Cada día circulan en redes sociales como Instagram, TikTok o X miles de vídeos virales sobre salud, y con ellos, otros tantos miles de bulos, a veces difíciles de distinguir de la información rigurosa. Frente a todo ese ruido 3.0, el proyecto AGORA apuesta por algo poco habitual en estos tiempos: la verificación de contenidos a través de una red amplia y colectiva de profesionales acreditados. Cada uno en su campo, valoran de forma voluntaria y altruista la veracidad de lo que se viraliza. Aunque nació como una cuenta de Instagram centrada en nutrición, AGORA se ha convertido recientemente en una web que amplía su alcance a otras especialidades relacionadas con salud y ciencia. Hablamos con uno de sus impulsores sobre cómo funciona el sistema, qué le motivó y con qué obstáculos se ha encontrado por el camino.Un proyecto nacido de un documentalDetrás de AGORA está Juan G. La Roche, aunque aclara que los verdaderos protagonistas son “los profesionales que aportan su tiempo de forma altruista”. El germen del proyecto no fue un vídeo viral, sino una película: “El día que vi El dilema de las redes sentí la necesidad de resolver lo que considero uno de los mayores problemas actuales: la veracidad de la información en redes", explica. La idea de fondo es tan sencilla en su planteamiento como compleja en la ejecución: democratizar la opinión del profesional. “Que no sea un pequeño grupo de expertos reconocidos, sino miles de profesionales a nivel nacional e internacional quienes valoren de forma colectiva la información más viral”. Para La Roche, el problema de fondo no son solamente los bulos, sino lo que los sostiene, por eso buscan transformar la verdad en “una variable estadística con un único objetivo: generar confianza”, básico para luchar contra la desinformación. Juan Revenga, nutricionista y colaborador de la causa, cree que “todo esto empezó hace unos 15 años, cuando en un anuncio de Mercedes –que poca gente entendió– se creó el concepto ‘infoxicación’, en el momento en el que, con el acceso generalizado a internet, todo el mundo adquirió un altavoz para decir lo que le diera la real gana". “Con el tiempo, esto ha alcanzado unas cotas inauditas donde cualquier persona puede decir cualquier burrada (sean estas personas tituladas o no, que como decía el pediatra Carlos González un médico tiene la misma capacidad que cualquier otra persona de decir tonterías)“, remata. Beatriz Robles, nutricionista y tecnóloga de los alimentos, también celebra el modelo de verificación colaborativa. “A diferencia de otros formatos de verificación en la que el contraste de la información se hace de manera vertical (uno o varios expertos revisan la información y la desmienten o ratifican), en este caso es un planteamiento más horizontal en el que la calificación final depende del criterio de numerosos profesionales con un rigor acreditado”. Esto reduce el riesgo de que la calificación final esté sesgada. “Además, al proceder de distintos ámbitos y especialidades se genera un conocimiento compartido”, reflexiona Robles. Transcripción, verificación y nota final, un sistema sencillo y eficazVamos al turrón, ¿cómo funciona AGORA? Un usuario propone un vídeo que ha visto por las redes, Agora lo publica, los expertos comentan y debaten el contenido y puntúan de 0 a 5 la veracidad, y cuando ya hay cinco valoraciones, la plataforma hace una media: si sale de 0 a 1, falso; de 1 a 2, mayormente falso, de 2 a 3, neutral o incierto, de 3 a 4, mayormente verdadero, y de 4 a 5, verdadero. La cuenta de Instagram de Nutrición publicaba una pieza diaria, editada y transcrita por su creador. “Ese modelo demostró el interés, pero no escalaba”, apunta La Roche. La web invierte la lógica: en vez de una cuenta por categoría, han creado una plataforma en la que cada profesional ve únicamente el contenido de su especialidad: un fisioterapeuta solo verifica contenido de fisioterapia; un farmacéutico, de farmacia. “Los profesionales no tienen que filtrar entre miles de vídeos: cada uno recibe lo que le compete, ordenado por demanda ciudadana de verificación”. Con cinco verificaciones individuales, la publicación deja de estar “Por verificar” y pasa a mostrar un estado agregado en función de la nota media obtenida. “Cinco es un umbral de arranque, no una cifra definitiva, y está pensado como equilibrio entre fiabilidad y velocidad”, apuntan sus creadores. “Con cinco valoraciones independientes empiezas a tener una señal estadística