Controlar el clima era un trabajo de supervillanos. De Sean Connery en Los vengadores, de Mister Freeze en Batman, o de Weather Wizard en Flash. Durante d�cadas, los c�mics y Hollywood convirtieron el tiempo atmosf�rico en el arma definitiva, y en una idea, como la de la pel�cula Geostorm, donde una red de sat�lites sirve para congelar ciudades, provocar huracanes o desencadenar inundaciones.En un despacho de la Universidad de Chicago descansa el dibujo de un avi�n que todav�a no existe. Tiene unas alas descomunales, un fuselaje estrecho y un aspecto extra�o, m�s parecido a un planeador que a un avi�n comercial. Si alg�n d�a despega, no transportar� pasajeros ni mercanc�as. Tampoco ser� un arma. Su misi�n consistir� en ascender hasta unos veinte kil�metros de altura y liberar millones de part�culas microsc�picas capaces de reflejar la luz del Sol para bajar la temperatura del planeta.La idea, en realidad, no tiene nada de futurista porque lleva millones de a�os ocurriendo de forma natural. Cuando un gran volc�n entra en erupci�n, libera enormes cantidades de di�xido de azufre hasta la estratosfera. All� esas part�culas forman un velo casi invisible que refleja parte de la radiaci�n solar mand�ndola de vuelta al espacio. Durante un tiempo, la Tierra recibe menos energ�a y se enfr�a.Eso fue exactamente lo que ocurri� en 1991, cuando la erupci�n del Pinatubo, en Filipinas, redujo la temperatura media del planeta alrededor de medio grado durante m�s de un a�o. Pues la geoingenier�a solar s�lo pretende reproducir artificialmente ese fen�meno sin necesidad de esperar a la siguiente gran erupci�n. El objetivo no ser�a apagar el Sol, como tantas veces ha imaginado el cine, sino reflejar un 1% de la radiaci�n que llega a la Tierra. Una cantidad suficiente para compensar parte del calentamiento provocado por las emisiones humanas.Sobre el papel parece sencillo, pero en la pr�ctica es un rompecabezas tecnol�gico. Hoy en d�a no existe ning�n avi�n preparado para transportar de forma continua toneladas de material hasta la estratosfera. Tampoco se sabe cu�l ser�a la sustancia m�s eficaz ni cu�nto tiempo permanecer�an suspendidas las part�culas antes de dispersarse. Habr�a que construir nuevos sistemas de vigilancia atmosf�rica, desplegar sat�lites espec�ficos y desarrollar una infraestructura cient�fica completamente nueva.Varios investigadores acaban de reconocer en MIT Technology Review que, sin embargo, la geoingenier�a solar ha dejado de ser un experimento te�rico para convertirse en un problema de ingenier�a. Durante a�os, la gran pregunta era si esta tecnolog�a funcionar�a. Ahora la conversaci�n es �qu� tipo de avi�n ser�a capaz de realizar miles de vuelos a la estratosfera? �Qu� part�culas liberar�a? �C�mo impedir que se agrupen y caigan antes de tiempo? �Qu� red de sat�lites y sensores har�a falta para controlar un experimento de tal magnitud que podr�a afectar a toda la atm�sfera para siempre? "Nos interesa ver c�mo se har�a realmente si alguien quisiera hacerlo", resume Jim Franke, ingeniero de la Universidad de Chicago.Algunos estudios citados por MIT Technology Review calculan que solo preparar una primera versi�n del sistema exigir�a alrededor de 10 a�os de trabajo y unos 35.000 millones de d�lares, una inversi�n comparable a la realizada por la NASA durante los primeros a�os del programa Artemis para devolver al hombre a la Luna.Para saber m�sOtro estudio publicado esta semana en Science Advances, liderado por la Instituci�n Scripps de Oceanograf�a de la Universidad de California en San Diego, plantea utilizar una variante de esta tecnolog�a para amortiguar los efectos de un super El Ni�o: el fen�meno clim�tico que aparece cuando las aguas superficiales del Pac�fico ecuatorial se calientan de forma an�mala, alterando la circulaci�n atmosf�rica y desencadenando sequ�as, inundaciones, olas de calor y otros fen�menos extremos en distintos puntos del planeta. Su hermana fr�a, La Ni�a, se produce justo al contrario: el Pac�fico se enfr�a m�s de lo habitual y los patrones meteorol�gicos cambian en sentido opuesto.La propuesta no consiste en enfriar el planeta durante d�cadas, sino en aumentar temporalmente el brillo de algunas nubes del Pac�fico, blanque�ndolas para que reflejen una mayor cantidad de luz solar justo cuando El Ni�o alcance su m�xima intensidad.La idea no surgi� en un laboratorio tecnol�gico sino de una cat�strofe. Los gigantescos incendios que arrasaron Australia entre 2019 y 2020 