Rutger Bregman no se comport� precisamente de forma ejemplar en el Foro Econ�mico Mundial de 2019. Desde luego, no lo hizo seg�n el c�digo de conducta que se estila en la cumbre anual de milmillonarios. El historiador y periodista neerland�s aprovech� la oportunidad que le dio la organizaci�n para dirigirse a una �lite requeteforrada con el tono y las maneras de quien no ten�a nada que perder."�sta es mi primera vez en Davos y la verdad es que me est� pareciendo una experiencia desconcertante", arranc� su intervenci�n en uno de los paneles. "Mil quinientos jets privados han volado hasta aqu� para escuchar a Sir David Attenborough hablar sobre c�mo estamos destruyendo el planeta. Oigo a la gente hablar de participaci�n, justicia, igualdad y transparencia, pero casi nadie plantea el problema de la evasi�n fiscal. Y de que los ricos simplemente no pagan lo que les corresponder�a. Me siento como si estuviera en una conferencia de bomberos y nadie pudiera hablar del agua".En realidad, fue m�s bien como si alguien hubiera invitado a aquel jovenzuelo rubio salido de una charla TED a una fiesta de cumplea�os y �l decidiera salpicar lej�a en los ojos del homenajeado justo antes de soplar las velas. "Dejen de hablar de filantrop�a y empiecen a hablar de impuestos", sigui� atizando duro y con media sonrisa. "O sea, esto no es ciencia aeroespacial. Podr�amos hablar largo y tendido sobre todos estos est�pidos planes filantr�picos. Podr�amos invitar a Bono una vez m�s. Pero tenemos que hablar de impuestos. A eso se reduce todo. Impuestos, impuestos, impuestos. Lo dem�s son tonter�as".Por supuesto, a Bregman (Westerschouwen, Pa�ses Bajos, 37 a�os) nunca m�s volvieron a llamarle desde Suiza. Perdi� la oportunidad de esquiar gratis... pero se hizo viral.Para saber m�sConvertido autom�ticamente en h�roe antisistema millennial, invirti� los a�os siguientes en escribir un ensayo sobre c�mo el altruismo y no la competitividad ha sido el motor evolutivo del mono pensante a lo largo de 200.000 a�os (Dignos de ser humanos, Anagrama, 2021). Y tambi�n se dedic� a poner en marcha un proyecto colaborativo que pretende luchar con un enfoque radicalmente diferente contra problemas como el calentamiento global, el desmoronamiento de la democracia, la falta de vivienda asequible o, de nuevo, la evasi�n fiscal.Su propuesta se conoce como ambici�n moral, y ha irrumpido en el debate sobre insatisfacci�n vital y productividad laboral como corriente de pensamiento alternativa y movimiento ciudadano apartidista. Una plataforma global con la que Bregman pretende movilizar a profesionales altamente cualificados y excelentemente bien pagados, aunque descontentos con el impacto de su trabajo en la vida real, en lo que sucede a pie de calle. Su lema es Deja de malgastar tu talento y empieza a cambiar el mundo. Y su p�blico potencial, gestores de fondos de inversi�n, consultores, abogados y cualquiera que se pase la jornada escribiendo informes que van a acabar en un caj�n o manejando hojas de Excel en una oficina an�nima.El ideario de semejante revoluci�n lo expone en Ambici�n moral (Ed. Pen�nsula), que llega a las librer�as espa�olas el 15 de octubre. Se trata de una gu�a que ofrece ejemplos del pasado -desde los abolicionistas a las sufragistas- inspiradores para el presente, que mira al futuro con optimismo y que anima a sumarse a la causa a quien considere que la medida del �xito no reside en lo que acumulamos, sino en lo que aportamos. Es decir, a quien rechace presentarse ante los dem�s simplemente con la suma del curr�culum, el extracto bancario y unos cuantos posts en redes sociales.�Te molesta que alguien lo vea como un libro de autoayuda m�s? En absoluto. Es que es un libro de autoayuda, pero para complicarte la vida en vez de para hac�rtela m�s f�cil...