0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialJosep Vallverdú siempre estaba. Cuando había decidido vivir durante buena parte de su madurez fuera de la meollo de Barcelona, entre el Segrià y la Conca de Barberà, en la Espluga de Francolí, el viejo teléfono era el medio más habitual. Respondía. El deje occidental puro era como un bálsamo al oído. Le proponías cualquier “engañifa” y enseguida te decía que sí. La conversación era breve pero llena de confianza.El hombre de la Terra Ferma tenía bastante con la palabra. Vallverdú era un hombre de palabra. La fortaleza de la lengua que ha dejado como legado en su obra literaria —una de las joyas de la literatura para niños y jóvenes de entresiglos— bebe de estas fuentes: del poso de su tierra y de la honestidad de la palabra.Vallverdú no engañó nunca a los lectores, al contrario, les empujaba siempre arriba. Era también de la generación de autores que agradecía que se hablara de alguna de sus obras, sobre todo, claro, de las que él dirigía a los jóvenes. Respondía con alguna ironía de humildad que todavía lo hacía más grande. En el 2001 aceptó ser el presidente de honor del II Congrés de Literatura Infantil i Juvenil que coordiné desde la Associació d’ Escriptors en Llengua Catalana. Josep Vallverdú es el único autor catalán con una Obra Completa solo de las novelas para jóvenes: 14 volúmenes ( La Galera, 1995-2001).La relación entre colegas a veces la gobierna el azar. En el 2002, con motivo de una antología en homenaje a Josep Maria Aloy (Manresa, 1948-2020), biógrafo de Josep Vallverdú, participé con un cuento breve en el que realizaba una mirada afectuosa sobre este icono de la literatura para niños que es el perro Rovelló. Allí, Rovelló se había hecho mayor y, desde la ternura y con ironía, manteníamos una conversación, casi una biografía apócrifa suya, sobre el paso del tiempo y la vejez.El azar, pues, quiso que por gentileza de los herederos de Josep Maria Aloy, el cuento se publicara acompañado de un dibujo inédito del mismo Josep Vallverdú. Dibujar a escondidas era una de sus debilidades.Como pasa con los grandes autores, a menudo hay un personaje que se les escapa de las manos y reina para siempre por encima de los otros: Rovelló.
Un hombre de palabra, por La Vanguardia
Josep Vallverdú siempre estaba. Cuando había decidido vivir durante buena parte de su madurez fuera de la meollo de Barcelona, entre el Segrià y la Conca de Barberà, en la Espluga de Francolí, el viejo teléfono era el medio más habitual. Respondía. El deje occidental puro era...







