El cerebro evalúa el costo del esfuerzo y no siempre elige estar ocupado si no hay una ganancia clara (Imagen Ilustrativa Infobae)La gestión del esfuerzo cuestiona una idea muy extendida: que estar siempre ocupado equivale a ser más capaz. Según Psychology Today, permanecer inactivo mientras otros tienen tareas no siempre indica un problema; a veces responde a una evaluación más eficiente de la energía disponible.La cultura contemporánea suele premiar la actividad constante y en especial la multitarea, como si fueran señales de inteligencia. Frente a esa lógica, el texto plantea otra pregunta: si el problema no está en quien se detiene, sino en quien se esfuerza sin una ganancia clara.PUBLICIDADEl principio del mínimo esfuerzo sostiene que personas y animales tienden a elegir la vía más fácil para obtener una recompensa o evitar un castigo (Imagen Ilustrativa Infobae)Un análisis encabezado por la psicóloga Nathalie André de la Universidad de Poitiers propone una nueva mirada desde la neurociencia computacional, que recogió Psychology Today. Su punto de partida es el principio del mínimo esfuerzo: en igualdad de condiciones, personas y animales tienden a elegir la vía más fácil para obtener una recompensa o evitar un castigo.Eso no significa que todo esfuerzo resulte indeseable. El equipo sostiene que hay ocasiones en que ese costo se vuelve aceptable, siempre que produzca resultados proporcionales y permita asignar recursos de manera eficiente para mantener óptimo el estado de los sistemas del cuerpo.PUBLICIDADDesde ese marco, el cerebro lo que hace es evaluar los costos y beneficios para decidir si conviene invertir energía, incluso en actividades exigentes que vistas desde fuera podrían parecer innecesarias.La teoría de la inferencia activa, según expone Psychology Today, plantea que los organismos valoran si ese gasto energético compensa en términos de obtención de información. Si una persona cree que el esfuerzo le aportará conocimiento valioso, tenderá a aceptarlo; si no espera ninguna ganancia, preferirá reservar sus recursos.PUBLICIDADLa neurociencia computacional plantea que el cerebro compara costos y beneficios para decidir cuándo conviene invertir energía (Imagen Ilustrativa Infobae)A partir de trabajos previos del psicólogo de Harvard Roy Baumeister, uno de los coautores del estudio, los investigadores descompusieron el esfuerzo en ocho costos principales. El texto no enumera esa lista, pero sí subraya que cada uno tiene componentes objetivos y subjetivos.Algunos pueden medirse en tiempo o energía corporal. Otros dependen de la percepción individual, aunque el cerebro calcula de forma continua ese balance y orienta la decisión de insistir o abandonar.PUBLICIDADEl ejercicio aparece como uno de los ejemplos más claros. En la teoría del agotamiento del ego asociada a Roy Baumeister, el texto menciona la paradoja de quienes corren maratones y luego salen a beber una cerveza, como si el esfuerzo ya hubiera consumido los recursos de autocontrol y dejara paso a la recompensa.Pero ese mismo esfuerzo físico puede sentirse como un costo bajo si la actividad resulta placentera. El artículo señala que el ejercicio desencadena estados emocionales positivos cuando se ajusta a una intensidad que la persona puede sostener antes de que aparezca el dolor.PUBLICIDADLos estudios con bebés y niños indican que el placer puede seguir a la ganancia de información y que evitar siempre el esfuerzo puede reflejar problemas de adaptación (Imagen Ilustrativa Infobae)Uno de los aspectos más llamativos del enfoque es su aplicación a estudios previos con bebés y niños, según recogió el medio. Esos trabajos sugieren que, incluso en etapas tempranas de la vida, el esfuerzo no se vive como algo aversivo por definición.En uno de esos estudios, niños de seis años sonreían más después de completar una tarea difícil que una fácil. También mostraban sonrisas más amplias cuando la tarea era nueva que cuando se repetía, lo que implicaba un menor esfuerzo.PUBLICIDADComo concluyó el equipo de autores en una cita reproducida por Psychology Today: “Estos hallazgos demuestran elegantemente que el placer sigue la ganancia de información más que el esfuerzo per se”. Los investigadores añaden que el juego que exige esfuerzo constituye un ingrediente básico de las relaciones saludables.Desde esa perspectiva, la pereza o la evitación del esfuerzo no son malas por naturaleza, ni buenas por definición. Todo depende del análisis que cada persona haga cuando debe elegir cómo usar su energía.PUBLICIDADSin embargo, el texto advierte que llevar esta lógica al extremo puede traer problemas. Si alguien nunca se esfuerza, esa conducta puede reflejar dificultades de adaptación más que una administración eficiente de sus recursos. Es por eso que advirtieron que, en estos casos, es esencial contar con la consulta con un profesional de la salud.
Cómo el cerebro decide cuándo vale la pena esforzarse, según 2 expertos
La teoría de la inferencia activa, retomada por un equipo encabezado por la psicóloga Nathalie André, sostiene que personas y animales solo aceptan la exigencia de una tarea cuando esperan obtener conocimiento valioso o una recompensa proporcional






