A Ferran Torres parecía que lo había devorado el meme. No importaba que hubiera terminado la temporada como uno de los goleadores del Barcelona ni que todos sus entrenadores hubieran confiado en él. Guardiola contó con él en el City. Xavi Hernández y Hansi Flick lo mimaron en el Camp Nou. Lo mismo ocurrió en la selección española. Que se lo pregunten a Luis Enrique. Y también a Luis de la Fuente. “He sido muy criticado a lo largo del Mundial, pero el destino estaba escrito”, dijo Ferran. Su destino era marcar el gol de todos, como ya había hecho Andrés Iniesta en Sudáfrica. “Es el de 47 millones de personas. No es mío ni de los que estamos hoy aquí”, añadió el delantero valenciano todavía sobre el césped del estadio de Nueva Jersey. Era el héroe de España. Será, entonces, que nunca fue un meme.El caso de Ferran Torres, sin embargo, no parece una casualidad, sino la consecuencia de una serie de decisiones que tomó Luis de la Fuente en Estados Unidos, México y Canadá. La mayoría con un hilo conductor: confiar en sus muchachos. En los que siempre había confiado.En algunas decisiones, por ejemplo, no le quedó más remedio. Sin Carvajal, buscó un nuevo socio para Lamine Yamal en la banda derecha hasta que encontró a Pedro Porro. En otras, en cambio, sí tuvo margen de maniobra. Mientras Nico Williams recuperaba su mejor estado de forma, probó con Gavi, pero acabó dando en la tecla con Álex Baena. Ni Porro ni Baena llegaron al Mundial en estado de gracia, después de temporadas irregulares en el Tottenham y el Atlético, respectivamente. No fueron los únicos.El guante de oro. A pesar de que Joan García y David Raya llegaban coronados como dos de los mejores porteros del curso, De la Fuente tenía claro quién defendería la portería de España en el Mundial: Unai Simón. Parecía la apuesta más delicada. Nadie le habría reprochado que siguiera la corriente de la opinión pública y apostara por Joan García o por Raya. “Yo siempre le voy a estar agradecido por esta oportunidad. Cualquiera de los porteros que estamos aquí somos capaces de ganar el Mundial. Con otro también se hubiera ganado el Mundial. Pero desde 2018 hasta ahora ha contado conmigo y eso se lo agradezco”, destacó Unai. Se marchó de Nueva Jersey como el mejor portero del torneo. Apenas recibió un gol.Un muro entre Cubarsí y Laporte. Nadie, o casi nadie, dudaba de Pau Cubarsí. La incógnita era quién lo acompañaría en el centro de la defensa. Para De la Fuente, sin embargo, no había debate: Aymeric Laporte. Por eso le sugirió que abandonara Arabia Saudí para llegar al Mundial con un mejor ritmo competitivo. Laporte no atravesaba el mejor momento de su carrera. Al seleccionador no le importó. Lo sostuvo en el once y no le falló. “Laporte es un referente para mí, me ha ayudado mucho, me he fijado como entrena”, destacó el central curtido en el Barcelona. Laporte potenció a Cubarsí, que terminó coronándose como el mejor futbolista joven del Mundial. Un premio que en Qatar fue para Enzo Fernández y que en Rusia ganó Kylian Mbappé. Lo hizo, además, por delante de su amigo Lamine Yamal.La jerarquía de Rodri. Otro de los señalados era Rodri. Pero De la Fuente sabía que solo había que esperar. Algo que ya había anticipado Guardiola. “¿Cuándo volverá el mejor Rodri?”, se preguntaba el técnico catalán. “En el Mundial de 2026 con España”. Al principio parecía que Guardiola se equivocaba. Rodri no estuvo fino frente a Cabo Verde y mejoró ante Arabia Saudí. Su mejor versión apareció después, impulsada también por otra decisión del seleccionador: asociarlo con Fabián Ruiz. “Cuestionar a Rodri me parece un insulto a la inteligencia”, llegó a decir De la Fuente. Tenía razón. El mediocentro madrileño acabó el torneo como el mejor jugador del Mundial.El goleador silencioso. Mientras Ferran Torres se quedó con el gol más simbólico del campeonato, los tantos de Mikel Merino contra Portugal y Bélgica resultaron decisivos para empujar a España hasta las semifinales. Merino había aterrizado en Norteamérica después de pasarse media temporada entre lesiones. ¿Qué hizo De la Fuente? Lo mismo de siempre: confiar. Y volvió a acertar. Pero el gran artillero de España no fue ni Ferran ni Merino. Fue Mikel Oyarzabal. Un delantero silencioso, ajeno al glamour y a los focos, que terminó como máximo goleador de la selección. No era el futbolista con mejor cartel. Tampoco el más mediático. Nunca le importó a De la Fuente. Como tampoco le importaron las dudas sobre Unai Simón, Laporte, Rodri o Ferran Torres. Apostó por sus muchachos. Y ellos le devolvieron la confianza. Pocos ejemplos mejores que la columna vertebral de España: Unai Simón, Laporte, Rodri y Oyarzabal. El secreto de la selección campeona del mundo.