lanzaron tal cantidad de humo a la atm�sfera que, sin pretenderlo, realizaron el mayor experimento natural jam�s observado. Los aerosoles presentes en ese humo hicieron m�s brillantes las nubes del Pac�fico, alteraron la circulaci�n atmosf�rica y reforzaron un episodio de La Ni�a, la fase fr�a del mismo ciclo clim�tico.A partir de ese fen�meno real, los investigadores simularon qu� habr�a ocurrido si ese mismo efecto se hubiera producido antes de los grandes episodios de El Ni�o de 1997 y 2015. Sus modelos sugieren que un aumento deliberado del brillo de las nubes podr�a reducir parte de su intensidad y limitar algunos de sus efectos m�s devastadores.La idea del blanqueamiento de nubes marinas fue propuesta en 1990 por el f�sico brit�nico John Latham. El sistema consistir�a en pulverizar microsc�picas gotas de agua salada sobre las nubes bajas que se forman sobre los oc�anos. Al aumentar el n�mero de part�culas de sal, las nubes contienen m�s gotas, pero m�s peque�as, y se vuelven m�s blancas y reflectantes, como si la Tierra se pusiera unas gafas de sol."Una de las mayores preocupaciones sociales en torno a la geoingenier�a es que, si la utilizamos para reducir los riesgos clim�ticos a largo plazo, debemos implementarla de forma continua e indefinida", explica Jessica Wan, primera autora del estudio.Para Carlos Garc�a-Soto, investigador del CSIC (IEO) responsable de la Unidad de Evaluaci�n del Sistema Oc�ano-Clima, "los modelos clim�ticos son herramientas extraordinarias para explorar escenarios y comprender mecanismos, pero representan nuestro conocimiento actual del sistema clim�tico, no el sistema clim�tico en toda su complejidad". Y recuerda, en declaraciones al Science Media Center, que el propio estudio de Wan "identifica posibles efectos no deseados, como alteraciones remotas del clima o una intensificaci�n de La Ni�a, que ilustran precisamente la dificultad de intervenir sobre un sistema fuertemente interconectado".La mayor planta del mundo para la captura directa del aire est� en Reikiavik.JOHN MOOREGETTYLa posibilidad de modificar deliberadamente el clima sigue siendo uno de los asuntos m�s pol�micos de toda la investigaci�n clim�tica. Para sus cr�ticos, invertir en estas tecnolog�as aumenta la probabilidad de que alg�n gobierno termine utiliz�ndolas, y sirva como excusa para retrasar la reducci�n de emisiones. "Cuanto m�s se invierta y m�s avance esta tecnolog�a, m�s probable ser� que termine despleg�ndose", advierte la investigadora Jennie Stephens. Otros sostienen justo lo contrario. David Keith, probablemente la figura m�s influyente del mundo en geoingenier�a solar, defiende: "El riesgo que m�s me preocupa es necesitar esta tecnolog�a antes de entenderla".Llevamos d�cadas discutiendo c�mo dejar de calentar la Tierra. Pero ahora, algunos de los mejores laboratorios del mundo, discuten sobre c�mo enfriarla. Pero replicar un volc�n o una cat�strofe incendiaria no es lo �nico que se nos ha ocurrido.S�lo en los �ltimos veinte a�os han surgido decenas estrategias para enfriar el planeta o, al menos, de ganar tiempo frente al calentamiento global. La mayor�a intentan reflejar m�s luz solar o extraer di�xido de carbono de la atm�sfera. Todas comparten haber pasado, de la noche a la ma�ana, de ideas extravagantes a l�neas de investigaci�n estrat�gica dotadas de financiaci�n p�blica. Tambi�n comparten que ni una sola est� preparada para desplegarse.La llamada captura directa del aire (Direct Air Capture o DAC) utiliza enormes m�quinas equipadas con filtros qu�micos capaces de atrapar di�xido de carbono directamente de la atm�sfera. La idea empez� a desarrollarse en la d�cada de 2000 y hoy existen plantas piloto operativas. Empresas como Climeworks, en Suiza, o Carbon Engineering, fundada por el propio David Keith, han demostrado que funciona. El problema es la escala. Para retirar cantidades significativas de CO? har�an falta miles de instalaciones y un consumo energ�tico enorme. Es decir, es una tecnolog�a eficaz, pero lenta y muy cara. Adem�s no enfr�a el planeta de inmediato, aunque muchos expertos creen que este sistema acabar� siendo imprescindible para estabilizar el clima a largo plazo.La naturaleza lleva millones de a�os retirando CO? de la atm�sfera gracias a la erosi�n de rocas. Algunos cient�ficos creen que podr�an acelerar ese proceso triturando minerales ricos en silicatos, y esparci�ndolos sobre campos agr�colas o costas para que reaccionen qu�micamente con el di�xido de carbono