Cuentan que los clientes de la última etapa del restaurante Casa Leopoldo llegaban siempre en un taxi que los dejaba en la puerta, y que luego se marchaban del mismo modo.También por aquellas fechas, también el mes pasado, también por la rambla del Raval, cerró para siempre tras 14 años el Palosanto. “Fue cuando aquella gran pelea, cuando las sillas salieron volando a lado y lado de la rambla –cuentan los que fueron los responsables de aquel negocio–. Ya no podíamos más. Los revendedores de medicamentos estaban todo el rato apostados delante de nuestro restaurante. Hace ya unos pocos años que el ambiente se viene enrareciendo tanto que mucha gente de otros barrios y muchos turistas dejaron de venir. Por eso cerraron también La informal, La Paciencia, el Taco Alto... Y aquí solo con la gente del barrio no ganas para pagar el alquiler. Por eso la mayoría de negocios que están abriendo son de comida rápida”. Los ingresos de los hogares del Raval están una tercera parte por debajo de la media de Barcelona.“Bueno, bonito y barato... abrimos esta hamburguesería porque es lo que pide la gente del barrio”“Hace un año y medio nos ofrecieron traspasar por 90.000 euros, pero dijimos que no. Luego unos italianos nos ofrecieron 60.000, pero tras ver el ambiente retiraron su oferta. Un chico de Bangladesh también nos ofreció 60.000, pero también se echó atrás. Al final unos paquistaníes que tienen otro establecimiento en Glòries, pero que quieren abrir otro por aquí porque la mayoría de sus clientes son del Raval nos ofrecieron 50.000, la mitad de lo que invertimos para abrir nuestro restaurante. Aceptamos porque ya veíamos que la siguiente oferta sería aún más baja”.Los comercios de la rambla del RavalEs el último monocultivo comercial de este lado de Ciutat Vella, el de los negocios de comida rápida económicos. Aquí en el Raval no damos con tantas tiendas de pedicura, de carcasas de móviles o de artículos relacionados con la marihuana como en el Gòtic. Siquiera de souvenirs. En el Raval abundaron primero los comercios de telefonía, luego las fruterías... y ahora los f ast food . En esta rambla ya suman una veintena. Otros garitos históricos de la zona que atraían a gente de toda Barcelona, como el Zelig o el Sifó, también dieron paso a estos negocios.“Se ponen a trapichear en la puerta de tu local, y así espantan a los barceloneses y a los turistas”Un dato: en el 2024 la Filmoteca de Catalunya registró una asistencia de 115.000 espectadores, y el año pasado de 103.000. La abundancia de vídeos sobre trifulcas y robos que de un tiempo a esta parte muchos vecinos cuelgan en las redes para denunciar el a sus ojos abandono del barrio por parte de las administraciones también mina la imagen del Raval en el resto de la urbe. El de aquella pelea con un montón de sillas volando de lado a lado de esta rambla fue el último hit. Muchos ya no quieren ni acercase por aquí. El barrio también devino en una arma política arrojadiza.La Paciencia también se transformó en un restaurante de comida rápidaANA JIMENEZ“Bueno, bonito, barato ¿no dicen eso los españoles? –dice el encargado de Taqwa Fried Chicken TFC, negocio abierto hace dos meses y medio en el local que acogía al Taco Alto–. Tenemos otro en la calle Joaquín Costa. Nos juntamos varios y cada uno pone dinero y una habilidad. Yo sé de cocina, otro conoce buenos proveedores... Vimos un hueco en el mercado, que la gente del barrio necesita estos negocios. Me preocupa cada vez más la inseguridad. La inseguridad espanta a todo el mundo. Pero por ahora vamos bien”. Quince piezas de pollo frito por menos de quince euros.