El deporte de fuerza ha entrado de lleno en nuestras vidas; no es que antes no existiera, pero no ocupaba ni el espacio ni la importancia que tiene ahora. Son numerosos su beneficios, y no solo a nivel físico, sino también emocional. Pero, ¿es sano en todas las edades? ¿Es siempre la mejor opción? La respuesta es que depende.Los datos oficiales de la Encuesta de Hábitos Deportivos en España, elaborada por el Ministerio de Educación, FP y Deportes y el Consejo Superior de Deportes (CSD), indican que casi el 60% de quienes practican deporte comenzaron antes de los 15 años. El 20,5% se inició entre los 15 y los 24 años, y tan solo el 7,5% comenzó pasados los 44 años. En la misma encuesta, se recoge que un tercio de la población española está abonada a un gimnasio, donde hay muchos jóvenes. La musculación es una de las modalidades deportivas que más se practican, según el sondeo.Los gimnasios gestionan la edad a partir de la cual se puede entrar en ellos de manera independiente; no existe un consenso estatal. En general, entre los 14 y los 15 años algunos gimnasios permiten el acceso acompañados de los progenitores y con su autorización; a partir de los 16 años, basta la autorización del padre o la madre. La edad de inicio en el gimnasio cada vez es más baja. Ahora tenemos niños cuyo deporte es ir a entrenar al gimnasio. No son pocos los casos de padres y madres que me preguntan si es adecuado que su hija o hijo de 13 años se apunte.Entrenar solo fomenta el individualismo. Se pierden algunos valores que enseñan los deportes de equipoEl deporte siempre está bien, pero quizás no sea este, ni sea este el espacio adecuado a estas edades. En el gimnasio no hay prácticamente interacción social; se entrena solo y, en general, con auriculares. Hay mucha fijación en el aspecto del cuerpo; se premia mucho el cambio corporal y el ejercicio se enfoca prácticamente en eso. Los gimnasios, en general, aunque siempre habrá excepciones, están decorados con imágenes de un único tipo de cuerpo. No hay diversidad corporal en sus imágenes, lo que hace que el entrenamiento se convierta en una manera más de alcanzar ese ideal.Entrenar solo fomenta el individualismo. Se pierden algunos valores que enseñan los deportes de equipo, donde la cooperación es importante, donde aprendes a frustrarte porque no te sacan del banquillo y donde hay más compañerismo que competencia. Además, no se pone el foco en el cambio corporal; el deporte puede cambiar la forma del cuerpo, pero jugando al baloncesto o al voleibol no se pone el foco únicamente en el tamaño del bíceps o en cómo se marcan los oblicuos.Cuando los chavales practican deportes de equipo, refuerzan valores como la empatía y el liderazgo. Se ven obligados a comunicarse y a aprender a resolver conflictos. Se fomenta la pertenencia, algo fundamental en la adolescencia: ser parte de un grupo, además de la posibilidad de crear amistades. Algo mucho más complejo que entrenar en un gimnasio de manera autónoma.En los gimnasios se suele entrenar con el móvil al lado, lo que permite estar continuamente tomando fotos; no solo se graban vídeos para mejorar los entrenamientos, sino que también se hace con la finalidad de poder valorar los cambios físicos. Esto hace que se monitorice el cuerpo, aumenta la presión sobre este y, como consecuencia, puede generar mayor insatisfacción corporal.El ejercicio está muy ligado a la alimentación, y los chavales acaban recibiendo información no solicitada sobre creatina, proteínas y demás suplementos. Si a esto le sumamos el bombardeo de información que reciben sobre alimentación en redes sociales, el cóctel está servido. Tenemos crías y críos de no más de 16 años que se preocupan por su consumo de macros y suplementación. ¿Es de verdad sano?Sé que para algunas familias es mejor esta opción a que no hagan nada de deporte, pero creo que el reto es buscarles un deporte que fomente algo más que el crecimiento de determinadas partes del cuerpo, que, de una manera agresiva, les obliga a monitorizarse.La industria del wellness no hace más que potenciar el consumo de proteínaLa influencia del ejercicio de fuerza no es casual ni inocente; desde la ciencia se le está dando mucha importancia porque la tiene. Pero también influyen las redes sociales, los influencers del fitness, la industria del wellness y quienes hablan de mujeres y hombres de “alto valor” y dan clases sobre masculinidad. Para estos últimos, la apariencia es fundamental: es la manera de crear autoridad y transmitir que tener un determinado cuerpo aporta distinción y respeto. Como si la diversidad corporal, o los cuerpos que no encajan en sus patrones definidos y musculados, no pudieran contar con esas mismas características.A su vez, la industria del wellness no hace más que potenciar el consumo de proteína, y la industria de la alimentación le sigue el juego, de tal manera que ya es más difícil encontrar alimentos sin extra de proteína en el supermercado que con ella. Llegando al absurdo, nos ofrecen agua saborizada con proteína o atún con extra de proteína. Señores, el atún siempre fue un alimento proteico; no necesita un gramo más de proteína y, por supuesto, tampoco un plus en el precio.Como nutricionista especializada en trastornos de la conducta alimentaria, me apena ver cómo les estamos robando la infancia, cómo el juego y el ejercicio van desapareciendo para convertirse en una manera más de moldear el cuerpo hacia esos cánones imposibles. No pretendo demonizar el deporte de fuerza ni los gimnasios, sino abrir una reflexión sobre si este es el entretenimiento adecuado para adolescentes y qué consecuencias puede tener en ellos a largo plazo. No necesitamos adolescentes que solo sepan transformar su cuerpo; necesitamos adolescentes que aprendan a aceptarlo y cuidarlo.
Del balón a las pesas: por qué el gimnasio se está convirtiendo en el nuevo patio de recreo de los adolescentes
Cada vez hay más menores que eligen como deporte ir a entrenar al gimnasio, aunque puede que no sea el espacio más adecuado para estas edades








