No hay tregua en la guerra arancelaria que el presidente estadounidense, Donald Trump, emprendió desde que llegó a la Casa Blanca. Su última amenaza se constató esta semana con el anuncio de un gravamen del 10% a las importaciones de bienes con trabajo forzoso. Una decisión que aplicará a la UE y ante la que Bruselas se resigna. La Comisión Europea descarta tomar medidas de represalia contra Washington y acepta, con una valoración positiva, que esa tasa cumpla con los estándares fijados en el acuerdo comercial sellado en julio del año pasado en Escocia entre Bruselas y Washington.El Ejecutivo comunitario ha indicado que toma nota de la decisión de la Casa Blanca de imponer tasas aduaneras del 10% a la importación de artículos producidos con trabajo forzoso. "La UE valora positivamente que este resultado se ajuste a los compromisos arancelarios de EEUU acordados en el marco de la Declaración Conjunta UE-EEUU", ha asegurado el portavoz comunitario al frente de Comercio, Olof Gill, en un comunicado, sin entrar en detalles sobre las acusaciones de ilegalidad en las fórmulas productivas.

Si hay una condición que Bruselas ha repetido hasta la saciedad es que todo arancel que venga de EEUU debe respetar el pacto sellado, hace un año, entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder de la Casa Blanca en Escocia. Un acuerdo que establecía un arancel máximo del 15% para las exportaciones a ambos lados del Atlántico.