“Los cierres de los negocios de siempre nos hacen perder la variedad y encima nos aíslan”Los consultores inmobiliarios de Laborde Marcet detallan que los alquileres de los locales de la rambla del Raval están al alza desde hace años. Hoy uno esquinero para un bar restaurante de 55 m2puede costar 5.000 euros al mes. “Esta presión está transformando el tejido comercial del barrio –añaden los inmobiliarios–. Cada vez son menos los comercios tradicionales y gran parte de las nuevas aperturas corresponden a establecimientos de restauración muy interesados en localizarse en este eje porque aquí abunda una población residente extranjera cuyo consumo constante favorece estos negocios”.Estos negocios tienen menos costes y pueden afrontar en mejores condiciones la presión inmobiliariaANA JIMENEZY el Eix Comercial del Raval, los comerciantes del barrio, añade que esta presión inmobiliaria y encima la rebaja del tiquet medio obligan a recortar los costes de un modo exagerado. El take away deviene en una tabla de salvación. Pese a ello, agregan los comerciantes, el Raval también ofrece muchas tiendas de vinilos, tablas de skate, ropa vintage, piercings y complementos alternativos... En Peu de la Creu, Ferlandina, Tallers... Y en la propia rambla del Raval y alrededores están nombres propios como el de Madame Jasmine. “Pero el Ayuntamiento no debería poner tantos problemas administrativos y burocráticos y apoyar de veras al tejido del barrio. Que la gente que va a los teatros del Raval tenga descuentos en restaurantes, que los libros de texto tengan que comprarse en los comercios del barrio, que los vales escolares de la Generalitat y otras ayudas de las administraciones también se gasten aquí...”.“Traspasamos porque ya no podíamos más, porque sabíamos que la siguiente oferta sería aún más baja”“La Fragua, Casa Leopoldo.... poco a poco cierran los de siempre –lamentan en la cervecería Boníssim, un garito aquí abierto hace más de 20 años–. Y así perdemos la variedad y nos aislamos. Hasta los turistas que se alojan en los hoteles de por aquí evitan la rambla del Raval ¡los taxistas del aeropuerto les dicen que cómo se les ocurre hospedarse por aquí! las noticias de robos de relojes caros tampoco ayudaron. Además, el Ayuntamiento nos puso un montón de bancos en medio de la rambla. Decían que eran para los vecinos del barrio. Pero ahí apenas se sientan vecinos ¡ahí se sientan los trapicheros! y los parterres son su almacén, y la zona infantil lo mismo... Pero ya nos cansamos de llamar a la policía a cada rato”.Los restauradores dicen que el tique medio de sus clientes bajó mucho los últimos añosANA JIMENEZ“Sí –tercia el responsable de otro de los negocios con más años en esta rambla, el restaurante Baba, conocido por sus shawarmas de cordero–, nos pusieron delante un parque infantil al que apenas van niños ¡no hacemos otra cosa que perder clientes! y la terraza nos la apartaron tanto que todos los días se marcha alguien sin pagar ¡el día de la pelea de las sillas volando todo el mundo se fue corriendo! yo pago mi alquiler, mis impuestos y mi seguridad social ¡llevo tantos años aquí que tengo dni! pero los políticos no me hacen caso. En un año el negocio cayó un 70%. No traspaso porque no quiero perder la licencia, pero...”.Lee tambiénAquella pelea se originó en la terraza del restaurante de la cadena Awami ubicado al otro lado. El encargado dice que los Awami son una familia que suma unos 60 comercios de alimentación en la urbe, sobre todo por aquí. Y añade que años atrás los Awami dieron el salto a la restauración. “Antes estábamos siempre llenos... y ahora esa gente se nos sienta en la terraza, siete u ocho, y piden tres cafés, y luego a la hora de pagar dicen que no saben quién pidió los cafés, y no quieren pagar... Así que les dijimos que se marcharan, y así empezó todo ¡luego volvieron un montón y nos rompieron el escaparate! Lo de los restaurantes ya no sale a cuenta por aquí. Cada vez tenemos menos empleados. Lo que pasa es que hace seis años pagamos un traspaso muy alto. Así que la familia también montó uno de comida rápida aquí al lado, un negocio con menos costes”.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.