Durante una contingencia ambiental, un incendio forestal o un día con concentraciones elevadas de partículas, el aire exterior puede ser peor. Así ocurrió durante los días previos a la final del Mundial 2026, cuando el humo de los incendios forestales en Canadá cubrió parte de Nueva York y Nueva Jersey. La recomendación inmediata fue reducir las actividades al aire libre y cerrar las ventanas.Pero eso abre otra pregunta: cuando entramos a casa para protegernos del aire de la calle, ¿estamos seguros de que el aire interior es mejor? La respuesta es: depende.Porque cuando cocinamos, utilizamos estufas o calentadores, encendemos velas, aplicamos insecticidas, limpiamos con aerosoles o permanecemos durante horas en un espacio mal ventilado, algunos contaminantes pueden alcanzar concentraciones mayores dentro de nuestra propia casa.Y aquí un punto importante: el aire que más respiramos no está en la calle, está en interiores.Se estima que pasamos cerca del 90 % de nuestro tiempo en interiores. Además, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos señala que las concentraciones de algunos contaminantes pueden ser entre 2 y 5 veces mayores dentro de los edificios, casas u oficinas que en el exterior.Esto no significa que todas las casas estén fuertemente contaminadas. Significa algo más sencillo: una casa no es una burbuja.La contaminación exterior puede entrar por puertas, ventanas, grietas y sistemas de ventilación. Pero adentro también generamos partículas y gases al cocinar, utilizar estufas o calentadores, fumar, encender velas o incienso, aplicar insecticidas, pintar, limpiar o poner muebles nuevos. Si no conseguimos extraer o eliminar esos contaminantes, pueden acumularse.Un espacio puede verse limpio, moderno y seguro y, aun así, no tener un aire saludable. Las partículas más pequeñas no se ven; el monóxido de carbono no tiene color ni olor; el moho puede ocultarse detrás de una pared y una habitación mal ventilada puede parecernos normal porque nos acostumbramos a ella.Un espacio interior con mala calidad del aire puede asociarse con alergias, síntomas respiratorios, dolor de cabeza y fatiga. Pero sus efectos pueden ir más allá. Investigaciones del programa Healthy Buildings de Harvard han encontrado que mejores condiciones de ventilación y menores concentraciones de algunos contaminantes se asocian con mejor desempeño cognitivo. El aire de una oficina o un salón de clases no solo puede afectar cómo respiramos: también puede influir en nuestra concentración, aprendizaje y capacidad para tomar decisiones.Entonces, ¿qué podemos hacer?Primero, reducir la contaminación que generamos dentro. No fumar y evitar velas, incienso, aromatizantes y productos de limpieza innecesarios como lo describo en otra columna titulada Y tú, ¿limpias o contaminas tu casa?. Cuando se tenga que utilizar estos últimos, conviene seguir sus instrucciones y ventilar durante y después de su uso. Algunos productos y sprays pueden liberar sustancias que irritan las vías respiratorias y provocan dolor de cabeza, mareo o fatiga.Segundo, reducir los contaminantes desde donde se generan. Por ejemplo, al cocinar, lo mejor es utilizar una campana de extracción que expulse el humo al exterior. Si no contamos con ella, podemos abrir puertas y ventanas para favorecer la ventilación cruzada, siempre que la calidad del aire exterior y la temperatura lo permitan. El boiler y otros equipos de gas deben permanecer fuera de las áreas comunes o tener una salida adecuada para los gases de combustión. Con ello, reducimos la acumulación de contaminantes en el interior.Tercero, ventilar inteligentemente. Abrir ventanas en lados opuestos suele renovar mejor el aire que abrir una sola ventana. Pero ventilar no significa mantener todo abierto siempre. Durante una contingencia ambiental, un incendio forestal o un episodio de calor extremo puede ser necesario limitar la entrada de aire exterior.Cuarto, filtrar o purificar. Un purificador con filtro HEPA, adecuado para el tamaño de la habitación, puede reducir PM2.5, polen, polvo, humo y aerosoles respiratorios suspendidos en el aire. Algunos equipos comerciales tienen también filtro de carbón activado, que puede disminuir algunos gases, olores y compuestos orgánicos volátiles; pero su eficacia depende del tamaño y de que el filtro se reemplace oportunamente. Esto puede resultar especialmente útil para niñas y niños, personas mayores y quienes viven con alergias, asma o enfermedades cardiacas y pulmonares.La exposición a partículas finas se ha relacionado con efectos respiratorios, cardiovasculares y, a largo plazo, con mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Por lo tanto, purificar el aire de partículas puede disminuir el riesgo