La inmortalidad, esa gran quimera solo al alcance de los dioses. Se dice que alquimistas chinos mezclaron hace más de mil años carbón, azufre y nitrato de potasio con la esperanza de dar con el tan deseado elixir de la vida eterna. Sus expectativas saltaron por los aires. Nunca mejor dicho. Dieron con la fórmula de la pólvora, que, con el tiempo, acabaría contribuyendo más a quitar vidas que a prolongarlas. Pronto, los sabios chinos detectaron que su descubrimiento podría ser útil. Sobre todo por el estruendo que provocaba. La medicina del fuego, como la llamaron, acabó sirviendo para ahuyentar a los malos espíritus cuando se organizaban grandes celebraciones. Hasta ahora. Xavi CerveraLa pirotecnia sigue siendo la reina de las fiestas mayores, ese colofón final que tiñe de luz y color el cielo nocturno de verano. La tradición viene de lejos y cambiarla nunca resulta fácil. Pero esos fuegos artificiales, por mucho que sigan fascinándonos, cada vez encajan menos en la sociedad actual. Y no porque ya no creamos en los malos espíritus. El fuego, y más en tiempos tan secos y calurosos, supone un peligro, aunque los espectáculos pirotécnicos cuenten con las medidas de seguridad requeridas y estén ejecutados por profesionales. Además del riesgo de incendio, cada vez se conocen mejor sus consecuencias ambientales: contaminación del aire, del agua y del suelo, además de los residuos que dejan tras cada explosión.Los fuegos artificiales, por mucho que sigan fascinándonos, cada vez encajan menos en la sociedad actualAhora bien, el ruido es quizá el efecto más evidente. Y no solo perjudica a los animales que conviven con nosotros. Aunque no se acuda al espectáculo, el estruendo llega a los hogares y afecta a personas con sensibilidad acústica, con trastornos del espectro autista o bebés, por ejemplo. Es habitual que algunos vecinos opten por huir de sus casas, especialmente los que cuentan entre sus miembros con perros que entran en pánico por el estallido. Y no son pocos. Se calcula que más de la mitad temen el ruido de los fuegos. Y también los animales salvajes. Como esos pájaros que se cuelan en el show sin ser invitados y asustados emprenden vuelos erráticos que suelen resultarles mortales.Es cierto que la pirotecnia es una industria que alimenta a familias, pero los tiempos evolucionan. Los drones ya son capaces de sorprendernos con espectáculos sin tantos riesgos ni efectos dañinos, como el que mostró a Gaudí en la Sagrada Família ante el Papa. Curiosamente, en el corazón de esa China que inventó la pólvora, en Shanghai, se demostró en el 2020 que más de dos mil drones podían sustituir con éxito los fuegos. Quizá la verdadera inmortalidad no pertenezca a los dioses, sino a las tradiciones capaces de reinventarse.Redactora jefa de Gente y Media. Antes, de Cultura, Última Hora y responsable de Vídeos. Autora de libros como 'Florencia a través de sus personajes' o 'La llegenda del Carreró'