Actualizado Viernes,
mayo
12:31Se lamentaba hace unos d�as Enrique Dans en su p�gina web de una acusaci�n cada vez m�s pertinaz: algunos lectores le achacan, como a tantos otros autores, el vicio de recurrir a la IA para elaborar sus art�culos. Dans se hac�a eco a su vez de un texto firmado en uno de los medios nacionales de mayor tirada donde se explica que, para evitar la sospecha, lo ideal es introducir peque�as erratas, deslices sin importancia que, no obstante, acrediten el car�cter imperfecto y por ende humano del escribiente.No hay que enga�arse: las versiones generalistas y de pago de los mejores LLM permiten a todo tipo de profesionales mejorar sus flujos de trabajo. Al final, el avance se traduce en velocidad y la velocidad, aplicaba al �mbito laboral, significa mayor tiempo libre, o m�s horas invertidas en otros clientes y, en consecuencia, m�s dinero.En esa l�nea explica Dans su metodolog�a: "S�, uso inteligencia artificial, y mucho, pero no para escribir. La uso para documentarme mejor, para encontrar fuentes que antes me habr�a costado m�s tiempo localizar, para que agentes configurados por m� y bajo mis instrucciones busquen art�culos que puedan ampliar o contrastar lo que estoy pensando. La uso para revisar ortograf�a y gram�tica. La uso, en ocasiones, para que otro agente, entrenado con mis propios art�culos, me sugiera peque�os ajustes de estructura o me se�ale puntos d�biles, bas�ndose en la comparaci�n con mis art�culos m�s exitosos o con m�s lecturas. A veces, incluso, al terminar un texto, se lo copio a un agente que lo critica y me dice qu� �ngulos no he considerado. Despu�s leo esa cr�tica y, si me parece pertinente, escribo un p�rrafo adicional, matizo una idea o refuerzo un argumento".El matiz parece obvio. Entrenar a un agente para crear una suerte de avatar divulgador es tan f�cil como pagar la versi�n Plus de ChatGPT y alimentar a la m�quina con art�culos previos del individuo en cuesti�n. Hacerlo, no obstante, equivale a dejar de ejercitar un m�sculo, un boleto a medio plazo para perder frescura y reflejos y convertirse, como tantos otros con menos habilidades comunicativas, en un producto estandarizado. La IA es cada vez m�s AGI (o �gil), pero carece de la chispa, de la listeza que permite a alguien con 10.000 textos a cuestas discernir el giro seductor del recurso manido.Puede concretarse esta distinci�n recurriendo a �Qui�n Mat� a Palomino Molero?, la novela negra publicada por Mario Vargas Llosa en 1986. El Nobel peruano recurre aqu� a un lenguaje dif�cilmente replicable, cargado de localismos que una IA puede aprender pero a duras penas colocar, y tambi�n se perder�an los matices descriptivos, la sutileza, sencillez y eficacia con que se plasman los rasgos del curtido teniente Silva, el temeroso subordinado Lituma, la desconcertante hija del coronel Mindreau o la turgente do�a Adriana. Peor a�n lo tendr�a la versi�n Plus de ChatGPT ante la colosal tarea de preparar una obra remotamente parecida a La Monta�a M�gica, de otro Nobel, Thomas Mann, cuya genialidad para recrear escenas es tan elevada como la densidad que otorga a algunos de sus personajes (el humanista Settembrini y el jesuita Naphta).La IA puede recombinar patrones estil�sticos, pero no posee biograf�a profesional ni memoria emocional acumulada del oficio. Un reportero que ha pasado a�os entrevistando a empresarios, pol�ticos, celebridades o v�ctimas de conflictos desarrolla un olfato que no se puede automatizar. Ocurre algo parecido con la consciencia humana, que Silicon Valley pretende replicar para alcanzar la cumbre de la inteligencia artificial general, aunque el propio Dans, expertos en �tica tecnol�gica como Juan Ignacio Rouyet y emprendedores como David Villal�n (Maisa) o �lvaro Mart�nez-Higes ponen en duda semejante ambici�n. La pregunta se la hace en voz alta nada menos que el astrof�sico Neil DeGrasse: "Si ignoramos qu� es la consciencia e incluso a d�nde va cuando morimos, �c�mo demonios vamos a ser capaces de replicarla en un ordenador?". Esa es tambi�n la base de cualquier tribu de escritores frente a la industrializaci�n de la prosa y la informaci�n. Sin necesidad de recurrir a una ortograf�a defectuosa, para reivindicar lo aut�ntico basta con hacer lo de siempre: escribir a dos manos a partir de lo vivido y le�do.













