EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí. Cuando Alberto Mata dibuja, siente que regresa a un momento feliz, a un instante que va y viene en su cabeza y que no quiere olvidar. “No soy buen dibujante, pero me ayuda a acordarme de cómo fue mi niñez, porque también hubo partes bonitas”, dice. Mata, de 36 años y originario de Michoacán, ha vivido en situación de calle desde los 12 años, después de haberse ido de la casa de sus padres adoptivos por los malos tratos que recibía. Hace poco más de un año, llegó a Mi Valedor, un proyecto que usa el arte como herramienta de inclusión social para personas en situación de calle en la Ciudad de México. Ahí es donde Mata volvió a pintar y espera que pronto sus expresiones artísticas tomen vida en la publicación de un fanzine que titulará A Pata de Perro, aprendiendo a vivir en la oscuridad. Mi Valedor empezó como una revista callejera de fotografía y literatura que retrata la vida en la ciudad. Se vendía de forma ambulante, ahora se vende principalmente en ferias y eventos. Es parte de la Red Internacional de Periódicos Callejeros y ofrece un modelo de autoempleo a personas en situación de vulnerabilidad y en la que también pueden colaborar como autores, ya sea con fotografías o textos. Ahora, además de ser una revista, es un espacio en el centro de la ciudad, en la Colonia Obrera, que brinda talleres de pintura, escritura, fotografía, atención psicológica y en el que las personas que están en calle pueden llegar a descansar, a tomarse un café y comer. “Intentamos que sea un espacio sano que reemplace las dinámicas de la exclusión. Brindamos talleres que les ayuden a recuperar herramientas sociales que fueron perdiendo”, asegura Arturo Soto, director del área social.En Ciudad de México hay 2.878 personas en situación de calle, según cifras de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social (SEBIEN). Un 83% son hombres. La cifra, sin embargo, a Soto no le parece confiable. “Las cifras oficiales no coinciden con la realidad que las organizaciones que trabajamos con esta población observamos todos los días”. Aunque el Gobierno de la ciudad tiene varios programas de albergues o comedores, no son suficientes.A Mata le gusta dibujarse a sí mismo, también dibuja carreteras, montañas y volcanes. Para él, el arte “es la manera de expresar algo que en algún momento de mi vida pasó”. A veces son experiencias buenas, otras no tanto. Durante estos años, cuenta, le ha tocado vivir debajo de un puente, aguantar frío, lluvia, hambre y discriminación. “La Ciudad de México es muy compleja, pero te da experiencias maravillosas que te ayudan en la vida”, asegura. Desde que está en Mi Valedor, hace poco más de un año, ha podido obtener ingresos suficientes para vivir en un hotel donde paga 190 pesos al día (unos 10 euros). “Tengo un cuarto para mí solito”, afirma. Desde los 12 años le han tocado idas y venidas. “Es como por etapas. Cuando he estado muy deprimido, lo que hago es que me voy a la calle, pero cuando he estado bien emocionalmente, me he demostrado la capacidad que tengo. Me gusta tener mi cuarto, tener mis cosas, tener mi cama, pero ha llegado el momento en que lo he vuelto a perder todo por la misma depresión”, asegura. Mata vende revistas Mi Valedor y, al igual que el resto de sus compañeros, las compra en 10 pesos y las vende en 50. También ofrece otros productos como fanzines, bolsas, playeras, gorras. Él es parte del staff, donde recibe una remuneración por su trabajo. Les llaman “valedores” y “valedoras” y actualmente son 72 los que reciben acompañamiento. Las razones por las que llegan varían y las necesidades también. Cada caso es diferente. Hay quienes arriban en busca de ingresos, otros de acompañamiento legal, migratorio, de salud, de vivienda, de ayuda psicológica o simplemente para cubrirse de la lluvia durante el día. “Me gusta mucho pensar que el modelo de Mi Valedor es un modelo de atención para personas que ya están en la calle, pero también es un modelo de prevención. Varios compañeros que estamos acompañando eran personas que cuando llegaron estaban muy cerca de vivir en la calle”, cuenta Soto. Lo que sí tienen en común quienes forman parte del proyecto es su relación con el arte y la participación en los talleres. “Lo que hacemos requiere constancia. Y no necesariamente todas las personas que viven en la calle van a tener las estructuras sociales necesarias para adherirse a esas dinámicas”, asegura Soto. Trabajar con esta población no es siempre fácil. El mayor reto es la intermitencia. Por eso, se esfuerzan para que todas las personas que llegan se sientan bienvenidas. Hay quienes llegan con hijos, otros con mascotas. “Solo se les pide a los beneficiarios presentarse sin estar intoxicados y evitar los altercados de cualquier tipo para permanecer en el espacio”, afirma. Los valedores han participado en exposiciones de arte y fotografía, también han publicado textos en la revista sobre sus vivencias. Algunos, incluso, ya tienen publicados sus fanzines, como Camaxtli Ortiz, de 63 años, originario de Guanajuato. “Es uno de mis orgullos”, cuenta mientras muestra el ejemplar titulado La historia del dios Camaxtli contada por mi abuelo. El fanzine está inspirado en lo que su abuelo le contó sobre la deidad tlaxcalteca y a quien debe su nombre. “Los diseños son hechos por mí; me dio alegría”, asegura. Sentirse en familia Mi Valedor se ha convertido en un hogar para muchas personas en situación de calle. “Es una de mis nuevas familias, donde tengo un trabajo más estable, donde podemos tener muchas oportunidades”, dice Ortiz. Así también lo ve Mary Gálvez, de 29 años, quien hace poco más de un mes recibe acompañamiento. “Yo siempre me la he pasado en fundaciones desde muy pequeña, pero aquí me siento en familia . Si veo trastes sucios, los lavo porque tenemos que ayudar. Entro a las actividades, hablo con el psicólogo, le dije que quiero regresar a la escuela. Me ayuda a integrarme a la sociedad”, afirma. Gálvez vive en situación de calle desde los 16 años. “Hubo cinco años que estuve juntada, dejé la calle, dejé de drogarme, pero llevo cinco meses aproximadamente otra vez en la calle”, cuenta. “Paso aquí todo el día. A las 5 de la tarde voy a la iglesia a escuchar misa. Yo me quedo en Las Conchitas, ese lugar es referente para mí. No te voy a decir que es fácil porque al final del día estás bien aquí, se te olvida un poco lo que vives allá afuera. Aquí lo vienes a olvidar, pero al final del día ves la situación, y si se viene la lluvia, tienes que andar buscando dónde quedarte. Muchas veces la gente te discrimina aunque te vean limpia”, afirma. Por eso, el tiempo que pasa en Mi Valedor trata de aprovecharlo. Para Mata, este lugar es mucho más que un hogar. “Para mí es difícil caminar por la vida sin tener un respaldo como este”, asegura. Fue aquí que logró obtener un documento de identificación oficial y su pasaporte con el que a finales de año espera viajar a Uruguay donde compartirá su experiencia. “Primera vez que voy a viajar, eso es algo grandioso”. Pero de las cosas que más lo emocionan, confiesa, es pensar que en algún momento tendrá en sus manos el fanzine que cuenta su historia. Quiere que sus vivencias y sus dibujos queden plasmados y le llena de orgullo mostrarle al mundo que hay personas como él que “queremos echarle ganas”.
Mi Valedor, el espacio donde personas en situación de calle han encontrado una familia
Un proyecto en Ciudad de México busca a través del arte mejorar la calidad de vida de personas en vulnerabilidad







