IdeasA los políticos no les gusta eliminar el impuesto a los combustibles porque hacerlo les quita un ingreso automático, invisible y sin costo político de recaudación.

El gobierno presenta hoy su propuesta con relación al incremento del precio de los combustibles, pero todavía no ha especificado cuál será, aunque se especula que sea un nuevo subsidio. Los técnicos de los ministerios de Energía y Minas, Finanzas y Economía llevan días afinando el mecanismo. La presión es real: tanto las gasolinas como el diésel pasaron ya de los Q40 por galón. La pregunta que nadie en el gobierno quiere formular es la más simple: ¿por qué repetir un experimento que ya fracasó?

Porque fracasó, y los números lo demuestran. El decreto 11-2026 asignó dos mil millones de quetzales para noventa días de subsidio. Duró sesenta y cinco. El gobierno desembolsó Q1,932.3 millones y el supuesto beneficio se evaporó justo cuando el precio internacional volvía a presionar. Yo advertí en abril de que el fondo se agotaría entre los 60 y los 70 días. No hacía falta ser adivino: bastaba dividir. ¿Y qué quedó a cambio? Recortes de Q550 millones al ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda —carreteras no construidas, baches no reparados, suponiendo que lo hubieran ejecutado—, Q808 millones en bonos del Tesoro que los guatemaltecos pagaremos con intereses, y un consumidor que hoy paga más que antes del subsidio. Pese a este evidente desastre, el gobierno parece insistir en proponer un nuevo paquete de subsidios. ¿Hasta cuándo insistirán los políticos en tropezar con la misma piedra a costa del dinero de los tributarios?