de desarrollar estos efectos.Adicionalmente, la purificación del aire también puede reducir aerosoles que transportan virus respiratorios, como los que nos enferman de influenza o COVID. Combinada con una ventilación adecuada, puede disminuir la exposición y la probabilidad de contagios.Durante mucho tiempo se popularizó la recomendación de salir de la ciudad o irse al campo para respirar aire más limpio. El consejo podía tener sentido, pero para la mayoría de las familias era poco realista. No podemos mudar nuestra casa, la escuela de nuestros hijos o nuestro trabajo cada vez que aumenta la contaminación.Sin embargo, hoy podemos crear un espacio con aire más limpio dentro de una recámara, un salón de clases o una oficina. Un purificador no convierte una casa, una oficina, un aula u otro interior en una burbuja ni elimina todos los contaminantes, pero puede reducir considerablemente las partículas si es adecuado al tamaño de la habitación, permanece encendido el tiempo suficiente y se reemplaza el filtro en caso necesario.Un purificador no debe elegirse solamente por la marca: hay que revisar qué filtra, para qué tamaño de habitación fue diseñado y qué tipo de filtro tiene. Filtrar ayuda, pero modificar algunas de nuestras actividades para reducir la contaminación en interiores también es importante.Mejorar un espacio cuesta, pero también cuesta no hacerlo. Una mala calidad del aire puede contribuir a enfermedades, menor concentración y pérdida de productividad. En las escuelas puede afectar el aprendizaje; en las empresas, el desempeño; y en los hospitales, el bienestar de pacientes y trabajadores. Mejorar la ventilación, la extracción, la filtración y el mantenimiento no debe verse únicamente como un gasto: es una inversión en salud, talento y productividad.No podemos controlar todo el aire de la ciudad, pero sí podemos tomar mejores decisiones sobre el aire de los espacios donde pasamos la vida.¿Qué medidas adoptarás para hacer de tus espacios lugares más saludables para ti y tu familia? La prevención también se diseña, se ventila y se construye.Doctor en Toxicología por el CINVESTAV y Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de HarvardConsultor en Epidemiología Ambiental y Salud Pública.X @MarcoSanchezGueÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
¿Está más contaminado el aire de tu casa o el de la calle?, escribe Marco Sánchez Guerra
Durante una contingencia ambiental, un incendio forestal o un día con concentraciones elevadas de partículas, el aire exterior puede ser peor. Así ocurrió durante los días previos a la final del Mundial 2026, cuando el humo de los incendios forestales en Canadá cubrió parte de Nueva York y Nueva Jersey. La recomendación inmediata fue reducir las actividades al aire libre y cerrar las ventanas.Pero eso abre otra pregunta: cuando entramos a casa para protegernos del aire de la calle, ¿estamos seguros de que el aire interior es mejor? La respuesta es: depende.Porque cuando cocinamos, utilizamos estufas o calentadores, encendemos velas, aplicamos insecticidas, limpiamos con aerosoles o permanecemos durante horas en un espacio mal ventilado, algunos contaminantes pueden alcanzar concentraciones mayores dentro de nuestra propia casa.Y aquí un punto importante: el aire que más respiramos no está en la calle, está en interiores.Se estima que pasamos cerca del 90 % de nuestro tiempo en interiores. Además, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos señala que las concentraciones de algunos contaminantes pueden ser entre 2 y 5 veces mayores dentro de los edificios, casas u oficinas que en el exterior.Esto no significa que todas las casas estén fuertemente contaminadas. Significa algo más sencillo: una casa no es una burbuja.La contaminación exterior puede entrar por puertas, ventanas, grietas y sistemas de ventilación. Pero adentro también generamos partículas y gases al cocinar, utilizar estufas o calentadores, fumar, encender velas o incienso, aplicar insecticidas, pintar, limpiar o poner muebles nuevos. Si no conseguimos extraer o eliminar esos contaminantes, pueden acumularse.Un espacio puede verse limpio, moderno y seguro y, aun así, no tener un aire saludable. Las partículas más pequeñas no se ven; el monóxido de carbono no tiene color ni olor; el moho puede ocultarse detrás de una pared y una habitación mal ventilada puede parecernos normal porque nos acostumbramos a ella.Un espacio interior con mala calidad del aire puede asociarse con alergias, síntomas respiratorios, dolor de cabeza y fatiga. Pero sus efectos pueden ir más allá. Investigaciones del programa Healthy Buildings de Harvard han encontrado que mejores condiciones de ventilación y menores concentraciones de algunos