y lo transformen en minerales estables.Esta t�cnica se denomina meteorizaci�n acelerada, y empez� a estudiarse de forma sistem�tica a principios de la d�cada de 2010. Hoy cuenta con proyectos de investigaci�n en universidades como Yale, Cornell o el Leverhulme Centre for Climate Change Mitigation, en el Reino Unido. Sobre el papel podr�a retirar miles de millones de toneladas de CO? cada a�o, pero requiere mover cantidades gigantescas de roca, por lo que su despliegue masivo sigue siendo una inc�gnita log�stica y econ�mica.Plantar �rboles sigue siendo una de las herramientas m�s sencillas y populares. Bosques, manglares y humedales act�an como aut�nticas esponjas de carbono, capturando CO? mediante la fotos�ntesis. Organizaciones como la Food and Agriculture Organization y numerosos programas nacionales impulsan desde hace d�cadas grandes proyectos de restauraci�n forestal. Sin embargo, los cient�ficos recuerdan que los �rboles tienen muchas limitaciones. Tardan a�os en crecer, pueden arder en incendios o desaparecer por sequ�as, y nunca podr�n absorber por s� solos todas las emisiones humanas. Por eso cada vez gana m�s peso otra variante: el biochar, un carb�n vegetal obtenido al calentar restos agr�colas sin ox�geno. Enterrado en el suelo, puede almacenar carbono durante siglos y, adem�s, mejorar la fertilidad de los cultivos. Aunque ya existen proyectos comerciales, su impacto global sigue siendo reducido.La propuesta m�s espectacular y tambi�n la m�s cercana a la ciencia ficci�n es la de colocar espejos gigantes en el espacio. A de los a�os ochenta, varios investigadores —entre ellos el astr�nomo estadounidense Roger Angel, de la University of Arizona— plantearon colocar millones de peque�os reflectores, o una inmensa pantalla en el punto de equilibrio gravitatorio entre la Tierra y el Sol para bloquear una peque�a fracci�n de la radiaci�n.El problema es que habr�a que lanzar al espacio millones de toneladas de material y construir una infraestructura orbital que hoy est� muy lejos de las capacidades tecnol�gicas y econ�micas actuales. Sigue siendo una idea fascinante sobre el papel, pero pr�cticamente imposible en las pr�ximas d�cadas.Otros creen que el mejor lugar para capturar carbono no est� en el cielo, sino bajo las olas. Si los �rboles capturan di�xido de carbono en tierra firme, �por qu� no hacer lo mismo con las algas en el oc�ano? Esa es la idea detr�s de uno de los proyectos m�s prometedores de eliminaci�n de carbono. Las macroalgas, como los kelps, crecen a una velocidad extraordinaria —algunas especies pueden superar los 30 cent�metros al d�a— y absorben grandes cantidades de CO? mientras realizan la fotos�ntesis.La propuesta consiste en cultivar enormes granjas marinas y, una vez que las algas han acumulado carbono, utilizarlas para fabricar biocombustibles, materiales industriales o, en la versi�n m�s controvertida, hundirlas a grandes profundidades para que ese carbono permanezca almacenado durante siglos. Universidades como la University of California, Santa Barbara, la University of Southern California y empresas como Running Tide llevan a�os investigando esta posibilidad.Sobre el papel, el potencial es enorme: las algas no compiten por suelo agr�cola, no necesitan agua dulce y crecen mucho m�s deprisa que un bosque terrestre. El problema es que todav�a se desconoce qu� impacto tendr�a cubrir grandes extensiones del oc�ano con cultivos marinos, y si el carbono permanecer�a realmente aislado durante siglos. Por eso, aunque muchos expertos creen que las macroalgas acabar�n formando parte del abanico de soluciones clim�ticas, todav�a est�n lejos de convertirse en un bosque submarino capaz de enfriar el planeta.Por ahora, el consenso cient�fico es que ninguna de estas tecnolog�as puede sustituir la reducci�n de emisiones. Algunas, como la inyecci�n de aerosoles o el blanqueamiento de nubes, podr�an bajar la temperatura relativamente r�pido, pero no eliminan el di�xido de carbono y conllevan riesgos dif�ciles de prever. Otras, como capturar CO? del aire o acelerar la meteorizaci�n de las rocas, atacan el origen del problema, aunque lo hacen demasiado despacio para frenar por s� solas el calentamiento actual.Lo �nico cierto es que la ciencia ya no busca un �nico bot�n para enfriar el planeta. Lo que intenta construir es una caja de herramientas. La gran inc�gnita para la mayor�a sigue siendo si alg�n d�a la humanidad tendr� que utilizarla antes de conocer sus efectos secundarios.