Alcanza, con frecuencia, los 10 centímetros de diámetro hasta convertirse en una de las mayores de su especie. Tiene ondas en su concha y vive en las rocas expuestas al oleaje. Cuando se hace adulta, se aferra a ellas y rara vez se desplaza más allá de un metro antes de volver, siempre, al lugar donde reside. Las lapas ferruginosas (Patella ferrugínea) son un animal singular. Tanto, que está en peligro de extinción. Endemismo del Mediterráneo, su presencia es escasa. Y la Demarcación de Costas de Málaga se ha visto obligada a trasladar 40 ejemplares antes de acometer la ampliación de una de las playas más conocidas de la ciudad, los Baños del Carmen, en la zona este. Era requisito indispensable, aunque ecologistas y especialistas han mostrado sus reticencias porque están convencidos de que las mudanzas sientan mal a estos moluscos y la mayoría de individuos morirá. La Junta de Andalucía ha dado su visto bueno. La lapa ferruginosa fue una de las más numerosas de las costas mediterráneas. Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) dirigido por José Templado destaca la gran presencia de sus conchas en asentamientos desde el Paleolítico al Neolítico, pero también su desaparición posterior en amplias zonas “debido a la presión humana”. Por eso hoy su población está muy fragmentada y se reparte entre el Estrecho de Gibraltar y la costa de Marruecos y Túnez, aunque también hay pequeñas colonias en Cerdeña y Sicilia (Italia). Ceuta, Melilla y las costas andaluzas son sus pocos refugios en España.Se encuentra en peligro de extinción según el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y Catálogo Español de Especies Amenazadas. Por eso su conservación fue un punto clave para que la Junta de Andalucía diese luz verde a la ampliación de la playa de los Baños del Carmen, proyecto que lleva gestándose desde el año 2005 entre bandazos políticos. Una de sus cuestiones a solucionar era la población de lapas y la decisión final, su traslado a zonas cercanas. A finales del mes pasado, varios técnicos marcaron unos 40 ejemplares detectados en las rocas. Luego empezaron la mudanza, que apenas duró un par de días. Efectivos de una empresa especializada movieron uno a uno cada ejemplar unos metros más allá hasta su nueva residencia, aprovechando que cuando sube el mar y humedece su zona de residencia, se mueven para alimentarse. El cambio les permitirá estar lejos de las obras de ampliación de la playa que se extenderán durante los próximos nueve meses. También de los cambios en las dinámicas de oleaje o turbidez que promete la construcción de un espigón de casi 200 metros de longitud y la llegada de casi 70.000 metros cúbicos de arena. “Encontrarlas ha sido una buena noticia porque, como bioindicadores que son, significa que estas aguas tienen buen estado de salud. Es un alegría que estén ahí y que puedan seguir viviendo en el entorno”, subraya el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, quien celebra que, si se cumplen los plazos, la ciudad contará con la playa renovada el próximo verano. “Es una reivindicación histórica de la ciudadanía”, señala. Dudas ecologistas Nadie ofrece certezas, eso sí, de que la mudanza garantice la supervivencia de estos moluscos. Carmen Salas, del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, tiene claro lo contrario. Sostiene que cuando se muevan de su sitio las lapas “se van a morir”. La especialista dice que la conservación de la especie debería inspirarse en la del lince. “Y a nadie se le ocurre llevar a un lince al punto más alto de Sierra Nevada”, sostiene. La experta recuerda que la Estrategia para la conservación de la lapa ferrugínea del Ministerio de Transición Ecológica recomienda no reubicar estas poblaciones. El documento fue elaborado en 2008 y, entonces, se advertía que estos procesos nunca habían tenido éxito. El texto fue actualizado en 2023 y recoge que este tipo de actuaciones registran “casi siempre mortalidades muy elevadas”. Subraya que si se mueven “a escasa distancia” junto con su sustrato de origen existen posibilidades de que todo salga bien, aunque en Málaga la idea es mover a los individuos y solo excepcionalmente hacerlo junto a pequeños trozos de roca sobre la que se asientan. “Supondrá la destrucción de la especie en esa zona”, opina en la misma línea Rafael Yus, portavoz de Ecologistas en Acción, que considera que los adultos no se adaptarán al nuevo espacio y los alevines morirán porque son difíciles de localizar y su nuevo hábitat, tras las obras, será “imposible” para su vida porque estará alterado con arena. “Es un disparate”, añade. La organización ecologista critica, además, la obra de ampliación de la playa porque cuenta con el mayor ecosistema marino de la costa de la ciudad de Málaga. Y más allá de la defensa medioambiental, consideran que no hay necesidad ecológica o social para aumentar el tamaño de la playa y que todo forma parte de un modelo de ciudad “asociado al sector urbanístico y la hiperturistificación”. “Una vez ejecutada la obra, la playa artificial necesitará, en el mejor de los casos, ser alimentada con aportaciones de arena cada pocos años, un gasto público indecente”, sostiene la formación en una nota de prensa. La actuación supone la inversión de 6,1 millones de euros y prevé que la playa pase de 17 a 37 metros de ancho. Crecerá gracias a la aportación de más de 70.000 metros cúbicos de arena y la construcción de un espigón de 193 metros de largo, con un tramo inicial sobre la superficie del mar y otro sumergido de dos niveles que “será además una plataforma horizontal idónea para la colonización de especies”, según el Gobierno. Los trabajos se completarán, en tierra e impulsados por el Ayuntamiento de Málaga, con un aparcamiento con 135 plazas —con cuatro puntos de recarga eléctrica— y una estación de bicicletas de alquiler, además de conexiones a los autobuses urbanos y una zona de uso ciudadano. Paralización de las obras del Puerto de MelillaLa misma especie de lapa que protagoniza el traslado en Málaga ha frenado, de momento, la ampliación del Puerto de Melilla. El Ministerio de Transición Ecológica emitió hace unas semanas una declaración de “impacto ambiental desfavorable” para la actuación urbanística, valorada en 300 millones de euros, al “haberse identificado la posibilidad de impactos negativos significativos sobre el medio ambiente” y porque las medidas correctoras “no suponen garantía suficiente para su adecuada prevención, corrección o compensación”. Una de las claves es precisamente la Patella ferrugínea, ya que algo más de 22.000 ejemplares viven en la escollera del dique noroeste del recinto portuario, el 20% de la población total de la especie en la costa española. Y, según el Gobierno, los trabajos en el puerto acabarían con entre el 85% y el 99% de la colonia. Según recoge Melilla hoy, el consejero de Medio Ambiente y Naturaleza, Daniel Ventura (PP) de la Ciudad Autónoma aseguró que allí la especie “no está en peligro de extinción” y que hay “excedente” de lapas.