0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl diario Le Figaro publicó hace unos días una foto sobre el verano que resultaba todo un editorial. En ella aparecía una mujer tumbada en una hamaca, leyendo un libro en un entorno campestre. Era una apología del silencio, de la tranquilidad, de la felicidad en el estío. Una invitación a disfrutar de la lectura en esas semanas en que las horas las marcan los relojes blandos dalinianos, inspirados en el camembert fundiéndose por el calor. Gorka UrresolaNos toca vivir un tiempo en que todo nos empuja a ser más espectadores que lectores. Por eso, la generación Z juega, come, se divierte o hace el amor con el móvil en la mano. Pero la realidad es tozuda y la OCDE nos avisa de que un 25% de los estudiantes españoles presenta dificultades de comprensión lectora, lo que se traduce en mayor riesgo de abandonar los estudios. Como escribió Gregorio Luri, “la lectura exige un dominio de uno mismo, un control del propio cuerpo, una coordinación, un silencio que haga posible el diálogo con otro en el seno de la intimidad”. Schopenhauer decía que leer es pensar con la cabeza de otro. El problema es que no siempre estamos enseñando a nuestros jóvenes a pensar con su propia cabeza.Es una tragedia que uno de cada cuatro estudiantes no acabe de entender lo que leeLa lectura en papel es la genuina, porque el texto impreso facilita la comprensión y ahorra distracciones, según defienden los expertos. Por eso resiste el paso del tiempo, los inventos tecnológicos y las teorías de los idiotas. Un gurú de la tecnología como Nicholas Negroponte auguró en el 2010 que al libro de papel le quedaban cinco años de vida y no solo no ha muerto, sino que ha incrementado sus ventas. ¿Qué hay más perfecto que un libro que nos ofrece todo un mundo de emociones sin tener que enchufarlo a la corriente para cargar la batería?El número de libros que hay en un hogar se correlaciona con el rendimiento escolar. Luri en Sobre el arte de leer asegura que un niño que carece de libros en casa presenta, al terminar la escolaridad, un retraso cognitivo de un año y medio con respecto al que tiene cien y de 2,2 años con el que tiene más de quinientos. Carguemos en la mochila veraniega libros para todos, no solo por la felicidad que proporcionan, sino por la inversión en salud familiar que suponen.
Más espectadores que lectores, por Màrius Carol
El diario Le Figaro publicó hace unos días una foto sobre el verano que resultaba todo un editorial. En ella aparecía una mujer tumbada en una hamaca, leyendo un libro en un entorno campestre. Era una apología del silencio, de la tranquilidad, de la felicidad en el estío. Una...









