Uno de los mantras más repetidos en el mundo financiero es que el oro es el activo refugio por antonomasia, como demuestran las masivas compras por parte de los bancos centrales en épocas de incertidumbre. Sin embargo, “es mucho más que todo eso”, asevera el economista y asesor patrimonial Gustavo Martínez (1978, Madrid), pues además puede ser una buena inversión, “más segura y rentable” que la de adquirir viviendas.
En su tesis, que expone en el libro Compra oro. Más que un metal: la vacuna contra el sistema, defiende que estamos al inicio del tercer mayor ciclo alcista protagonizado por el metal dorado, que comenzó en torno al 2022. Y que, pese a la corrección de un 20% desde febrero, todavía quedan nuevos máximos históricos por conquistar en los próximos tres años.
Detrás del fuerte auge del metal dorado está la pérdida de poder adquisitivo del dinero fiat, debida “a la irresponsabilidad fiscal” de los estados que permitió el abandono definitivo del patrón oro en 1971. Desde entonces, el precio de la onza ha pasado de 35 dólares a los 4.000 actuales, con un fuerte crecimiento en el último lustro. En este contexto, “los activos económicamente escasos (no solo el oro) han subido con fuerza”, como ha ocurrido con la bolsa, los alimentos y la vivienda.






