Las reglas del lujo están cambiando. Esa sensación atravesó buena parte de las conversaciones del Business of Luxury Summit, organizado por el Financial Times en Italia. Detrás de las grandes maisons, los negocios multimillonarios y el imaginario aspiracional que rodea a la industria, apareció una pregunta mucho más profunda: cómo construir deseo en una época marcada por la inteligencia artificial, la velocidad digital y consumidores cada vez más selectivos.
Más que hablar de tendencias, los paneles dejaron en evidencia un momento de transformación. En un contexto de desaceleración económica, agotamiento aspiracional y nuevas exigencias éticas, las marcas buscan recuperar algo esencial: la capacidad de generar vínculos genuinos. El deseo cambió. Y con él, también la manera de construir valor. La exclusividad sigue siendo importante, pero ya no alcanza por sí sola. Tiempo, bienestar y experiencias memorables forman parte de una ecuación mucho más compleja.
Por eso, buena parte de las conferencias terminaron alejándose del producto para posarse sobre otros territorios: la hospitalidad, el wellness, los viajes y las experiencias inmersivas. El objetivo ya no es quedarse únicamente en el vestidor, sino convertirlo en una forma de vivir. Uno de los paneles más esperados reunió a Jonathan Anderson y Delphine Arnault, director creativo y presidenta y CEO de Christian Dior Couture, respectivamente.








