El último informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) sobre el Ingreso Mínimo Vital (IMV) ha puesto al descubierto la simultaneidad de esta ayuda con otras prestaciones públicas. La mitad de los hogares que cobró esta prestación en el año 2024 percibió, además, alguna otra prestación pública. Y un 16% tuvo otras dos prestaciones o más.

Esta combinación de ayudas públicas consigue sacar a los hogares de una situación de pobreza, pero provoca un desincentivo a buscar un empleo. Según los datos de la AIReF, facilitados por el Ministerio de Hacienda, el 30% de los hogares que percibieron el Ingreso Mínimo en 2024, cobraron también una prestación por desempleo. Si se contemplan sólo los hogares que cobran el SMI con el complemento de ayuda a la infancia (CAPI), el porcentaje escala hasta el 48%. Esto es, la mitad de los hogares que cobran el CAPI cuentan también con una prestación por desempleo.

La concatenación de ayudas públicas se debe a que cada una de las prestaciones busca atajar diferentes problemas, aunque todos ellos encaminados a reducir la pobreza. La prestación por desempleo es la que más se compatibiliza con el Ingreso Mínimo Vital, pero hay más. El 10% de los beneficiarios del IMV cobró también una renta mínima autonómica; un 8%, una prestación familiar; un 3%, una prestación de dependencia y un 1% una incapacidad permanente.