Actualizado a las 19:32h.
Hay palabras que no nombran solo un lugar sino que activan un universo. Está una en la peluquería con la mente absorta en problemas frívolos como si cortar solo las puntas o cortar, cortar, que en algún momento tendrás que sanear, y de repente cuatro ... letras, cuatro, me desbaratan la cabeza. «Vera». Dice la clienta del tocador de al lado que se va de vacaciones a Vera. No he querido escuchar pero he escuchado, que diría Javier Marías. Y así, en una milésima de segundo, mi mente ha volado al informe policial, al auto judicial, a los párrafos de periódico en los que he leído estos días, estos meses, que Julio Martínez y José Luis Rodríguez Zapatero se conocieron por un chalé en Vera. Los lugares son como las palabras, nunca sabes qué nexos pueden crear. De Vera, Almería, refugio de veraneo, salió una conexión empresarial con dimensión internacional. De un negocio pequeño –compraventa de un chalé– un negociazo ingente. Cómo no van a fantasear los jóvenes con hacerse millonarios con los cursos de Instagram. Nunca sabes dónde puede prender la mecha de la riqueza. Claro que Martínez y Rodríguez firmaron en la Moncloa. Los de Silicon Valley empezaban en garajes. Si lo vuestro –económicamente hablando– arranca en la Moncloa, sólo el cielo es el límite… Hasta que se te cruzan los investigadores.






