Actualizado Lunes,
julio
21:41La historia de Samuel Naval�n en su presentaci�n en Santander merec�a otro final. Como lo mereci� tambi�n su historia con Misionero, un toro de finas calidades, el toro de una corrida de La Quinta nuevamente decepcionante. La importante tarde de Naval�n debi� desembocar por la puerta grande con tres orejas y no �nicamente con una y un paliz�n en la enfermer�a. Silveti y Rom�n carecieron de opciones en una jornada, adem�s, de espadas negadas. Diego Silveti, de la gloriosa dinast�a mexicana de los Silveti, descendiente del bragado Tigre de Guanajuato —su bisabuelo—, nieto de Juan —el Tigrillo—, hijo del olvidado David —yo vi la hist�rica faena a Mar de Nubes en la Monumental azteca— y sobrino de Alejandro, debut� en Cuatro Caminos (primera corrida de su temporada) con ceremoniosa elegancia con un guapo Ruise�or, entipado Buend�a de pobre poder, cristalina bondad y raza dormida. Silveti, que se descar� en un quite por saltilleras, lo tore� sutilmente a su altura, lo apret� m�s al final y lo mat� en el tercer viaje con la espada.Un intento m�s con el acero le llev� a Rom�n tumbar a Sandiero, que fue muchos toros en uno, tan variable a lo largo y ancho de la lidia. Termin� como sali�, distra�do. Pero, entretanto, tuvo un momento de chispa y vida, embroque y repetici�n sobre la mano derecha. Rom�n emple� sus armas de la distancia y la determinaci�n para torear por abajo. Mas en la tercera tanda el toro ya no fue el mismo y mucho menos por el pit�n izquierdo, vini�ndose por dentro, por el palillo y gazap�n, amontonado. Y se aburri�. El valenciano lo quiso alegrar por manoletinas antes de perderse con la espada.Precisamente por ella, Samuel Naval�n tir� por la borda no solo la faena m�s redonda de la tarde, sino el toro de la corrida de La Quinta: Misionero. Definido de principio a fin con un estilo fin�simo que respond�a al fino tipo del viejo toro de su estirpe (458 kilos, ese era el peso hasta que jodieron con la b�scula). Sostuvo el ritmo y, lo que es m�s importante, la humillaci�n. Viajaba lejos. Naval�n levant� una obra serena con el armaz�n de la inteligencia, templada y superior sobre su mano izquierda, aquilatada entonces la calidad. Los infinitos pases de pecho elevaron la temperatura de todas las series. Pas� por un tramo de circulares invertidos y, al final, como si sintiese que el triunfo hab�a que amarrarlo —a falta de algo m�s—, puso bocabajo Cuatro Caminos por luquecinas. En el eco se present�an las dos orejas de aquel Misionero que respondi� a todo. Y no fue corta la faena. Pero Naval�n no hizo la cruz con la espada —pinchazo y media— y se lo llev� el diablo, maldiciendo su estampa.Cuarto y quinto toros subieron en trap�o, se movieron con ese inter�s que solo es para el p�blico, sin regalar nada a los toreros, de diferente forma uno y otro: solt�ndose aquel con arreones mansos entre coces y sin entrega el otro, m�s correoso. Silveti y Rom�n trataron de ordenar aquello con af�n, dificultades y escaso �xito, tambi�n con los aceros. A �ltima hora, Samuel Naval�n volvi� a torear espl�ndidamente bien, esta vez con la derecha, a un sexto que arre� mucho hacia los adentros en banderillas —no fue el �nico— y se daba y humillaba a rega�adientes en la muleta �nicamente por esa mano, no sin obediencia. Naval�n puso mando, bragueta y pulso. Cuando ya remataba la faena al alza por bernadinas, sobrevino el percance. Pudo hacerle mucho da�o en el suelo. Un paliz�n sobre la paliza que ya tra�a de Valencia. Sin chaquetilla ni casi respiraci�n, dolorido de la pierna, cobr� una gran estocada, sin duda la estocada de una tarde sin ellas. Asom� el palco el pa�uelo de un aviso rid�culo cuando el toro se trastabillaba sin puntilla. La plaza estall� en una fuerte pa�olada. Pero el presidente solo accedi� a la concesi�n de una oreja, que Naval�n agarr� como premio de consolaci�n antes de pasar a la enfermer�a, donde le detectaron m�ltiples traumatismos pendientes de estudio radiol�gico. PLAZA DE CUATRO CAMINOS. Lunes, 20 de julio de 2026. Tercera de feria. Toros de La Quinta, todos cuatre�os; m�s entipados en su primera mitad; destac� el buen 3� en un conjunto decepcionante.DIEGO SILVETI, DE VERDE BOTELLA Y ORO. Dos pinchazos y estocada rinconera (silencio); tres pinchazos y bajonazo. Aviso (silencio).ROM�N, DE AZUL PASTEL Y AZABACHE. Tres pinchazos y estocada (silencio); estocada atravesada, estocada (silencio).SAMUEL NAVAL�N, DE MALVA Y ORO. Pinchazo y media tendida. Aviso (saludos); estocada. Aviso (oreja y fuerte petici�n).