mínimamente robusta y, sobre todo, capacidad de detectar disparidad, que para nosotros es información valiosa (consenso)”. Con menos valoraciones, un solo profesional podría inclinar el resultado. El objetivo a medio plazo es elevar ese número de forma progresiva y ajustada por categoría, según los expertos disponibles en cada especialidad.Algoritmos que premian la mentiraPreguntado por los patrones que más aparecen en los vídeos con baja veracidad, La Roche prefiere ser cauto –recuerda que la plataforma debe mantenerse “neutra y al margen de las verificaciones y valoraciones de los profesionales”– pero sí comparte su propia observación tras meses en el proyecto. “Hay ciertos términos y enfoques que aparecen de forma recurrente en vídeos con baja veracidad, como la carbofobia, el ayuno, las dietas de efecto rápido o la suplementación generalizada presentada como solución universal”.“La desinformación es un problema que siempre ha existido”, reflexiona La Roche; pero hoy se propaga “a través de las empresas tecnológicas más poderosas de la historia”, cuyas recomendaciones “tienen como objetivo principal maximizar el tiempo de uso de sus usuarios, mostrándoles cualquier contenido que pueda retenerlos unos segundos más, independientemente de su veracidad”.El resultado, asegura, es que “conceptos tan básicos como que la Tierra no es plana o que gira alrededor del Sol llegan a ponerse en entredicho”. Va más allá al hablar del funcionamiento de estas plataformas: “La mentira viaja seis veces más rápido y más lejos que la verdad”, porque a ojos del todopoderoso algoritmo, “la mentira vende y la verdad aburre” (como muestra, la delirante sección El bulo de la semana). Para Revenga, “la falta de referencias alimenta esa confusión, y creo que ahí es donde reside el potencial de AGORA, en el formato colaborativo y altruista parecido, por ejemplo, al que tenía en sus inicios Wikipedia”. Sobre qué es más peligroso, si un contenido totalmente falso o uno que lo es a medias, la respuesta depende del perfil de quien consume la información: para alguien sin herramientas críticas, ambos pueden ser igual de dañinos, pero en personas con una base científica suele ser más peligroso el contenido parcialmente cierto, ya que los mensajes ambiguos o incompletos pueden resultar más creíbles y generar mayor confusión que un bulo evidente. Casi 300 profesionales, miles de verificaciones y ninguna retribuciónA día de hoy la red roza los 300 profesionales acreditados, que han realizado de forma voluntaria decenas de miles de verificaciones. La motivación es sobre todo la frustración compartida. “Muchos profesionales están cansados de ver cómo los bulos se viralizan, mientras sus aportaciones en los comentarios de los contenidos originales se pierden entre una avalancha de mensajes desinformados”, apunta su impulsor. Entre ellos los nutricionistas Beatriz Robles, Pablo Zumaquero, Diana Díaz-Rizzolo, Yeray Vidal o los mismos Revenga y Robles, entre muchos otros. El consenso suele ser alto en los casos más evidentes, aunque también hay contenido –sobre todo relacionado con estudios científicos recientes– donde surgen discrepancias Para sus creadores esta disparidad es uno de los datos más valiosos que ofrece el sistema, porque visibiliza algo que las burbujas de información habituales ocultan: “hoy en día los neutros no se dan”, señalan, ya que “dependiendo de la fuente de la información que elijas, estarás siempre escogiendo un ‘bando’ u otro”. Por eso su objetivo es “facilitar un entorno de debate sano [...] donde cambiar de opinión a la luz de nuevos argumentos sea una fortaleza y no una debilidad”.“Como verificadora agradezco la facilidad del sistema”, cuenta Robles. En algunos temas la verificación requiere de más reflexión y de búsqueda de evidencia científica, porque es posible que haya que introducir matices, no haya certezas sobre algunos temas concretos y necesiten documentarse con más profundidad o añadir comentarios a la calificación. “Pero en asuntos en los que hay un consenso, en los que la ciencia es clara y no hay debate, esquivamos el principio de Brandolini –“la energía necesaria para refutar información falsa es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirla”; es decir, que inventar mentiras lleva segundos, pero desmentirlas con pruebas toma mucho más tiempo y esfuerzo– y simplemente calificamos. Punto. No tenemos que reabrir un debate cerrado hace décadas", zanja la divulgadora.A día de hoy