Actualizado a las 23:18h.
Si las vacas viesen OneToro, Veronesa y Baratilla andarían regañando a sus hijos desde 'Las Tiesas'. Qué manera de arrastrar el hocico, de ensuciárselo, de colmárselo de arena, con el morro cada vez más teñido de castaño que de cárdeno por esa extraordinaria humillación. Lo ... que Victorino Martín ha conseguido está solo al alcance de los genios que bucean en la bravura. ¿Bucear? Buceaban sus toros: surcaba la arena el sexto, que completó una importante corrida, la mejor -no era difícil- de lo que va de feria. Se llamaba Baratillo este último y era imposible no echar la vista atrás al mítico Baratero. En manos de quien acabaría siendo un especialista cayó, en las de Andrés Vázquez. No eran tan expertas las de Tomás Rufo, que observó cómo este número 65 hacía hoyos, más grandes aún que los de la playa de Cuatro Caminos. ¿Cómo se consigue esa humillación? Qué barbaridad, ganadero. A aquella manera de colocar la cara -de otra dimensión distinta a lo que se ve normalmente- solo le faltaba mayor empuje para partir la pana. El torero de Pepino, con la moral crecida tras su aldabonazo pamplonica, cosió la embestida a derechas fenomenalmente. Por momentos, solo por momentos. Más alzó la testa por el otro lado, pero las caricias alimentaban sus bondades. En el regreso a la otra mano, allá que seguía ese embroque por el subsuelo, por las raíces de la tierra. Y allá continuaba el morro cuando lo cuadraba para matar, con la mácula de aquel pinchazo a un toro de triunfo que se arrastró intacto.