contaminantes se asocian con mejor desempeño cognitivo. El aire de una oficina o un salón de clases no solo puede afectar cómo respiramos: también puede influir en nuestra concentración, aprendizaje y capacidad para tomar decisiones.Entonces, ¿qué podemos hacer?Primero, reducir la contaminación que generamos dentro. No fumar y evitar velas, incienso, aromatizantes y productos de limpieza innecesarios como lo describo en otra columna titulada Y tú, ¿limpias o contaminas tu casa?. Cuando se tenga que utilizar estos últimos, conviene seguir sus instrucciones y ventilar durante y después de su uso. Algunos productos y sprays pueden liberar sustancias que irritan las vías respiratorias y provocan dolor de cabeza, mareo o fatiga.Segundo, reducir los contaminantes desde donde se generan. Por ejemplo, al cocinar, lo mejor es utilizar una campana de extracción que expulse el humo al exterior. Si no contamos con ella, podemos abrir puertas y ventanas para favorecer la ventilación cruzada, siempre que la calidad del aire exterior y la temperatura lo permitan. El boiler y otros equipos de gas deben permanecer fuera de las áreas comunes o tener una salida adecuada para los gases de combustión. Con ello, reducimos la acumulación de contaminantes en el interior.Tercero, ventilar inteligentemente. Abrir ventanas en lados opuestos suele renovar mejor el aire que abrir una sola ventana. Pero ventilar no significa mantener todo abierto siempre. Durante una contingencia ambiental, un incendio forestal o un episodio de calor extremo puede ser necesario limitar la entrada de aire exterior.Cuarto, filtrar o purificar. Un purificador con filtro HEPA, adecuado para el tamaño de la habitación, puede reducir PM2.5, polen, polvo, humo y aerosoles respiratorios suspendidos en el aire. Algunos equipos comerciales tienen también filtro de carbón activado, que puede disminuir algunos gases, olores y compuestos orgánicos volátiles; pero su eficacia depende del tamaño y de que el filtro se reemplace oportunamente. Esto puede resultar especialmente útil para niñas y niños, personas mayores y quienes viven con alergias, asma o enfermedades cardiacas y pulmonares.La exposición a partículas finas se ha relacionado con efectos respiratorios, cardiovasculares y, a largo plazo, con mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Por lo tanto, purificar el aire de partículas puede disminuir el riesgo de desarrollar estos efectos.Adicionalmente, la purificación del aire también puede reducir aerosoles que transportan virus respiratorios, como los que nos enferman de influenza o COVID. Combinada con una ventilación adecuada, puede disminuir la exposición y la probabilidad de contagios.Durante mucho tiempo se popularizó la recomendación de salir de la ciudad o irse al campo para respirar aire más limpio. El consejo podía tener sentido, pero para la mayoría de las familias era poco realista. No podemos mudar nuestra casa, la escuela de nuestros hijos o nuestro trabajo cada vez que aumenta la contaminación.Sin embargo, hoy podemos crear un espacio con aire más limpio dentro de una recámara, un salón de clases o una oficina. Un purificador no convierte una casa, una oficina, un aula u otro interior en una burbuja ni elimina todos los contaminantes, pero puede reducir considerablemente las partículas si es adecuado al tamaño de la habitación, permanece encendido el tiempo suficiente y se reemplaza el filtro en caso necesario.Un purificador no debe elegirse solamente por la marca: hay que revisar qué filtra, para qué tamaño de habitación fue diseñado y qué tipo de filtro tiene. Filtrar ayuda, pero modificar algunas de nuestras actividades para reducir la contaminación en interiores también es importante.Mejorar un espacio cuesta, pero también cuesta no hacerlo. Una mala calidad del aire puede contribuir a enfermedades, menor concentración y pérdida de productividad. En las escuelas puede afectar el aprendizaje; en las empresas, el desempeño; y en los hospitales, el bienestar de pacientes y trabajadores. Mejorar la ventilación, la extracción, la filtración y el mantenimiento no debe verse únicamente como un gasto: es una inversión en salud, talento y productividad.No podemos controlar todo el aire de la ciudad, pero sí podemos tomar mejores decisiones sobre el aire de los espacios donde pasamos la vida.¿Qué medidas adoptarás para hacer de tus espacios lugares más saludables para ti y tu familia? La prevención también se diseña, se ventila y se construye.Doctor en Toxicología por el CINVESTAV y Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de HarvardConsultor en Epidemiología Ambiental y Salud Pública.X @MarcoSanchezGueÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.








