Sentado a la mesa de un amplio salón, Héctor Hernández repasa sus notas, preparándose para recibir al público que muy pronto llenará el edificio. Viste un traje gris con el que se enfrenta al calor que arropa al Centro Comunal Antiguo Matadero en La Perla. Estar aquí es, en sí mismo, un gran privilegio, y eso lo mantiene alerta. Nunca en la vida se imaginó haciendo cosas como estas. ¿Cómo iba a imaginarlo? Solía dormir en la calle, cargando una barra de jabón y un cepillo de dientes en los bolsillos. Comía de zafacones y, de vez en cuando, de la bondad de extraños. Quizá no pensó que fuera una historia digna de contarse, pero la vida le demostró lo contrario.Tenía solo 12 años la primera vez que se quedó en la calle. Su madre desapareció un día y lo dejó a su suerte. Aprendió a vivir como pudo. Se fue a Estados Unidos y regresó, y se encontró, otra vez, sin nada. Así se hizo adulto, dormía en casetas que hacía con cartón y caminaba millas larguísimas entre Trujillo Alto y San Juan todos los días para buscar algo de comer. Dice que nunca tuvo vicios, fue un niño al que se le negó una oportunidad real de vida, pero que, sin entenderlo, siguió viviendo, contra todo pronóstico.Un día, motivado por un familiar, llegó hasta el municipio de San Juan en busca de ayuda. Allí, su vida daría un giro monumental. Ayudado por los distintos programas municipales, encontró vivienda y tener una estructura sobre la que poco a poco ha podido edificar una vida digna. Hoy es voluntario en el Centro de Acogida y en la Nueva Casa de San Juan, donde colabora con tareas de mantenimiento y brinda apoyo a otras personas que atraviesan situaciones similares. Es su forma de devolver un poco de la ayuda que él mismo recibió. Héctor es ahora parte de un grupo de personas que ha vivido el sinhogarismo que participan de una iniciativa municipal para ayudar a educar sobre este problema y sus ramificaciones en la ciudad capital. “Sin techo, con historia: un camino entre la vida y el arte” es una nueva exhibición interactiva inaugurada por el Departamento de Desarrollo Social y Comunitario del Municipio de San Juan, una propuesta que reúne obras, música, testimonios y experiencias creadas por personas que un día vivieron en la calle y que hoy se encuentran en procesos de recuperación.La directora del Departamento de Desarrollo Social y Comunitario, Francine Sánchez Marcano, explica que la muestra fue concebida para que el público conozca las historias detrás de quienes, con frecuencia, son reducidos a estereotipos.“Hoy vamos a inaugurar una sala interactiva donde vamos a mirar no solamente el arte en todas sus dimensiones, sino también cómo ese arte refleja la vida de estos participantes que fueron personas sin hogar y ya están recuperadas”, diceLa exhibición se organiza en ocho espacios temáticos. La primera sala presenta retratos e historias de resiliencia; otra explora la música como herramienta de recuperación, invitando al público a integrarse con instrumentos para completar colectivamente las composiciones. También incluye una sala de narrativas personales, una exposición de artesanías y obras creadas por los participantes, un espacio de diálogo directo con ellos, una instalación para intercambiar mensajes de esperanza, la presentación de la Carta de Derechos de las Personas sin Hogar y un documental que recoge sus testimonios.Varios de los participantes de esta nueva iniciativa municipal. (Suministrada)Héctor participa en la exhibición con piezas elaboradas con materiales reciclados, entre ellas un toro y una antorcha creados para actividades organizadas por el municipio. Pero esto es solo una pequeña parte de lo que lo motiva realmente a estar aquí.“Hay mil y una historias diferentes. Estoy representando a cada una de esas personas que hoy luchan y tienen mil y un problemas. Y según me ayudaron, yo creo que yo puedo poner mi granito y ayudar a otros. Si me toca cortar el pasto, yo lo corto, porque así el Centro se mantiene y otras personas al igual que yo pueden recibir los beneficios o los programas y pueden salir hacia adelante”, dice, feliz de devolver aunque sea una pizca de la gracia que le fue concedida.Por su lado, Alberto Balladares, pasó cerca de 25 años viviendo en la calle mientras enfrentaba una fuerte adicción a las drogas. Su cuerpo es un testimonio de su supervivencia y no se avergüenza de demostrarlo: diminutas cicatrices circulares cubren toda su piel, los puntos de entrada y salida de las agujas que casi le hacen perder la vida. El momento culminante llegó, de todos los días, un Viernes Santo. Después de pasar horas tratando de juntar dinero suficiente para pagar la “cura” del día, se encontró con el punto de drogas cerrado.“¡Me salieron cristianos los del punto!”, recuerda ahora, riendo. Pero en ese momento, su cuerpo tenía una dependencia terrible y no poder conseguir las drogas le causaba una agonía física terrible. Así que decidió allí y entonces que esto tenía que acabar. Ingresó a programas de desintoxicación y rehabilitación y ahora, lleva la cuenta exacta de años, meses y días que lleva sin consumir sustancias. “Estoy aquí para dar el ejemplo de que sí se puede”, sostuvo.Actualmente trabaja para reabrir un pequeño negocio, ofrece charlas de prevención y acompaña a personas que aún viven en la calle, compartiendo orientación y su propia experiencia de recuperación.“Para atrás no quiero ir por nada”, afirmó. “Antes me levantaba en pérdida, ahora me levanto en ganancia”. Balladares incluso bromea con que la obra más importante de la exposición que puede presentar es a sí mismo. “La mejor pieza de todas soy yo”, dijo entre risas, al explicar que su transformación personal representa el verdadero resultado del proceso que ha vivido.Para Sánchez Marcano, historias como las de Hernández y Balladares reflejan una realidad que ha cambiado significativamente en los últimos años.“El rostro de la persona sin hogar ha cambiado”, señaló. “Tenemos familias con niños que se quedan sin techo, mujeres sobrevivientes de violencia de género, adultos mayores abandonados o cuyo ingreso ya no les permite costear una vivienda”.La funcionaria indicó que el municipio mantiene diversos programas dirigidos a esta población, entre ellos un albergue de emergencia para hombres, viviendas transitorias, servicios para adultos mayores y brigadas de alcance comunitario que recorren diariamente las zonas con mayor concentración de personas sin hogar.“Cuando trabajamos en este compromiso municipal no lo estamos mirando desde la lástima, los estamos mirando a ellos como seres dignos, como seres con derechos y, sobre todo, con la esperanza de la recuperación”, expresó.“La inclusión social no puede quedarse en un discurso”, comentó el alcalde Miguel Romero en expresiones escritas. “Tiene que convertirse en experiencias que nos permitan mirar de frente realidades que muchas veces pasan desapercibidas. Esta exposición nos invita a conocer la historia detrás de cada persona, a reconocer su dignidad y a entender que, cuando un gobierno crea oportunidades y trabaja junto a las comunidades, es posible transformar vidas”.
Mil y un problemas, mil y una historias: nueva exhibición busca educar sobre el sinhogarismo en San Juan
La exhibición presenta las obras y los testimonios de personas que vivieron en la calle y hoy utilizan la creatividad para inspirar esperanza y combatir el estigma