�Qu� es la ambici�n moral y a qui�n se dirige?Es, sobre todo, el deseo de hacer de este mundo un lugar mucho mejor, de usar lo que tienes —tu tiempo, tu cultura, tus recursos financieros, tus privilegios, etc.- para contribuir significativamente a la lucha contra algunos de los mayores desaf�os a los que nos enfrentamos como especie y estar en el lado correcto de la Historia. Ahora bien, la principal raz�n por la que escrib� este libro es el desperdicio de talento. Hay much�sima gente atrapada en trabajos que realmente no hacen de este mundo un lugar mejor. Ir�nicamente, la mayor�a de estas personas se encuentran en la cima del mercado profesional. No me refiero a los fontaneros, las enfermeras, los cuidadores y los profesores. Sus trabajos son esenciales y no necesitan que yo les sermonee. Me refiero a profesionales del marketing, gerentes, personal de recursos humanos... Gente que incluso admite que sus trabajos no aportan mucho valor. Y creo que es una l�stima. Necesitamos a toda esta gente porque el mundo est� en llamas. Respecto a la segunda parte de tu pregunta, la ambici�n moral se dirige a todo el mundo. A lo largo de la Historia, personas de todos los �mbitos -ricos, pobres, j�venes, mayores, con estudios superiores y poco alfabetizados- han demostrado su ambici�n moral. En este libro a veces soy un poco m�s cruel con quienes tienen muchos privilegios y no hacen demasiado, porque creo que merecen una buena patada en el culo.Bregman es, adem�s de ide�logo, promotor de una comunidad en expansi�n que se apoya en dos pilares. Uno es La escuela de la ambici�n moral, algo as� como un centro de formaci�n para idealistas avant la lettre que abri� sus puertas con cerca de 25 becados de diferentes partes del mundo y dos desaf�os: la transici�n alimentaria y la lucha contra la industria tabacalera. El otro son los c�rculos de voluntarios, una red aut�noma que cuenta ya con 20.000 miembros en 100 pa�ses y que persigue el impacto positivo desde la escala local.Barcelona (112 integrantes) y Madrid (91) destacan en el mapa de Espa�a que ofrec�a su app esta semana. El autor de Ambici�n moral resume en su libro las cuatro virtudes que debe reunir quien quiera acompa�arle en sus andanzas como samaritano: "El idealismo de un activista, la ambici�n del creador de una startup, la mente anal�tica de un cient�fico y la humildad de un monje".Al otro lado de la pantalla del ordenador, en una habitaci�n con pinta de despacho improvisado, el joven que dialoga con una sudadera roja y barba de varios d�as recuerda m�s a un nerd en su etapa universitaria que a un aspirante a Che Guevara del siglo XXI. Bregman habla sin que se le hinche la vena de una filosof�a que va un pasito m�s all� del idealismo del antrop�logo y activista David Graeber (Trabajos de mierda; Ariel, 2018) y de la mirada hacia las generaciones futuras del fil�sofo Roman Krznaric (El buen antepasado; Capit�n Swing, 2022)."S�lo una de las 68 mujeres que se reunieron en Seneca Falls (1848) para reclamar mejoras en las condiciones de vida de las mujeres segu�a viva cuando �stas obtuvieron el derecho al voto", recuerda. "Si puedes alcanzar tus objetivos durante el tiempo que vivas, es que no est�s pensando a lo grande. �se es el mensaje que transmite la ambici�n moral".Su discurso, como queda patente en el libro, est� apuntalado con investigaci�n y datos. Por ejemplo, cuando menciona el estudio con m�s de 100.000 empleados de 40 pa�ses que revel� que cerca de un 8% de los encuestados pensaba que su labor diaria era "una completa basura", en palabras del historiador. Cerca de otro 17% dudaba de que su aportaci�n tuviera alg�n valor, lo que sumaba un 25% de insatisfechos. "Es una cifra enorme, m�s de cinco veces la tasa de desempleo de muchos pa�ses. E, insisto, a menudo se trata de profesionales con expedientes muy buenos y que ganan salarios m�s que decentes pero que, aun as�, al final del d�a, se hacen preguntas. �sa es la magnitud del problema".El autor, aplaudido por pensadores como Steven Pinker, Cal Newport y Daron Acemoglu, llama jocosamente a la confluencia de los sectores de las finanzas, la consultor�a y la abogac�a corporativa "el Tri�ngulo de las Bermudas del Talento".