AGORA no tiene método de financiación: nadie paga y nadie cobra. La verificación de contenido, aclaran, “es y será siempre gratuita, un servicio a la ciudadanía a través de profesionales acreditados”. Mientras, exploran vías de monetización a través de una sección de marketplace que contempla tres líneas: que la ciudadanía pueda consultar directamente a profesionales verificados, que las marcas sometan sus mensajes y productos a evaluación profesional antes de publicarlos, y que los productos que superen ese filtro ganen visibilidad dentro de la plataforma.El proceso de auditoría de marcas seguirá la misma lógica que la verificación de contenido viral, aplicada esta vez a la calidad del producto y no a la veracidad de un mensaje. Solo los productos que superen una nota de corte –por definir– podrán anunciarse en la plataforma, lo que el proyecto plantea como “el primer espacio de anuncios de calidad con productos validados por redes de profesionales independientes”.“No juzgamos a los creadores, juzgamos el contenido”Desde AGORA asumen tanto que una persona que solo ha dicho bulos sea capaz de decir una verdad, como que una eminencia que solo diga verdades sea capaz de equivocarse: esta distinción es clave sobre todo en un ámbito como la ciencia, donde hay que “evitar este tipo de sesgos que van totalmente en contra de su metodología”. “Cuando decimos que no se juzga al creador sino el contenido, hablamos del acto de verificación: cada profesional puntúa una pieza concreta, no a la persona que la publicó”. El ranking “es la consecuencia estadística de esas verificaciones individuales acumuladas en el tiempo”, y no un juicio propio de la plataforma. En su web hay rankings tanto de creadores como de profesionales, lo que a primera vista podría parecer contradictorio, pero no son categorías excluyentes, sino roles distintos. “Creador” es alguien cuyo contenido entra en la plataforma para ser verificado; ‘Profesional’, quien está acreditado para verificar el contenido de su especialidad. “Una misma persona puede ser ambas cosas: un nutricionista con presencia en redes que crea contenido puede ser al mismo tiempo verificador/a”. Como ejemplo, los que hemos mencionado anteriormente. “Cada uno de ellos tiene un perfil de Creador, inmutable y totalmente visible con su contenido verificado y estadísticas relevantes, y su perfil Profesional, que sí es suyo y editable”, matizan. “A medida que se van verificando contenidos de Creadores, estos divulgadores van teniendo una calificación global que permite valorar su rigor”, apunta Robles. “Esta parte creo que es útil especialmente para personas que trabajen en medios de comunicación y quieran encontrar una fuente fiable o busquen declaraciones de un profesional”.Presiones, amenazas y una cuenta penalizadaEl crecimiento del proyecto no ha sido un camino fácil; La Roche ha recibido “críticas, presiones y amenazas, tanto de usuarios como de algunos creadores cuyos contenidos fueron valorados negativamente”. El momento más duro llegó tras varias denuncias de creadores señalados como difusores de bulos, que hicieron que desde Instagram amenazaran con cerrarles la cuenta. El cierre se evitó tras recurrir la decisión, pero desde entonces la cuenta “dejó de aparecer en buscadores internos y en los sistemas de recomendación”, lo que ha frenado su crecimiento orgánico en esa plataforma.“Nosotros respetamos siempre la propiedad intelectual: atribuimos y enlazamos los contenidos originales”, defienden; pero consideran necesario que exista un sistema capaz de analizar y contextualizar información potencialmente dañina desde una perspectiva profesional; bajo la premisa de que quien crea contenido con gran alcance “tiene una enorme responsabilidad”.Con el lanzamiento de su web, AGORA pasa de ser una cuenta de nutrición en Instagram a una infraestructura de verificación multicategoría, apoyada en cientos de profesionales voluntarios y en un sistema pensado para escalar sin perder el rigor de la validación humana. El reto sigue siendo el mismo que motivó el proyecto en su inicio: no tanto vencer a la desinformación, como reconstruir la falta de confianza que la sostiene.Sigue a El Comidista en Youtube
Agora, la plataforma que comprueba si los vídeos de nutrición de las redes son fiables o bulos
El proyecto lucha contra la desinformación científica con la ayuda de casi 300 profesionales, que valoran la fiabilidad de contenidos virales enviados por los usuarios










