19 de junio, 2026 - 07h30Es conmovedor observar cómo la gente besa sus camisetas amarillas, símbolos de su amor por nuestra selección. Expresan de esa manera sus afectos no solo en nuestro país, sino en todo el planeta. A su turno, los seleccionados cantan sus himnos nacionales con emoción frente al público que los acompaña de pie y con igual unción.Ser deportista de élite no es fácil. No solo se requiere tener dones naturales, sino que también se exige disciplina, constancia, sacrificio, vencer la fatiga y el dolor, superar ambientes que a veces no son propicios. Siempre ha sido así. En la antigua Grecia nacieron los Juegos Olímpicos y sus campeones traían gloria a sus ciudades y eran cantados por poetas como Píndaro en sus odas. El fútbol une al mundo, congrega multitudes en los estadios, los protagonistas son héroes. Lo son también en nuestro país los ciclistas de Carchi y las bellas campeonas de halterofilia.La gente lo sabe o lo intuye. Claro que los futbolistas son ahora los más celebrados. Atraen multitudes, venden productos y se dan casos como el de Pelé, a quien le propusieron que hiciera propaganda a una marca de cerveza y él se negó. Dijo que los jóvenes podían imitarlo y hacerse borrachos (o algo así). El mejor futbolista de la historia fue también un hombre de gran eticidad. Ser un campeón o seleccionado de su país lleva también la responsabilidad de ser ejemplo para los niños y los jóvenes.Me pregunto si esa vocación de unidad y plenitud que tiene el deporte, ese amor por los símbolos puede ser trasladado a la vida común y diaria de las personas. Que se ame al barrio, a la ciudad, a la nación. Que el civismo aflore como respeto. Que respetemos las leyes, las normas obligatorias para todos los habitantes del país. Que observemos las buenas costumbres, las luces de los semáforos, que demos prioridad a los niños, ancianos, a las mujeres embarazadas y les cedamos los asientos, los mejores lugares y los turnos para la atención de los servicios públicos. Que no arrojemos basura en las calles y mantengamos limpias nuestras calles y aceras. No es fácil, porque somos egoístas y queremos lo mejor para nosotros mismos. Pero hay que dejar de pensar en el yo y tener conciencia de que no somos solos. Esto se obtiene en la primera escuela, que es el hogar. Los padres no deben descargar el peso de la educación en los maestros. Ellos son los primeros educadores de sus hijos. La formación científica y cultural corresponde al sistema educativo. La educación fiscal que provee el Estado no puede ser inferior a la que ofrecen los establecimientos privados. Es un derecho de los menores, niños y adolescentes, tener una formación básica que les permita los estudios superiores de las ciencias y las profesiones.Cuando usted besa o se pone la mano en el pecho en el momento de cantar nuestro himno, recuerde que usted también juega en esa cancha, porque pone su intensa voluntad de triunfo, sus gritos alientan al jugador, le dan más fuerza, más bravura.Al final, una pregunta: ¿por qué los árbitros permiten que los jugadores sean agredidos y pateados, aun sin tener la pelota? Es un partido de fútbol, no una pelea de box. (O)