�C�mo hemos llegado hasta aqu�?Durante milenios, el humano que ten�a m�s posibilidades de transmitir sus genes era el que mejor se relacionaba con otros individuos. Es lo que se conoce como la supervivencia del m�s amigable. Hoy vivimos en un mundo muy diferente. Es un mundo en el que prosperan los m�s sinverg�enzas. Hemos creado mecanismos, instituciones pol�ticas y medios de comunicaci�n en los que estos sinverg�enzas llegan a la c�spide. A eso se une que tenemos una definici�n completamente equivocada de lo que significa tener �xito. Te pongo un ejemplo. Desde los a�os 60 se realiza en Estados Unidos la American Freshman Survey, una encuesta anual que pregunta a los estudiantes universitarios de primer a�o sobre sus metas en la vida. Hace medio siglo, la mayor�a de estos alumnos declaraba que desarrollar una filosof�a de vida significativa era uno de sus objetivos m�s importantes. Hoy eso s�lo lo reconoce un 50%. Hace tambi�n medio siglo, el 50% confes� que ganar mucho dinero era su principal motivaci�n. Hoy lo afirma el 90%.�Por qu�?Porque se ha producido un gigantesco cambio cultural. Lo bueno de la cultura es que puede cambiarse. �C�mo? La mejor manera es predicar con el ejemplo y demostrar que las cosas pueden ser diferentes. Ser un idealista ambicioso e invitar a otras personas a unirse. Eso es exactamente lo que estamos haciendo. La Escuela para la ambici�n moral es b�sicamente un grupo de resistencia contra el cinismo y la apat�a imperantes en nuestro tiempo.�Con qu� obst�culos se topa alguien que quiera dejar su empleo para dedicarse a trabajar con prop�sito?El principal, ya digo, es la cultura. Nos han dicho que el �xito equivale a ganar tal cantidad de dinero y tener un despacho en la esquina, y nos lo hemos cre�do. Evidentemente, tambi�n hay consideraciones econ�micas. En el libro muestro que, a menudo, las industrias m�s inmorales pagan sueldos m�s altos: se gana mucho m�s en la industria tabacalera o en la de las apuestas online. Pero cuando hablamos con los j�venes, la raz�n por la que aceptan estos trabajos absurdos no es el dinero. Hemos creado una beca en la Universidad de Harvard y hemos preguntado a docenas de estudiantes: "�Por qu� quer�is trabajar en McKinsey o J.P. Morgan? Si s�lo tenemos una vida en este planeta, �por qu� gastarla en hacer algo tan aburrido?". Lo que hemos descubierto es que estas corporaciones han tenido �xito manipulando las mentes de los j�venes con promesas. Del tipo: "Si haces esto durante dos a�os, puedes descubrir qui�n eres y ver si realmente encaja contigo". Cuentan con empleados mayores que ejercen de reclutadores y mentores de los reci�n licenciados. Les dicen: "Tienes que formar parte de esto. Es genial, podr�s ir a fiestas geniales, cenas elegantes y tal y cual". Y as�, poco a poco, los van captando. Despu�s pasan los a�os y se ven con una hipoteca, hijos, depresi�n, se jubilan y se mueren. Es muy triste. Muchos de mis amigos de izquierdas se limitar�an a decir que son codiciosos. En la Escuela de la ambici�n moral nos gusta decir que simplemente son muy aburridos. Nosotros invitamos a vivir una vida mucho m�s interesante y desafiante.El contexto en el que Bregman lanza la ca�a no puede ser m�s propicio, debido