El plan de recuperación de Gaza impulsado por la Junta de Paz de Donald Trump se redujo drásticamente, pasando de un ambicioso proyecto para la reconstrucción de todo el territorio, a un pequeño proyecto piloto en el sur de la Franja.
Ni siquiera se espera que se concrete antes de fin de año el plan piloto previsto —que contempla un campamento temporal para una pequeña fracción de los dos millones de habitantes de Gaza, la gran mayoría desplazados, con una administración palestina, policía y una pequeña fuerza de seguridad internacional—.
En las últimas semanas se anunciaron avances graduales. Algunos representantes marroquíes y kosovares llegaron a Israel, donde se espera que constituyan el núcleo de la llamada Fuerza de Estabilización Internacional (ISF, por sus siglas en inglés), prevista en el plan de Trump para Gaza y que será la encargada de proteger el campamento piloto. Una base logística para esta futura fuerza integrada por tropas de varios países, destinada a almacenar vehículos, equipos y otros materiales, está a punto de completarse en el cruce de Kerem Shalom, entre Israel y Gaza.
Sin embargo, no han comenzado los trabajos preparatorios en el campamento piloto cerca de la destruida localidad de Rafah, en el sur de Gaza, ni la construcción de la base de apoyo de la ISF. Las imágenes satelitales de la zona muestran tierra removida, pero ninguna estructura nueva. No se prevén avances sustanciales antes de las elecciones israelíes del 27 de octubre, que podrían provocar la salida del gobierno de la coalición de extrema derecha liderada por Benjamín Netanyahu.












