Castellanos de alma como Rodri, catalanes de firmeza como Cubars�, valencianos de alegr�a como el goleador Ferran Torres, vascos de piedra blindada como Unai Sim�n y hasta extreme�os de centeno como Pedro Porro.Hace 16 a�os, en Johannesburgo, recurr� al poema de Miguel Hern�ndez, con los protagonistas de entonces, para relatar el episodio final de una epopeya hom�rica, la de la primera Espa�a campeona del mundo. La segunda, agon�stica, tambi�n en la pr�rroga, con Ferran en el papel de Iniesta, y frente a una Argentina que transpira orgullo a trav�s de listas albicelestes, merece semejante altura literaria. Es la �ltima Argentina de Messi, el Aquiles del f�tbol, y Nueva York, su Troya.Al poeta de Orihuela le inspir� lo contrario, la tragedia que se cern�a sobre Espa�a, durante el primer a�o de la Guerra Civil. La apelaci�n a la unidad de sus versos era, en realidad, una utop�a. Nuestra gran tragedia nacional pas�, pero contin�a entre nosotros, como la lluvia fina de una pol�tica cainita, frente a la que, en ocasiones, no es f�cil sentirse espa�ol como cada uno quiera, libremente. La pelota, inocua, libera esos temores y prejuicios, gracias a estos jugadores, como escribi� el poeta, �labrados como la tierra y airosos como las alas�.Al igual que en 2010, la selecci�n saca a las calles y plazas a las gentes de Espa�a de toda condici�n y adscripci�n, salvo casos excepcionales, los de siempre, y pinta las mejillas de la inocencia con colores de los que, hoy, nadie sospecha. Ma�ana ser� otro d�a.Entonces, como ahora, la Espa�a del bal�n nos dej� la lecci�n de lo mucho que los espa�oles, con nuestra singularidad y discrepancias, podemos conseguir juntos, en equipo, el principal nexo com�n entre ambas campeonas.Entre la conquista de 2010 y la actual, Espa�a vivi� uno de los episodios m�s amenazantes para su unidad, como fue la declaraci�n unilateral de independencia en Catalu�a, enmarcada en el 'proc�s'. Los hechos son tozudos, por lo que todo indica que despu�s de las 'Meninas' de los campeones volveremos al 'Duelo a garrotazos' de Goya. No basta con culpar a los pol�ticos. Mea culpa.Lamine Yamal, al final del partido.Abbie ParrAPEntre una y otra selecci�n se aprecian cambios que son, asimismo, significativos de la evoluci�n social en este pa�s. En 2010, no hab�a ni un solo jugador negro, y anteriormente apenas hab�an pasado de forma epis�dica Donato o Marcos Senna. Ahora, el gran referente es Lamine Yamal, un talento joven que ejemplifica el relato de la inmigraci�n en carne y hueso. Tambi�n Nico Williams, clave en el gol de la final. Una aportaci�n que todav�a es mayor en la selecci�n femenina, tambi�n dominadora.La campeona est� formada, a su vez, por futbolistas que tuvieron que dejar nuestro f�tbol para abrirse camino fuera, Cucurella, Pedro Porro, Dani Olmo o Ferran Torres, como tantos otros j�venes espa�oles, para despu�s regresar. Con mayor�a de jugadores del Bar�a, algo natural por el gran trabajo de la cantera azulgrana, es, en realidad, la menos dependiente del bipartidismo futbol�stico del pa�s, todav�a dominante en 2010.Messi, abatido tras la final.Pamela SmithAPLa Mas�a es una de las ganadoras de la final, al enfrentar a sus dos mejores creaciones, Leo Messi y Lamine. Queda lejos el d�a en que el argentino pudo jugar con Espa�a, algo de lo que intentaban convencerle Piqu� y Cesc cuando eran adolescentes, pero lo que es innegable es que es un fruto m�s del f�tbol espa�ol.Hay que jugar donde se siente, y Messi no tuvo duda alguna, porque viv�a y jugaba en Barcelona, pero dorm�a en Rosario. En su sue�o on�rico se ve�a de albiceleste con la Copa Jules Rimet en las manos. La levant� en Qatar, pero no pudo repetir la haza�a frente a una Espa�a que neutraliz� a su selecci�n con el juego que tanto conoce, la posesi�n en el que creci� para dominar el mundo, el mismo que, hoy, desde su cima, hace girar Espa�a como a una pelota.
Campeones labrados como la tierra, airosos como las alas
Castellanos de alma como Rodri, catalanes de firmeza como Cubars�, valencianos de alegr�a como el goleador Ferran Torres, vascos de piedra blindada como Unai Sim�n y hasta...













