Por Bárbara Agelvis Maza |

Caracas (EFE).- Entre túneles abiertos bajo los escombros, altares improvisados sobre el hormigón y el rastro de cuerpos rescatados que la burocracia perdió en el caos, los familiares de víctimas del doble terremoto de hace un mes en Venezuela siguen buscando a los suyos, exigen a sus muertos y se niegan a dejarlos atrás.

Usando el rastro que dejan las moscas, grupos de ciudadanos equipados con picos, palas y herramientas de protección -o sin ellas- cavan túneles entre las montañas de escombros de los edificios de una urbanización construida por el Gobierno en la localidad de Caraballeda del estado costero La Guaira, el más devastado por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio.

En uno de ellos un hombre asegura haber detectado un golpe como señal de vida la noche del miércoles, lo que ha provocado un despliegue de voluntarios con bomberos y ambulancias a la espera de esa posibilidad.

Rastreando señales de vida