EditorialEl Reino Unido sigue atrapado entre las consecuencias del Brexit, el ascenso del populismo de Nigel Farage y una ciudadan�a que reclama mejoras tangibles en su nivel de vidaAPActualizado Martes,

julio

00:00Audio generado con IALa llegada de Andy Burnham a Downing Street marca un relevo pol�tico de indudable importancia para el Reino Unido. Tras la dimisi�n de Keir Starmer, el nuevo primer ministro asume el liderazgo con un discurso de esperanza, un mayor �nfasis en la intervenci�n p�blica y la promesa de un �nuevo modelo pol�tico y econ�mico�. Su apelaci�n a la estabilidad responde a una evidencia: desde el refer�ndum del Brexit, el pa�s ha tenido siete primeros ministros en apenas una d�cada. Ninguna democracia consolidada puede normalizar semejante volatilidad.Burnham acierta al identificar la necesidad de reconstruir la confianza ciudadana y corregir desequilibrios territoriales que alimentan el malestar social. Sin embargo, m�s all� de los gestos, su programa mantiene importantes elementos de continuidad con el de Starmer: compromiso con el ajuste fiscal, respaldo inequ�voco a Ucrania, cumplimiento de los objetivos de la OTAN y voluntad de mantener una relaci�n pragm�tica tanto con EEUU como con la Uni�n Europea.Ese equilibrio refleja la verdadera dimensi�n del desaf�o. El Reino Unido sigue atrapado entre las consecuencias econ�micas, pol�ticas y sociales del Brexit, el ascenso del populismo de Nigel Farage y una ciudadan�a que reclama mejoras tangibles en su nivel de vida. Burnham deber� demostrar que su proyecto ofrece algo m�s que un cambio de tono. Las apelaciones a la esperanza pueden movilizar a un electorado cansado, pero no sustituyen las reformas estructurales que exige una econom�a estancada y unos servicios p�blicos sometidos a una enorme presi�n.Europa tiene inter�s en que el nuevo Gobierno brit�nico tenga �xito. Londres contin�a siendo un socio esencial en materia de seguridad, defensa y apoyo a Ucrania, adem�s de un actor imprescindible para la estabilidad continental. Pero esa estabilidad depender� menos de los discursos inaugurales que de la capacidad del nuevo Ejecutivo para devolver previsibilidad a un sistema pol�tico erosionado por una d�cada de crisis sucesivas. As�, la primera tarea de Burnham ser� demostrar que Reino Unido puede volver a ser gobernable.