0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMúsicos y público se conchabaron ayer para llevar el Palau de la Música a su punto de ebullición en un intenso homenaje a Miles Davis en el marco de la gira que Marcus Miller ha organizado para conmemorar el centenario del mítico trompetista. El Festival de Jazz de Barcelona no lo podía dejar pasar. Rendir honores a una de las figuras más influyentes de la música del siglo XX es cosa fina. Y la idea de reunir a los protagonistas de un periodo esencial en la evolución de su sonido –el de la década de los ochenta, cuando regresó de un lustro de ostracismo– iba a tener un efecto apoteósico.El público acabó puesto en pie después de haber glorificado a Miller a lo largo del concierto, haciendo palmas al son de su bajo o alucinando con su endiablado slap, que dejaba notas fantasma. Este gran renovador del bajo eléctrico, el hombre que inyectó en el jazz avanzado de Miles un funk trepidante, ha reunido a aquellos jóvenes en los que el trompetista se apoyó en su regreso a los escenarios. Junto a él brillaban en el Palau el guitarrista Mike Stern, el saxo Bill Evans y el percusionista Mino Cinelu, participantes de aquella aventura de hace cuatro décadas. “Esa es la banda de aquella gira We want Miles!”, dijo Miller abriendo los brazos. Se refería al tour que les llevó a Boston, Nueva York y Tokio en 1981 y que dio lugar a un doble álbum en directo, documento de esa nueva etapa de Miles y cuyo título responde al cántico del público durante los años en que estuvo retirado.“Ya sé, era la incógnita, pero yo sabía quién debía ser el trompeta”, dice Miller al presentar a Russell GunnEn la piel de Miles se puso un inmenso Russell Gunn a la trompeta, el instrumento más comprometido en ese homenaje. “Ya sé, ya sé, era la gran incógnita, pero yo sabía quién debía ser”, confesaba Miller al público. Había echado mano de un cincuentañero con trompeta de sonido épico y forjado en el Nueva York de los 90, tanto con Wynton Marsalis y su Orquesta del Lincoln Center como con la banda del hermano, Branford Marsalis, y su cruce de géneros. Completaba el septeto en el escenario modernista el teclista Brett Williams y el batería Anwar Marshall. Una formación de lujo para recuperar el espíritu de un histórico directo, pero también para recrear otras etapas creativas de un astro en constante exploración que jamás miraba atrás.El trompetista Russell Grunn se puso en la piel de Miles Davis en el Palau de la MusicaMiquel Muñoz / ShootingEl reto de la banda era interpretar ese legado con mirada contemporánea. Desde los sesenta –“Cuando Miles escuchaba a James Brown y Jimi Hendrix y todo el mundo iba colocado; no yo”, dijo Miller, entre risas el público– hasta la que para algunos fue la última obra maestra de Miles Davis: Tutu . Un álbum del 86 que grabó con Warner Bross después de que Columbia hubiera agotado su paciencia al sugerir que quizás estaba demasiado escorado hacia el rock. En aquel homenaje a Desmond Tutu en clave de jazz eléctrico y funk sintetizado, la dupla Miles/Miller ya era indestructible. La alianza había comenzado con The man with a horn (1981), el primer álbum de estudio de Davis en nueve años y su primera actividad tras esa jubilación anticipada.Marcus Miller con el saxofonista Bill Evans, uno de los que formaron parte de la gira We want Miles! de 1981Miquel Muñoz / ShootingEl concierto de ayer comenzaba con 18 minutos de retraso y con It’s about that time, del mítico álbum de jazz fusión In a silent way (1969). Para pasar en un medley a temas del 81: Aida , con Miller dando cuenta de su bajo implacable, deudor de Jaco Pastorius, aunque sustituyendo su lirismo virtuoso por el groove. Y sonaba Fat time , un tema que marcó el debut discográfico de Mike Stern, quien por entonces debía pesar lo suyo, de ahí el apodo que le sacó Miles. Las composiciones del propio Miller para Miles no se hicieron esperar: Catémbe , tema de Amandla (1989) con un rico juego de percusiones mozambiqueñas, y Hannibal , de abrasiva energía acústica.El percusionista Mino Cinelu durante el conciertoMiquel Muñoz / ShootingAhí el concierto viajó a los años de In a silent way , que compuso Joe Zawinul, y Bitches brew , ese “bello accidente”, como lo han calificado los estudiosos de Miles. Por entonces al respetable ya le quemaba el asiento. Faltaba la serpenteante Jean-Pierre. Y un Tutu con el que el Palau se vino abajo.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York
Marcus Miller incendia el Palau en su tributo a Miles Davis
La banda que resucitó al mítico trompetista en los años 80 eleva al público del Festival de Jazz de Barcelona







