Hay semanas en las que los mercados parecen tener un solo tema. Esta no. Hoy los inversionistas tienen un ojo puesto en Medio Oriente y el otro en Wall Street.

La tensión alrededor del estrecho de Ormuz vuelve a poner sobre la mesa un viejo conocido: el petróleo. Si el conflicto escala y se complica el paso por esa zona, el precio del crudo puede dispararse y, con él, regresar un fantasma que creíamos cada vez más controlado: la inflación. Donald Trump dice que está abierto, pero la realidad es que no es así.

Lo interesante es que este riesgo aparece justo cuando Kevin Warsh, ahora presidente de la Reserva Federal, mantiene un discurso bastante optimista sobre la economía estadunidense y sobre el comportamiento de la inflación. En otras palabras, el banco central de Estados Unidos parece decirnos que lo peor ya pasó… siempre y cuando la geopolítica no meta la mano y este conflicto no se extienda demasiado.

Y mientras los gobiernos hacen política, las empresas hacen negocio.

La temporada de reportes arrancó con bancos que, en términos generales, volvieron a demostrar fortaleza. No es poca cosa considerando el entorno que vivimos. En contraste, Netflix no logró entusiasmar al mercado como en otras ocasiones, recordándonos que cuando las valuaciones son altas, simplemente cumplir ya no alcanza. El reporte en sí no fue malo, pero les exigen demasiado.