al hartazgo general de la pol�tica por culpa de la maldita polarizaci�n y a la ansiedad por encontrar a toda prisa un extintor contra riesgos catastr�ficos globales.Hace un lustro, el confinamiento pand�mico populariz� el teletrabajo y, en paralelo, desencaden� fen�menos en EEUU como la renuncia masiva de curritos quemados (Great Resignation o gran dimisi�n) y el desapego emocional como mecanismo de autodefensa (Quiet Quitting o renuncia silenciosa). Qued� claro que vivir para trabajar ya no era el und�cimo mandamiento, sobre todo para los m�s j�venes.Eso, en lo laboral. En lo filantr�pico, los �ltimos 15 a�os han sido testigos de ensayos siempre con las mejores de las intenciones y siempre liderados por ultrarricos. Warren Buffet y Bill Gates con su entonces esposa Melinda pusieron cara en 2010 a The Giving Pledge, la campa�a con la que grandes fortunas de EEUU se comprometieron a ceder como poco el 50% de sus dineros a causas solidarias. La organizaci�n Giving What We Can, fundada por el fil�sofo Toby Ord, animaba igualmente entonces a quien pudiera permit�rselo a donar al menos el 10% de sus ingresos de por vida a organizaciones ben�ficas.Y en esto irrumpi� el altruismo eficaz (AE) supuestamente como formato neosolidario definitivo. Sus impulsores -Toby Ord y sus colegas William MacAskill y Peter Singer- propon�an aplicar criterios de eficiencia a la asistencia con la intenci�n de maximizar as� el impacto de las donaciones caritativas al margen del factor emocional. Un planteamiento con el que Silicon Valley sintoniz� autom�ticamente. Elon Musk y Peter Thiel se interesaron por una f�rmula que sosten�a que para la causa era m�s rentable un ejecutivo de multinacional que un cirujano en el tercer mundo. Se trataba de generar los mayores ingresos posibles para luego donarlos.Los adeptos del AE empezaron a recaudar a lo bestia y a pesar de las cr�ticas, que denunciaban su pringosidad de barniz postcapitalista y la paradoja que implicaba que en ciertos casos perjudicase primero a quienes luego ayudaba. Con todo, lo que termin� dinamitando su credibilidad fue la condena de 25 a�os de c�rcel por fraude, conspiraci�n y blanqueo de capital para el criptoempresario y participante en el movimiento Sam Bankman-Fried en 2024. Fue as� como la tesis surgida en la Universidad de Oxford pareci� una partida de Monopoly ama�ada.Aunque reconoce que al principio el altruismo eficaz le provoc� simpat�a, el promotor de la ambici�n moral marca distancias en el libro. Por "su obsesiva b�squeda de la cuantificaci�n y la eficacia", su hipocres�a y su vanidad.�Te preocupa que la opini�n p�blica piense que los dos enfoques son indistinguibles?No mucho. De hecho, me encanta la seriedad moral de sus partidarios. A diferencia de muchos izquierdistas, predicaban con el ejemplo. Algunos han hecho algo tan impresionante como donar un ri��n a un desconocido. Lo que me disgusta es que este movimiento parece basarse m�s en la culpa que en el entusiasmo. En nuestro caso, la proporci�n adecuada ser�a 80% de entusiasmo y 20% de culpa o verg�enza.�No es un poco presuntuoso aspirar a que todos y cada uno de los habitantes de la Tierra dejen en �l una huella positiva?Muchos de mis amigos de izquierdas dir�an: "Pretender cambiar el mundo desde lo individual es una idea neoliberal. Mejor construyamos movimientos para acabar con el capitalismo, derrocar el patriarcado..." y cosas as�. A m� me interesar�a un cambio sist�mico masivo, por supuesto. Pero, como historiador, he estudiado c�mo surgen movimientos como el que erradic� la trata de esclavos. Empiezan con grupos muy peque�os, a veces con una sola persona. La Historia me ha ense�ado que estos grupitos pueden marcar una gran diferencia. La mayor�a de las personas