La Comisión cree que los gravámenes no rompen el techo pactado con Washington, mientras la disputa comercial se extiende por la multa a Google

La Comisión Europea ha acogido con cautela la entrada en vigor de los nuevos aranceles —de entre el 10% y el 12,5%— aprobados la víspera por el Gobierno de Estados Unidos. En un escenario de golpes y amenazas constantes de la Administración de Donald Trump a la UE y y a algunos de sus socios, Bruselas cree que lo que hay ahora sobre la mesa es mucho menos malo de lo esperado. Considera, de hecho, que esas nuevas tasas que EE UU impone a decenas de países —con el argumento de que incumplen las normas sobre importación de bienes procedentes de trabajo forzoso— no contravienen el acuerdo comercial entre Washington y Bruselas firmado hace un año.

Aquel acuerdo estableció que EE UU aplicaría un arancel a la mayoría de los productos europeos, mientras que la UE eliminaba los impuestos a gran parte de los productos industriales procedentes del país norteamericano.

Eso sí, el Ejecutivo comunitario no entra en el fondo del asunto: que Trump está reconstruyendo su deseado muro arancelario —anulado el anterior por la justicia estadounidense— con una maraña caótica de regulaciones. Lo hace, además, apoyándose en un argumento, el del trabajo forzoso, que la UE cree que no se le debería aplicar, porque precisamente el bloque comunitario tiene leyes garantistas de protección de los trabajadores.