Nunca en domaLas letras de los himnos son grandilocuentes, cursis, serviles y a veces hasta violentasLa selecci�n espa�ola, durante el himno, en La Cer�mica, Villarreal.EFEActualizado Lunes,
julio
00:07Audio generado con IALa concordia, que es el bien supremo de la polis, tiene una etimolog�a que define lo que nos ha hecho vivir la selecci�n: en lat�n significa corazones juntos. Y es as�, sincronizada en el sentimiento, como supongo que habr� amanecido Espa�a un d�a m�s, aunque no s� a esta hora si compartiendo la alegr�a o la aflicci�n porque debo entregar esta columna antes de ver el partido.Escribo, pues, desde una v�spera que es un umbral en la Historia emocional del pa�s, una de esas extra�as jornadas en las que todos los que la vivieron recordar�n siempre d�nde y con qui�n estaban mientras la moneda giraba en el aire durante 90 minutos eternos, quiz�s m�s.Solo puedo acertar con una predicci�n respecto a lo que habr� ocurrido en el partido, y es que los jugadores de nuestra selecci�n no habr�n cantado el himno.La Marcha Real tiene dos singularidades: es el himno nacional en uso m�s antiguo del mundo, y tambi�n el �nico que no tiene letra. En cierto modo nos retrata, pues a pesar de que somos una naci�n muy antigua, a�n no hemos sabido ponernos de acuerdo con respecto a lo que somos. No encontramos nada que llevarnos a la boca en esos momentos que requieren un buen sorbo del potente licor de la �pica, pues carecemos de los versos que otros pa�ses han ense�ado a sus ciudadanos.Las letras de los himnos son grandilocuentes, cursis, serviles y a veces hasta violentas. Como los licores, los himnos pueden servir para levantar el �nimo y acompa�ar el ritual, pero beber con moderaci�n requiere una pedagog�a disciplinada por parte de la autoridad, y a menudo son los propios dirigentes los que llegan borrachos y promueven el consumo desmedido de estos licores �picos, lo hemos visto entre vascos y catalanes, que no pierden ocasi�n para sacar en cualquier ocasi�n la frasca de su Eusko gudariak y de Els segadors.La Marsellesa enardece cuando pide que �una sangre impura riegue nuestros surcos�; el himno brit�nico hace servil a quien lo canta cuando ruega a Dios que el Rey �reine mucho tiempo sobre nosotros�; peor es el japon�s que desea que el reinado del emperador dure �ocho mil generaciones, hasta que los guijarros se conviertan en roca�; el italiano proclama una obediencia que yo no le dar�a a ninguna patria cuando dice que �estamos preparados para la muerte�.La ausencia de letras libera el pensamiento durante la interpretaci�n del himno, deja que la mente deambule hacia donde le apetezca, no impone un relato ni una imagen, no obliga a la adulaci�n de un rey, no nos exige hacer promesas inc�modas como la de entregar la vida en la batalla o derramar la sangre del enemigo al que debemos odiar. En definitiva, no acota con palabras finitas e impuestas todo lo que puede ser un pa�s, y concede un espacio para que cada uno llene con sus propias fantas�as, sus deseos y sus emociones la melod�a que nos convoca a todos.Este himno incompleto admite, pues, que dos espa�oles puedan sentirse igual de conmovidos mientras piensan en cosas completamente distintas, y quiz�s por eso su defecto es una bendici�n para un pa�s como el nuestro.