son animales gregarios. Simplemente hace lo que se espera de ellas y siguen el gui�n que otros han escrito para sus vidas. Tambi�n pienso que esta actitud izquierdista de querer cambiar el sistema puede ser una excusa para la pereza. Se quedan en el sof� diciendo: "Deber�amos acabar con el capitalismo" y luego no hacen nada. Cuando estudi� a fondo el movimiento abolicionista descubr� que no estaba liderado por intelectuales, sino por emprendedores.En el libro retratas al Noble perdedor, el ingenuo que cree que con tener buenas intenciones es suficiente. �Ha habido demasiadas figuras como �sta en la lucha contra el desmoronamiento de la democracia o el cambio clim�tico?Desde luego. Ha sido un problema enorme. En la izquierda ha habido demasiada pureza moral en la �ltima d�cada. Gente obsesionada consigo misma y obsesionada con encontrar las palabras adecuadas para describir las injusticias del mundo. Yo no digo que el lenguaje no sea importante, pero las acciones son mucho m�s importantes que las palabras. Tomemos la obsesi�n de los ambientalistas con reducir la huella de carbono. No comen carne, no viajan en avi�n, tienen un huertecito junto a su minicasa... �Qu� consiguen haciendo esto? En el mejor de los casos, reducen su huella a cero y es como si nunca hubieran existido. La muerte se convierte en el ideal supremo para ellos... Mira, yo soy pr�cticamente vegano y no vuelo para irme de vacaciones, pero no veo esto como mi gran contribuci�n al planeta. No soy tan ingenuo como para pensar que eso realmente va a tener un impacto en la lucha contra el cambio clim�tico. Lo veo m�s bien como una cuesti�n de decencia b�sica. Es como si creyera que lavarme las manos despu�s de orinar fuera una aportaci�n decisiva a la sanidad mundial.�Qu� es lo m�nimo que puede hacer entonces un ambicioso moral para no agravar los problemas?No es una cuesti�n que me interese demasiado. Me frustra que la gente, cuando da salida a su idealismo, piense en hacer un mundo un poco mejor. Yo pienso: �y por qu� no mucho mejor? Un emprendedor no dice: 'A ver si gano un poco de dinero hoy'. Dice: 'A ver si gano mucho'. Al menos si es un emprendedor de �xito. As� es como debemos hablar acerca del impacto positivo.Expl�came por qu� una �lite cualificada como la de los moralmente ambiciosos debe ser la encargada de actuar, en lugar de gobiernos u otros actores como las ONG.En realidad implica ambas cosas. Lo que he comprobado en la Historia es que se necesita un movimiento de arriba abajo y otro de abajo arriba. A finales del siglo XIX, en la era de los barones ladrones [los grandes magnates estadounidenses del petr�leo o el ferrocarril] exist�a una corrupci�n masiva de la pol�tica. �Qu� vino despu�s? Una era progresista en la que el pueblo estadounidense logr� cosas extraordinarias como la semana laboral de ocho horas, mayores protecciones para los trabajadores, el sufragio femenino... Fue un movimiento de abajo arriba propiciado por ciudadanos comunes se unieron en sindicatos y secundaron huelgas y manifestaciones masivas. Pero tambi�n fue una revuelta contracultural de las �lites. Theodore Roosevelt proven�a de una familia adinerada. Cuando se gradu� en Harvard dijo: "Dejemos de quejarnos y empecemos a hacer algo". Luego se convirti� en presidente.