Andrés Saborido | Málaga (EFE).- Con la ciudad como escenario, haga un sol radiante o llueva, la vida de los que hacen arte en la calle reúne un abanico de historias diferentes, que van desde el joven que acaba de terminar sus estudios hasta quien viaja desde otro país a sus 65 años para ganarse la vida en España.
El esfuerzo de estos artistas para salir adelante, algunos con el necesario permiso municipal y otros no -lo que les enfrenta a posibles sanciones-, hace que sea posible disfrutar de bonitos espectáculos en cada rincón de las ciudades, sobre todo en las más turísticas, como es el caso de Málaga.
Gaspar Hernández, cubano de 65 años, lleva solo un mes en España y veinte días tocando y cantando, su labor es generar un ambiente de «diversión, entretenimiento y alegría en las calles».
Un saxofonista callejero cerca de un centro comercial en el centro de Málaga. EFE/Jorge Zapata
Del «trovador» al estudiante








