Una compra de pocos minutos puede acabar con el perro solo en la acera y con su dueño expuesto a una sanción elevada. Esa escena, que todavía se repite ante algunos comercios, choca en España con la Ley de Bienestar Animal, que prohíbe dejar a una mascota atada en un espacio público sin supervisión presencial.

La norma busca evitar que el animal quede desatendido durante el tiempo que dura el recado y contempla multas que pueden ir de 500 a 10.000 euros.

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La cuantía de las sanciones previstas por la Ley de Bienestar Animal depende de la infracción que se determine y de las condiciones en las que haya permanecido la mascota. El estado del perro, incluida la posible presencia de estrés o ansiedad, puede influir en la valoración del caso.

La prohibición afecta a perros y a otras mascotas que se dejen sujetas fuera de un establecimiento mientras su responsable entra a comprar, ya que la supervisión debe mantenerse de forma presencial.