estamos hablando de suposiciones, no son discursos, son realidades de nuestro territorio. Tenemos más de 26 municipios dentro del índice de alta vulnerabilidad hídrica, es decir, una cuarta parte. Esto nos lleva a sí o sí tener que tomar esta clase de decisiones.Sabana de Bogotá Foto:CAR CundinamarcaSe nos viene el fenómeno de El Niño, una crisis energética, afectaciones al sector agropecuario. ¿Qué advierte y qué recomendaciones hace?El fenómeno de El Niño es consecuencia de la variabilidad que a veces se incrementa por los efectos del cambio climático. Desde 2024 venimos llamando la atención en todo el país acerca de la necesidad de implementar acciones efectivas de adaptación.En la CAR empezamos a ejecutar de la mano con Naciones Unidas una serie de proyectos para restauración de microcuencas, con inversiones de 103.000 millones de pesos. Trabajamos con organizaciones comunitarias y juntas de acción comunal para recuperar las cuencas y adaptarnos a estos fenómenos.Hemos construido más de 3.000 reservorios, que son sistemas de almacenamiento de aguas lluvias en zonas rurales, hemos entregado más de 80.000 kits de aprovechamiento de aguas lluvias, trabajamos con los sectores productivos en economía circular y reúso de aguas y hemos invertido 170.000 millones de pesos para que el embalse del Neusa tenga más capacidad.Pero, tristemente, lo que hemos hecho en Cundinamarca no es suficiente, porque tenemos cerca de una cuarta parte de la población del país. La presión que tenemos sobre nuestro recurso hídrico es altísima. Y también hay que decir con tristeza que en el resto del país no estamos preparados para enfrentar estos eventos, porque las acciones han sido mínimas y han sido más discursos que acciones y hechos concretos.ERNESTO CORTÉS FIERROEditor General de EL TIEMPO@ernestocortes28erncor@eltiempo.com Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








