Las redes sociales han colonizado nuestra cotidianidad, pero su invasión a nuestras vías públicas se ha convertido en una amenaza letal. Hoy en día, es alarmantemente común observar cómo la conducción se ha reducido a una actividad secundaria. El volante se sujeta con una mano mientras la otra, de forma autómata, hace scroll en busca de gratificación instantánea a través de videos cortos.El peligro radica en la física implacable de la conducción. Un accidente no ocurre en cuestión de minutos; se desencadena en la inexorable brecha de un milisegundo. A velocidades de carretera, apartar la vista del asfalto por un segundo equivale a conducir a ciegas durante decenas de metros. Al sucumbir a esta hipnosis digital, estamos garantizando un aumento masivo de siniestros, atropellamientos y tragedias que eran totalmente evitables.Pero la otra cara de esta crisis es igual de desalentadora. Quienes están investidos de autoridad para prevenir el caos –nuestros agentes de tránsito– han caído presa de la misma adicción. Es indignante observar a uniformados absortos en sus pantallas mientras, en sus propias narices, conductores irresponsables ignoran semáforos, rebasan límites de velocidad o circulan en vehículos que incumplen las normativas.PublicidadAnte este panorama, surge una pregunta importante: ¿cómo podemos exigir a los ciudadanos que no conduzcan bajo el influjo del celular, si los mismos agentes que deben dar el ejemplo y sancionarlos “trabajan” con la mirada fija en un teléfono? Es imperativo que las autoridades actúen. Los agentes de tránsito que utilicen dispositivos móviles de manera injustificada durante su jornada deben enfrentar multas severas y, ante la reincidencia, la destitución de su cargo. Nadie merece perder la vida ni su patrimonio porque otra persona decidió mirar una pantalla en lugar de mirar al frente. No podemos permitir que una negligencia tan letal siga normalizada como una lamentable costumbre cotidiana en el país. (O)PublicidadPublicidadAnthony Steven Ramia Mantilla, estudiante de Agronegocios, Tabacundo
Tránsito a ciegas: la letal hipnosis digital en las vías
Nadie merece perder la vida ni su patrimonio porque otra persona decidió mirar una pantalla en lugar de mirar al frente.










