La columna Cyrano era una inteligencia artificial cerró con una frase que generó más preguntas que respuestas: "el IP no se contamina, desaparece" (IP, por intellectual property). Esa vez el eje era jurídico: las legislaciones exigen un autor humano para que exista derecho de autor. Pero quedó abierta una segunda pregunta, más terrenal para cualquiera que viva de escribir: ¿castiga Google a una nota por haber sido asistida por inteligencia artificial? ¿Baja los clics, la circulación? La sospecha circula hace años en redacciones y agencias de contenidos: que el buscador "huele" el texto generado con IA y lo hunde en los resultados, como una suerte de sanción moral automatizada. Es una idea cómoda, porque traslada la responsabilidad de la calidad a una máquina invisible y exime al autor de revisar lo que firma. Y es, en gran medida, un mito. Google lo aclaró explícitamente en su actualización de contenido de febrero de 2026: el contenido asistido por inteligencia artificial está permitido; lo que penaliza son las granjas de contenido generado en masa, sin intervención editorial. La distinción no es semántica: separa a un redactor que usa una herramienta para investigar más rápido y ordenar ideas, de un sitio que publica cientos de artículos casi idénticos para ocupar posiciones en los resultados de búsqueda.
El algoritmo castiga a quien no se esfuerza
En materia de lecturas y circulación, “un texto mediocre escrito por un humano tiene el mismo techo bajo que uno mediocre asistido por IA”, sostiene el autor. Por eso, Google promueve la calidad en la redacción de textos y castiga -a veces drásticamente- el “abuso de contenido a escala”. Qué es la “erosión de confianza”.