�Piensas que la motivaci�n y el idealismo son, por s� solas, capaces de hacer que las cosas cambien para mejor?Dedico un cap�tulo entero a los h�roes de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, que me han fascinado desde ni�o. �Por qu� algunas personas tuvieron el coraje de ocultar a los jud�os perseguidos por los nazis? Fue un acto extremadamente peligroso. Siempre supuse que estas personas debieron ser m�s extrovertidas, valientes... Pues bien, resulta que no es as�. Se realizaron cientos de entrevistas a estos h�roes y no se ha podido encontrar nada al margen de un simple hecho: el 96% de ellos se uni� a la Resistencia porque alguien se lo pidi�. As� que creo que no deber�amos intentar responder esta pregunta desde una perspectiva psicol�gica, sino sociol�gica. La ambici�n moral no es algo con lo que se nace necesariamente, sino m�s bien una idea que puede transmitirse de una persona a otra. No haces cosas buenas porque seas buena persona. Es al rev�s: te conviertes en buena persona porque haces cosas buenas.�Crees que 'estar en el lado correcto de la Historia' es lo suficientemente apelativo en 2025 para propiciar la transformaci�n personal y social a la que aspira tu movimiento? �O, por el contrario, es una expresi�n vaciada de contenido en un tiempo de desmanes?Para m� no est� vaciada. Intento impulsar una idea muy espec�fica de ambici�n moral. Podemos seguir los pasos de los grandes pioneros morales que nos precedieron: los abolicionistas, las sufragistas, los promotores de los derechos civiles, los impulsores del movimiento LGBT... Lo que estas personas tuvieron en com�n fue que ampliaron nuestro c�rculo moral y, por tanto, el de la empat�a y la compasi�n. Hemos aprendido a reconocer que todos tenemos una dignidad humana inherente y que los derechos humanos son universales. S� muy bien que esa idea est� actualmente amenazada. En todo el mundo, los populistas autoritarios est�n contraatacando con fuerza y quieren hacernos creer que las personas son fundamentalmente tribales. Que solo deber�amos preocuparnos por nuestra gente y que los otros son nuestros enemigos. Eso nos est� haciendo retroceder a tiempos oscuras. La ambici�n moral consiste en gran medida en expandir ese c�rculo de nuevo. La Psicolog�a nos ha demostrado que quienes recaudan dinero para desconocidos o defienden sus derechos a menudo son mejores amigos o parejas. Una de las grandes virtudes del amor y la compasi�n es que se trata de un recurso infinito y escalable. Quiz� eso explique por qu� los que no paran de decir en Twitter que s�lo deber�amos preocuparnos por nuestra gente son los mismos imb�ciles que nunca dan un c�ntimo a causas solidarias y pegan a sus mujeres.La ambici�n moral no es vista por todo el mundo como un refresco helado a la salida del desierto. El psic�logo Buenaventura del Charco entiende que puede ser "una respuesta al malestar cultural fruto del individualismo extremo". "Evidencia el vac�o existencial que sienten muchas personas al emplear sus vidas en trabajos que, si bien les pueden ofrecer cosas a nivel de objetivos y logros, no parecen nutrirles, probablemente por la falta de un sentido superior, destino com�n o experiencia compartida", escruta el autor de Hasta los cojones del pensamiento positivo (2024) y Te est�s jodiendo la vida. Olv�date de tu mejor versi�n y empieza a ser t� (2023, ambos en Mart�nez Roca).Sin embargo, en opini�n de este especialista, el movimiento "parece caer en la potencial contradicci�n de ser empleado para apuntalar una superioridad moral o intelectual -"Soy de los que salvan el mundo" "Lo dej� todo por ayudar a otros, qu� bueno soy" "Yo S� me dedico a lo importante"- que puede tener una finalidad egoica o narcisista", matiza Del Charco."Aunque es un movimiento nuevo, no ser�a raro que acabase convirti�ndose en una nueva deriva identitaria. Como bien se�al� el fil�sofo Ernesto Castro, muchos movimientos sociales y activismos est�n terminando en algo muy parecido a tribus urbanas m�s que a movimientos de cambio real", a�ade el director de la cl�nica online Estar Contigo Terapia. Y concluye: "Veo peligrosa esa idea de ambici�n como objetivo y exigencia. Poner m�ximas en ese sentido favorece