La dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia se cobró 230 vidas y dejó un mapa de huellas sobre el que es obligado trabajar para minimizar los daños cuando se vuelva a producir. La anterior inundación en la región, la del 14 de octubre de 1957, llevó a que años después se construyera el desvío del Turia, un nuevo cauce de 12 kilómetros que sacó el río del centro de la ciudad, lo que ha evitado que ahora el desastre no haya sido aún mayor. Pero entonces, como ahora, la riada dejó toda una serie de lecciones que se ignoraron y que ahora deberían tomarse al pie de la letra para una reconstrucción que tiene que contar con una eventual futura dana. El Turia se ha desbordado provocando fuertes inundaciones en 25 ocasiones desde el año 1321, pero las consecuencias del cambio climático hacen suponer que la frecuencia y gravedad de las mismas puede ser aún mayor.

Es por eso que el Gobierno acaba de sacar a consulta pública un real decreto en el que “se endurecen las limitaciones de uso del suelo en las zonas inundables, se refuerza la integración de la cartografía de zonas inundables en el planeamiento territorial y urbanístico, se prevén programas municipales de adaptación al riesgo de inundación, se impulsan medidas de fomento de la cultura del riesgo (señal ética de inundaciones históricas, formación en la ESO y campañas de autoprotección) y nuevas obligaciones de transparencia registral sobre la afección de las fincas por zonas inundables, señala el Ministerio para Transición Ecológica y el Reto Demográfico.”