“Si has comprado pescado en el mercado, mételo en agua. Si se hunde, está fresco; si flota, está malo”. Así comienza un vídeo que ya han visto más de 25 millones de personas. El protagonista es Paco del Campo, un anciano de aspecto entrañable que ofrece consejos sobre alimentación y salud. No es un caso aislado. En las últimas semanas han proliferado vídeos muy similares que también acumulan millones de reproducciones. Podemos citar tres ejemplos, como el de Eduardo, un hombre de mediana edad que se presenta como “experto en salud holística y dietista” y que nos advierte sobre la supuesta peligrosidad del panga, la tilapia y el salmón en un vídeo que comienza así: “Nunca comas estos tres pescados si no quieres morir mañana…”. O el de Sofía, una mujer que comparte “métodos sobre salud holística” y que nos advierte sobre el peligro de los pesticidas que supuestamente contienen las manzanas: “Nunca compres manzanas sin antes revisar esto…”. El tercer ejemplo es también el más surrealista. Manuel del Campo, un anciano con aspecto amish, nos muestra dos trozos de salmón sobre el asfalto del aparcamiento de un supermercado. Uno está repleto de hormigas porque se supone que es salvaje, mientras que el otro trozo está libre de insectos porque es de piscifactoría y “está cargado de tóxicos”, según dice. Todos estos vídeos acumulan millones de visitas, miles de me gusta y cientos de comentarios de personas preocupadas por su salud y su alimentación. Pero la mayoría desconoce dos cosas: que los mensajes son falsos y que Paco, Eduardo, Sofía y Manuel ni siquiera existen. Son personajes creados con inteligencia artificial. Pero eso no es todo. Vídeos clonados Si hacemos una búsqueda rápida en esos perfiles, veremos que todos ellos publican versiones prácticamente idénticas de los mismos vídeos, con la misma escenografía y exactamente los mismos mensajes, palabra por palabra: el de los tres pescados, el de las manzanas, el de los salmones… Es más, si seguimos buscando en las redes sociales, veremos que Paco, Eduardo, Sofía y Manuel no son los únicos personajes que aparecen en esos vídeos. Existen cientos de variantes, quizá miles, con la misma escenografía e idéntico mensaje, pero distintos protagonistas: de diferentes edades, ocupaciones, nacionalidades, etnias, religiones, idiomas. Hay para todos los gustos: ancianas afables, monjes tibetanos, granjeras, médicos, chamanes… Diseñados a medida y adaptados a diferentes públicos para despertar nuestra empatía y ganarse nuestra confianza. Todas ellas repiten la misma fórmula: perfiles con nombres relacionados con la salud (sanador, natural, holístico, bienestar, etcétera), vídeos impactantes sobre temas cotidianos y guiones construidos expresamente para despertar nuestras emociones. Para la redacción de este artículo se han analizado 150 perfiles de Instagram con estas características, que acumulan en conjunto más de 23 millones de seguidores. El 75% en inglés, el 20% en español y el 5% restante en otros idiomas, como francés, alemán o ruso. Pero hay muchos más perfiles en esta red social y también en otras, como TikTok, X o Facebook. Fabricando bulos a medida y a escala industrial Este tipo de vídeos pueden enmarcarse dentro de un fenómeno más amplio conocido como AI slop, un término coloquial que se utiliza para describir la avalancha de contenidos de baja calidad generados con inteligencia artificial. En muchos casos, el objetivo parece centrarse en captar millones de visualizaciones para monetizar la atención de los usuarios o dirigirlos hacia productos, cursos o libros electrónicos. Pero detrás de todo ello hay algo más importante que unos cuantos vídeos virales: todo un cambio de paradigma. En primer lugar, porque ahora, gracias a la IA, los bulos se pueden producir a escala industrial y prácticamente sin necesidad de tiempo, esfuerzo ni grandes conocimientos. De hecho, ya existen cuentas de IA prácticamente autónomas (bautizadas por algunos investigadores como “agentic AI account”), capaces de generar el contenido de forma automatizada: detectan los temas de salud o alimentación que más interés despiertan en cada momento, generan un guion, crean vídeos adaptados a cada uno de los perfiles que señalamos anteriormente, publican el contenido, analizan las publicaciones que obtienen mejores resultados y repiten las fórmulas que funcionan. Es decir, ni siquiera es necesario que una persona produzca cada vídeo. Su papel puede limitarse a poner en marcha el sistema y supervisarlo. Si no lo veo, no lo creo… Pero la revolución no termina aquí. Hay un segundo cambio, aún más profundo: ya no podemos confiar en lo que vemos. Durante más de un siglo hemos considerado que la fotografía, y después el vídeo, eran una prueba fiable de la realidad. Si lo veíamos con nuestros propios ojos, tenía que ser verdad. Pero la IA generativa ha roto ese vínculo entre imagen y realidad porque es capaz de producir de forma hiperrealista personas que no existen en escenarios que no son reales. En muchos casos todavía hay detalles que nos permiten detectar a simple vista que han sido generadas con IA, como unos movimientos poco naturales o una iluminación poco realista. Pero es muy probable que en un futuro cercano esas imágenes sean prácticamente indistinguibles de la realidad. Las amenazas de los bulos generados con IA Como podemos imaginar, este fenómeno supone una amenaza. La avalancha de bulos nos transmite ideas sobre alimentación y salud que no son ciertas, lo que puede condicionar nuestro comportamiento y nuestras elecciones alimentarias. En algunos casos esos bulos son prácticamente inofensivos, como el que nos dice que el sabor de los pimientos está relacionado con el número de protuberancias que tiene en la base. Pero otros son mucho más peligrosos, como los que nos dicen que podemos curar enfermedades graves comiendo fruta con miel. No solo pueden comprometer nuestra salud, sino también nuestro bolsillo. Sin ir más lejos, muchos de los perfiles mencionados en este artículo venden libros electrónicos con remedios “naturales” tan falsos como los que recogen en sus vídeos y, probablemente, elaborados también con IA. Las consecuencias de este fenómeno no se limitan al ámbito personal. Ese tipo de bulos puede comprometer la salud pública y la reputación o supervivencia de un producto, de una empresa o de todo un sector. Y pueden ir aún más allá. Por ejemplo, si esos vídeos se centraran en cuestiones relacionadas directamente con la política, podrían condicionar resultados electorales. ¿Cómo podemos detectar estos bulos? A veces detectar bulos es complicado, sobre todo si no tenemos conocimientos específicos sobre los temas que tratan. Pero ahora se complica mucho más porque el uso de imágenes hiperrealistas los hace más creíbles. También se complica mucho la tarea de desmontarlos. Siempre ha sido costoso porque requiere mucho más tiempo y esfuerzo que el necesario para crearlos. Pero ahora que se producen a escala industrial, se convierte en una misión casi imposible. Los mecanismos de moderación de las redes sociales tampoco ayudan porque no están siendo eficaces para evitar la proliferación de este tipo de publicaciones y no obligan a mostrar claramente que han sido generadas con IA. De hecho, algunos de estos perfiles cuentan con un sello de verificación. Así que, en la era de la IA generativa, nuestros ojos ya no bastan para distinguir la realidad de la ficción. Por eso, antes de compartir un vídeo, conviene afinar nuestro sentido crítico: comprobar quién lo publica, qué pruebas aporta y si la información está respaldada por fuentes fiables. En caso de duda, podemos tener presente que si un mensaje es demasiado bonito o demasiado terrible como para parecer verdad, lo más probable es que no lo sea.
Los bulos sobre alimentos inundan las redes con vídeos hiperrealistas generados con IA
Este tipo de contenido puede comprometer nuestra salud, tanto como nuestro bolsillo