la culpa excesiva, los sesgos cognitivos todo-nada, los procesos de autoexigencia y apuntalarnos en lo �tico para crear una identidad narcisista o de autoestima dependiente del logro".El fil�sofo Jorge Freire ya advert�a del auge de la filantrop�a cool en el ensayo La banalidad del bien (P�ginas de espuma, 2023). "A m� esto me suena a purificaci�n lustral para directivos con problemas de conciencia y poco m�s. Es como una parodia del hero�smo cl�sico. Moralismo servido en bandeja de plata", critica.Para este pensador, "esa obsesi�n por estar en el lado correcto de la Historia no es m�s que hegelianismo de baratillo, es decir, una fe de segunda mano en la teleolog�a del progreso, un remedo secular de la Providencia que ahora visten con m�tricas y siglas". Y, en consecuencia, saca la regla. "El altruismo eficaz cree que el bien puede medirse, gestionarse y escalarse como si fuera una startup, mientras que la ambici�n moral se dedica a estetizar. Pero los dos caen en la misma superstici�n: la idea de que el mundo avanza en l�nea recta, seg�n un gui�n moral oculto, y que basta con alinearse en la direcci�n correcta para salvar el alma y de paso arrimar el cazo. Es branding �tico, metaf�sica de PowerPoint".Freire considera que "moralmente ambicioso es quien no abdica del bien aunque sepa que no cambiar� el curso del mundo". "Yo, que soy muy de Graci�n, reivindico la prudencia. El bien no se cultiva salvando el mundo ni predicando cambios de paradigma o zarandajas de esa laya, sino siendo prudentes. La virtud no se publicita ni se exhibe en gr�ficas. Es m�s bien un temple, una compostura interior que uno mantiene aunque no haya nadie cerca para aplaud�rsela", remacha.Rutger Bregman, que ha perdido pelo desde que sac� los colores a los acaudalados asistentes a Davos -ahora es padre de dos ni�os peque�os- pero no carisma, podr�a estar sorteando preguntas todo el d�a con la misma habilidad con la que su compatriota Robben dejaba defensas atr�s.�Y si alguien te dijera que lo que est�s creando con la escuela y los c�rculos es un 'lobby' similar a tantos otros?Responder�a que eso es exactamente lo que estamos haciendo. Las grandes empresas ya tienen grupos de presi�n en lugares como Bruselas. �ste ser�a un lobby para la gente com�n. De hecho, mi idea original era llamar a la organizaci�n El lobby del pueblo.�Podr�as darle tres consejos a alguien que no haya le�do tu libro y quiera abrazar la ambici�n moral?En el libro hablo de Peter Thiel, uno de los hombres m�s temibles y peligrosos de Estados Unidos en este momento. Est� detr�s del auge de los fan�ticos del vicepresidente JD Vance. No cree en la democracia y quiere arrasar con todo. Pues bien, Thiel public� un manual brillante sobre emprendimiento titulado De cero a uno (Gesti�n 2000). Funciona para ambos lados del espectro pol�tico. En �l, planteaba una pregunta sencilla: "�Qu� es lo opuesto a una consultora?". Una consultora es ese lugar donde saltas de un proyecto a otro, no est�s apegado a nada ni tienes una misi�n para toda la vida. Thiel respond�a que lo contrario a eso es una secta. Gente de verdad obsesionada con una idea, dispuesta a pelear muy duro por ella y a la que no le importa si el resto de la sociedad piensa que es rara. �se es el �nico consejo que tengo para tus lectores: un�os a una secta de personas dedicadas a cambiar el mundo o cread la vuestra.La plataforma ambici�n moral ha recaudado ya m�s de cinco millones de d�lares.
Deja tu maldito trabajo y empieza a cambiar el mundo: "Quienes llegan a la cima son los m�s sinverg�enzas"
Rutger Bregman no se comport� precisamente de forma ejemplar en el Foro Econ�mico Mundial de 2019. Desde luego, no lo hizo seg�n el c�digo de conducta que se estila en la...







