El escenario económico internacional expuso una debilidad del dólar y reposicionó a los activos tradicionales como principal refugio para los inversores. Frente al impacto de la expansión monetaria global sobre el valor del dinero, el oro retomó su rol histórico como resguardo de valor, alcanzando un máximo absoluto de USD 5.595 la onza en enero de 2026, lo que representó un retorno acumulado del 134% en cinco años.
En este contexto de renovado interés por la cobertura metálica, el mercado argentino registró la proliferación de nuevas alternativas de inversión para sortear las barreras históricas de acceso. La compañía Prosegur Crypto lanzó en el país la primera plataforma para la compra de oro tokenizado, un sistema donde cada activo digital representa el valor equivalente a un gramo de oro físico. La principal novedad radicó en la estructura de costos: opera con comisiones de entrada del 4% y de salida del 6%, cifras que contrastan de manera drástica con el 50% de sobreprecio que históricamente demandó la compra, logística y refinación del oro en formato físico tradicional.
El rol de los bancos centrales y el ciclo alcista del oro
La tendencia alcista mundial encontró su principal motor en la estrategia de los bancos centrales. Según un informe de la consultora Criteria, las entidades monetarias adquirieron 863 toneladas netas en el transcurso de 2025, marcando el cuarto año consecutivo con compras por encima de las 800 toneladas. El reporte concluyó que "el oro se consolida como el activo con el mejor retorno de largo plazo del ciclo 2021-2026" y detalló que la demanda institucional operó como "un comprador relativamente inelástico al precio y a las tasas, dado que su motivación es estratégica y no de retorno financiero".






